Buscar

Conoce tu fe Católica

EL ORIGEN DEL SANTO ROSARIO

​El rezo del Santo Rosario surge aproximadamente en el año 800 a la sombra de los monasterios, como Salterio de los laicos. Dado que los monjes rezaban los salmos (150), a los laicos, los cuales en su mayoría no sabían leer, se les enseñó a rezar 150 Padres nuestros. Al pasar el tiempo, se formaron otros tres salterios con 150 Aves Marías, 150 alabanzas en honor de Jesús y 150 alabanzas en honor de María.

En el año 1365 se hizo una combinación de los cuatro salterios, dividiendo las 150 Aves Marías en 15 decenas y poniendo un Padre nuestro al inicio de cada una de ellas. En 1500 se estableció, para cada decena, la meditación de un hecho de la vida de Jesús o María, y así surgió el actual Rosario de quince misterios.

La palabra Rosario significa ‘Corona de Rosas’. La Virgen María ha revelado a muchas personas que cada vez que rezan un Ave María le entregan una rosa y por cada Rosario completo le entregan una corona de rosas. La rosa es la reina de las flores, así que el Rosario es la rosa de todas las devociones y por lo tanto es la más importante.


El Santo Rosario es considerado como la oración perfecta porque junto con el esta aunada la majestuosa historia de nuestra salvación. Con el rosario de hecho, meditamos los misterios de gozo, de dolor y de gloria de Jesús y María. Es una oración simple, humilde como María. Es una oración que podemos hacer con ella, la Madre de Dios. Con el Ave María la invitamos a que rece por nosotros. La Virgen siempre nos otorga lo que pedimos. Ella une su oración a la nuestra. Por lo tanto, ésta es más poderosa, porque María recibe lo que ella pide, Jesús nunca dice no a lo que su madre le pide. En cada una de sus apariciones, nos invita a rezar el Rosario como una arma poderosa en contra del maligno, para traernos la verdadera paz.

El Rosario esta compuesto de dos elementos: oración mental y oración verbal.En el Santo Rosario la oración mental no es otra cosa que la meditación sobre los principales misterios o hechos de la vida, muerte y gloria de Jesucristo y de su Santísima Madre.

La oración verbal consiste en recitar quince decenas (Rosario completo) o cinco decenas del Ave María, cada decena encabezada por un Padre Nuestro, mientras meditamos sobre los misterios del Rosario.

La Santa Iglesia recibió el Rosario en su forma actual en elaño 1214 de una forma milagrosa: cuando la Virgen se apareciera a Santo Domingo y se lo entregara como un arma poderosa para la conversión de los herejes y otros pecadores de esos tiempos. Desde entonces su devoción se propagó rápidamente alrededor del mundo con increíbles y milagrosos resultados.

Fuente: ACI

LITURGIA

ARRODILLARSE EN MISA
En la liturgia, hay distintos momentos en que todos los fieles se ponen de rodillas. Es un modo de participación exterior, activa, en que el cuerpo nos ayuda a vivir las realidades interiores. Así, de rodillas, se pide perdón, se ruega, se hace penitencia y de rodillas también se adora.               
Por eso participar es también ponerse de rodillas en los momentos que la liturgia prescribe.                
Una súplica intensa y urgente queda reforzada con la actitud humilde de quien se arrodilla, humillándose, para lograr ser escuchado (cf. 2R 1,13). Es también el gesto de quien invoca a Dios, le suplica, eleva sus preces: Salomón reza una larga plegaria ante el altar del Señor “donde había estado arrodillado con las manos extendidas hacia el cielo” (1R 8,54); Daniel, “se ponía de rodillas tres veces al día, rezaba y daba gracias a Dios como solía hacerlo antes” (Dn 6,11); Ana se postra ante el Señor pidiendo un hijo (1S 1,19; 1,28).               
Ante Jesús mismo, el padre del paralítico implora la curación de su hijo “cayendo de rodillas” (Mt 17,14-15) y también del leproso que pide su sanación “suplicándole de rodillas” (Mc 1,40), así como un jefe de los judíos “se arrodilló ante él” pidiendo la curación de su hija a la que, finalmente, resucitó porque ya había fallecido (cf. Mt 9,18-26).               


El mismo Cristo, en su angustia ante la muerte, reza de rodillas al Padre en Getsemaní (cf. Lc 22,41) y el apóstol Pedro reza de rodillas antes de resucitar a Tabita (cf. Hch 9,40). En la playa de Tiro, antes de despedirse Pablo y embarcar, todos se arrodillan y rezan (cf. Hch 21,5).                
La petición de perdón, suplicando misericordia, se hace también de rodillas, como gesto penitencial elocuente y claro. Esdras invoca así el perdón de Dios: “con mi vestidura y el manto rasgados, me arrodillé, extendí las palmas de mis manos hacia el Señor, mi Dios, y exclamé: ‘Dios mío estoy avergonzado y confundido…’” (Esd 9,5-6; 10,1). Junto a las lamentaciones y el ayuno, postrarse de rodillas es uno de los gestos penitenciales ante Dios (2M 13,12). De rodillas tiene mayor fuerza la súplica del perdón, como aparece en la parábola en que el rey ajusta cuentas con dos de sus criados y uno de ellos, después, no tiene misericordia con el otro (cf. Mt 18,21-34).              
La adoración está vinculada espontáneamente al gesto de arrodillarse, de modo que uno se empequeñece ante la grandeza de Dios, a quien se reconoce como Único y Santo. La adoración busca un modo de expresarse ante Dios y la liturgia lo ha hallado, en el rito romano, y en la piedad personal, mediante la postura de rodillas.               
Cuando pasa el Señor y cubre con su mano a Moisés, éste “cayó de rodillas y se postró” (Ex 34,8) ante la majestad de Dios y el pueblo entero “se postró en señal de adoración” ante la promesa de liberación de Dios (Ex 4,31). El profeta Elías sube hasta el monte Carmelo buscando al Dios vivo e implorando la lluvia, “para encorvarse hacia tierra, con el rostro entre las rodillas” (1R 18,42). Doblar las rodillas ante Dios es reconocer su señorío, sin embargo doblarlas ante los ídolos es hacerse esclavo de ellos y recibir el rechazo de Dios (cf. 1R 19,18).               
En adoración, el pueblo está de rodillas mientras se ofrece el holocausto, y terminado éste, el rey y los sacerdotes también se postran: “toda la comunidad permaneció postrada hasta que se consumió el holocausto; se cantaban cánticos y sonaban las trompetas. Consumido el holocausto, el rey y su séquito se inclinaron y adoraron” (2Cron 29,28-29). Ante Dios “se doblará toda rodilla” (Is 45, 23), ante El “postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro” (Sal 94). A Dios le adora el pueblo de Israel postrándose ante Él (Jdt 6,18; 13,17).               
En la Iglesia, quienes participen en la asamblea litúrgica y oigan los cantos, vean las profecías, escuchen el don de lenguas, etc., caerá de rodillas adorando a Dios, postrado, reconociendo la presencia de Dios (cf. 1Co 14,24-25). San Pablo, “dobla sus rodillas” (Ef 3,14) ante el Padre por su designio de salvación y la revelación que nos ha entregado y al nombre de Jesús, exaltado a la derecha del Padre, “toda rodilla se doble” (Flp 2,10), como fue adorado por los Magos que “de rodillas” le entregaron sus dones: oro, incienso y mirra (Mt 2,11); después de la tempestad calmada, los discípulos en la barca “se postraron ante él diciendo: ‘Realmente eres Hijo de Dios’” (Mt 14,33) reconociendo su divinidad. En el cielo, la liturgia celestial del Apocalipsis, los veinticuatro ancianos de rodillas, se postran, adorando (cf. Ap 4,10; 5,8).               
Todos estos significados se entrecruzan y se realizan en la liturgia.
 

Fuente: ReL

​SOBRE LA VENERACION DE LAS RELIQUIAS

¿Por qué guardan los católicos huesos, cabello, ropa o incluso sangre de santos en estuches de oro brillante? ¿No condenaba Dios la idolatría? Si bien muchas personas, tanto protestantes como católicas, se sienten a menudo confusas acerca de la práctica de venerar reliquias, se trata de una tradición muy arraigada a la Biblia.

 

¿Qué son las reliquias?
Las reliquias son objetos conectados a un santo y se pueden clasificar en tres clases. Una reliquia de primera clase es todo o parte de los restos físicos de un santo. Esto puede ser un trozo de hueso, un vial de sangre, un mechón de pelo o incluso el cráneo o el cuerpo incorrupto.

Una reliquia de segunda clase es cualquier objeto que el santo utilizase con frecuencia (ropa, por ejemplo). 

Una reliquia de tercera clase es cualquier objeto que haya tocado una reliquia de primera o segunda clase.

Los católicos conservan las reliquias de santos y se cree que la gracia de Dios fluye a través de dichos objetos hacia las almas devotas que los veneran.

 

¿En qué parte de la Biblia aparecen las reliquias?
El uso de objetos relacionados con una persona santa se remonta hasta el Antiguo Testamento. En él aparece un episodio del Libro Segundo de los Reyes, donde aparece el uso de reliquias.
“Eliseo murió y lo sepultaron. Ya entrado el año, vinieron bandas armadas de moabitas a la tierra. Aconteció que estaban unos sepultando a un hombre cuando súbitamente vieron una banda armada; entonces arrojaron el cadáver en el sepulcro de Eliseo. Pero tan pronto tocó el muerto los huesos de Eliseo, revivió y se puso en pie” (2 Reyes 13:20-21).

Incluso en el Nuevo Testamento aparece cómo Dios utiliza objetos para obrar curaciones. En el Evangelio de Marcos aparece cómo se cura una mujer al tocar el manto de Jesús.

[…] cuando oyó hablar de Jesús se acercó por detrás entre la multitud y tocó su manto, porque decía ‘Si toco tan sólo su manto, seré salva’. Inmediatamente la fuente de su sangre se secó, y sintió en el cuerpo que estaba sana de su azote” (Marcos 5:27-29).

Existen otros ejemplos en las vidas de los apóstoles donde se muestra claramente cómo Dios obra milagros a través de objetos conectados a un santo.
 

¿Las reliquias tienen poder?
Aunque la Iglesia anima a la veneración de reliquias, es importante recordar que no es el objeto en sí el que ejerce la curación. Un trozo de hueso no puede curar a una persona con cáncer terminal. Sin embargo, Dios puede utilizar una reliquia de un santo para curar, de la misma forma que utilizó su manto para curar a la mujer con hemorragia. La reliquia es un instrumento del poder milagroso de Dios.
Comprender la fuente del poder evita que las personas adoren el objeto y eleva sus almas hacia Dios.
 

¿La Iglesia ha apoyado esta práctica a través de los tiempos?
La Iglesia ha defendido la veneración de reliquias desde el principio. Una carta escrita tras el martirio de san Policarpo en el 156 a. C. explica cómo los fieles veneraban sus huesos y tenían un cuidado especial con ellos.

“Y así nosotros, después, recogimos sus huesos, que son mucho más valiosos que piedras preciosas y que oro refinado, y los pusimos en un lugar apropiado; donde el Señor nos permitirá congregarnos, según podamos, en gozo y alegría, y celebrar el aniversario de su martirio”.

En su carta a Riparius, san Jerónimo († 420 A. D.) escribió en defensa de las reliquias: “Nosotros no veneramos, no adoramos, por temor a que debemos inclinarnos a las criaturas antes que al Creador, pero veneramos las reliquias de los mártires a fin de adorarlo a través de sus mártires que están con ellas”.
La Iglesia se reafirma en esta práctica en el Directorio sobre la piedad popular más reciente.

“El Concilio Vaticano II recuerda que ‘de acuerdo con la tradición, la Iglesia rinde culto a los santos y venera sus imágenes y sus reliquias auténticas’. […] Las diversas formas de devoción popular a las reliquias de los Santos, como el beso de las reliquias, adorno con luces y flores, bendición impartida con las mismas, sacarlas en procesión, sin excluir la costumbre de llevarlas a los enfermos para confortarles y dar más valor a sus súplicas para obtener la curación, se deben realizar con gran dignidad y por un auténtico impulso de fe”.
En definitiva, las reliquias de los santos nos permiten acercarnos a aquellos hombres y mujeres santos del pasado y Dios utiliza estos objetos para bendecir de forma especial a las almas fieles. No se deben adorar, pues su propósito es guiarnos hacia la adoración definitiva de un único Dios.
 

fuente: Aleteia

DIOS CASTIGA?

La pregunta en sí misma no puede ser respondida de manera rotunda sin que cause por ello equívocos en la mente de muchos cristianos, sea porque se deduce que Dios es un sádico cruel, o sea porque nos “saltamos” el aspecto de la justicia divina, distorsionando la imagen de Dios como una especie de Padre bonachón, muy propio de una idea progresista en cuyo vocabulario la palabra “castigo” podría herir las susceptibilidades de muchos. ¿Y entonces? Lo primero sería definir qué cosa entendemos por la palabra castigo, pues sólo así tiene sentido que la pregunta sea respondida de manera clara y precisa. Más aún porque dicha palabra aparece 291 veces en las Sagradas Escrituras – veinticinco de las cuales son del Nuevo Testamento –. 


¿Qué debemos entender por “castigo”? 

La Real Academia Española RAE, lo define de la siguiente manera: 

Castigo. 
(De castigar). 
1. m. Pena que se impone a quien ha cometido un delito o falta. 
2. m. Enmienda, corrección de una obra o de un escrito. 
3. m. Chile. Acción y efecto de castigar (‖ aminorar gastos). 
4. m. ant. Reprensión, aviso, consejo, amonestación o corrección. 
5. m. ant. Ejemplo, advertencia, enseñanza. 
1. loc. verb. Ser penoso o arduo. 
  
Castigar. 
(Del lat. castigāre). 
1. tr. Ejecutar algún castigo en un culpado. 
2. tr. Mortificar y afligir. 
3. tr. Estimular con el látigo o con las espuelas a una cabalgadura para que acelere la marcha. 
4. tr. Escarmentar (‖ corregir con rigor a quien ha errado). 
5. tr. Corregir o enmendar una obra o un escrito. 
6. tr. Aminorar gastos. 
7. tr. Enamorar por puro pasatiempo o jactancia. 
8. tr. ant. Advertir, prevenir, enseñar. 
9. prnl. ant. Enmendarse, corregirse, abstenerse. 
  
Es importante que presente todas estas definiciones para que se entienda en primera instancia, que ninguna tiene relación con el odio en sí mismo, y de hecho en algunas de ellas se le relaciona íntimamente con la corrección. Es decir, con un carácter pedagógico, como el de aquél padre quecastiga a su hijo con el único fin de que aprenda a ser mejor. Ésta definición que se relaciona intrínsecamente con la corrección, es propiamente el campo en que habremos de movernos para referirnos a Dios, por una sencillísima razón: Jesucristo al revelarnos a Dios, nos presentó un atributo que perfeccionó nuestro entendimiento sobre Quién es Dios, y nos enseñó que Dios es Padre[1]. De esta manera evitamos cierta argumentación que contrapone el castigo divino al amor de Dios, siendo que uno es consecuencia del otro. 

“ Porque el Señor al que ama, le castiga ; y a cualquiera que recibe por hijo suyo, le azota y le prueba con adversidades.”[2] 

Por otro lado, cabe recalcar que existendistintos tipos de castigo, y así, tenemos elcastigo temporal, que tiene un carácter estrictamente medicinal y busca en el fondo la conversión del pecador para que así se salve, y el otro, el castigo eterno que es parte de la justicia divina como retribución al rechazo del amor de Dios. Que a fin de cuentas, no se desliga de su misericordia, pues si en la vida terrena la persona no quiso ser feliz junto a Dios, sería prácticamentecruel que se le obligara a estarlo en la eternidad. 


  


Sobre el castigo temporal[3] 

“Es tan grande la liberalidad de la divina beneficencia, que no sólo podemos satisfacer a Dios Padre, mediante la gracia de Jesucristo, con las penitencias que voluntariamente emprendemos para satisfacer por el pecado, o con las que nos impone a su arbitrio el sacerdote con proporción al delito; sino también, lo que es grandísima prueba de su amor, con los castigos temporales que Dios nos envía, y padecemos con resignación”[4] 

Es probable que esta enseñanza sea difícil de comprender – como decía anteriormente – en una sociedad dada a inclinarse a la bondad de Dios para justificar tibiezas personales y a“saltarse” el aspecto de la justicia divina y por supuesto de la palabra “castigo”. Sin embargo, me limitaré a señalar que es vasta la bibliografía y fundamentación que nos ofrecen las Escrituras y el Magisterio de la Iglesia al respecto. Dios efectivamente castiga, y aunque mi pretensión aquí no es la de presentar los cientos de citas al respecto, sí es la de aclarar ciertas desviaciones con respecto a este tema en sí. 

Dios es infinitivamente misericordioso, y sobre esto no hace falta hacer explicación alguna, pues es justamente en lo que más se ha profundizado en este Año de la Misericordia, sobre todo con aquella hermosa Bula que nos ha regalado el Papa Francisco, donde comienza manifestando que Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre[5]. Sin embargo, muchos católicos han entendido en este atributo divino una especie de “negación” del castigo de Dios. Y así, se han convencido de que Dios no puede – es más, no debe – castigar al hombre en este tiempo, y en esto muchos se han adjudicado la autoridad de querer encajar a Dios en criterios meramente humanos. Tanto aquellos que oponen la justicia a la misericordia, como aquellos que siguiendo un criterio protestante, desproveen a Dios de su misericordia y lo convierten en un Dios vengador y cruel que castiga caprichosamente por no haberle complacido en sus deseos. Ambas posturas son equivocadas y me atrevo a decir, heréticas. 

¿Por qué Dios castiga? 

A la pregunta se puede responder de dos modos: para satisfacer la justicia quebrantada deliberadamente por el hombre, que injustamente se rebela contra Aquél que le ha dado la existencia, como también – como lo he explicado antes – para un fin medicinal, buscando la conversión del pecador, y es que no podemos perder de vista en ningún momento, que Dios siempre habrá de actuar en función del bien del hombre. Por tanto, no es incompatible el castigo de Dios, con aquello que nos enseñan las Escrituras sobre que Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se arrepienta y viva[6]. Es probable que muchos sean reacios a aceptar esta doctrina, e incluso hay quienes se atreven a ver en ello una injusticia, sin embargo es el mismo profeta Ezequiel el que responde a ellos diciendo: Y vosotros decís: “No es justo el proceder del Señor. Escuchad, casa de Israel: ¿Que no es justo mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que no es justo?[7] 

¿Y sobre el castigo de los que no son injustos? 

Ciertamente, habiendo aceptado que Dios castiga de dos maneras, se entiende que inflige penas también en la vida temporal a aquellos que podríamos tratar de inocentes. Como prueba de esto nos bastaría con citar el Libro de Job entero, y es que al final aquella lógica divina de Dios sigue siendo la misma:Dios castiga, siempre buscando el bien del hombre. Sobre esto, Santo Tomás de Aquino explica lo siguiente: 

“Puede ser considerada la pena como medicina, que no sólo es sanativa del pecado pasado, sino que tiene asimismo virtud para preservar del pecado futuro y para empujarnos a hacer algo bueno. Según esto, uno es castigado a veces sin culpa, aunque nunca sin causa. (…) como los bienes espirituales son los de mayor valor y los temporales los de menor, es por lo que a veces se le castiga a uno en estos últimos sin culpa, por ejemplo, con muchas penalidades de esta vida presente, que Dios le inflige para que le sirvan de humillación o de prueba. En cambio, no se castiga a nadie en los bienes espirituales sin culpa propia, ni en ésta ni en la otra vida, ya que en la vida futura las penas no son medicina, sino consecuencia de la condenación espiritual.”[8] 

Es en este contexto en el que deben entenderse los sufrimientos que el hombre padece en esta tierra, pues aunque son consecuencia del pecado original, Dios en su infinita sabiduría se vale de las penas de este mundo para que el hombre se convierta, se santifique y posea la vida eterna. 

Conclusión 

Debe quedarnos claro que afirmar que Dios castiga requiere de una explicación de lo que se entiende por “castigo”, debido al riesgo que se corre de quedarse en criterios meramente humanos que ridiculicen la naturaleza de Dios, reduciéndolo a la sentencia en la queDios castiga si no nos tomamos la sopa

Muchos cristianos incurren también en aquél error de separar al Dios del Antiguo Testamento con el del Nuevo. Ciertamente, el Dios del Antiguo Testamento no era la revelación completa de Dios, sin embargo esto no implica que fuese errada o sombría. Sobre esto, ya en los primeros siglos tenemos a Marción [9], quien difundió la herejía de desconocer el Antiguo Testamento, por considerarlo un Dios distinto al que nos ha revelado Jesucristo, siendo que es el mismo Dios y Padre nuestro.

 


[1] Mt 6, 9

[2] Heb 12, 5

[3] Con respecto al castigo eterno, he dedicado ya un artículo titulado “¿Existe el infierno?” que puede encontrarse a continuación:https://stevenneirac.wordpress.com/2016/06/21/existe-el-infierno-lo-que-necesitas-saber/

[4] Concilio Dogmático de Trento, Cap. IX. De las obras satisfactorias.

[5] Papa Francisco. Bula de Convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia – Misericordiae Vultus

[6] Ez 33, 11

[7] Ez 18, 25

[8] Santo Tomás, Suma Teológica, L.2, Q.108, a.4

[9] Hereje del siglo II, fundador de la secta marcionista que rechazaba al Dios del Antiguo Testamento por considerarlo un Dios sangriento y vengativo, contraponiéndolo al del Nuevo Testamento. Fue condenado por San Ireneo y Tertuliano, que desarrollaron la respectiva antítesis.  

​SAN JUAN EVANGELISTA Y LA EUCARISTIA

Deseamos apuntar en este artículo cómo el Evangelista San Juan muestra, en el sexto capítulo de su evangelio, la verdadera interpretación sobre la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía. Esta es efectiva, Cristo así lo quiso, y el relato del cuarto Evangelista no deja márgenes a otras interpretaciones. Las palabras del Maestro no pueden ser metáforas y además la reacción de los que estaban presentes en la escena confirma el sentido verdadero, como veremos.


San Juan fue, según consta en la Tradición, el último en escribir su Evangelio. De hecho, fue solamente alrededor del año 90 que él relató los hechos de la vida del Señor. De entre los diversos motivos que lo llevaron a escribirlos hay uno que se destaca: ya en aquella época comenzaron impías fomentaciones de herejías sobre la Persona de Jesús. De este modo, en su sexto capítulo, trata él específicamente de la Santísima Eucaristía, precaviendo a la Iglesia contra los futuros desvíos de los herejes. Es de notarse que San Juan es el único de los Evangelistas en no relatar la institución de la Santísima Eucaristía. Vemos, entretanto, en su narración un profundo celo en explicar la doctrina acerca de la transubstanciación. Con efecto, nos elucida GRAIL y ROGUET: “Es un hecho: Juan no narró la institución de la Eucaristía […]. Más alejado de las necesidades de la catequesis, el IVº evangelio está más preocupado con la síntesis doctrinal“. [1]
Es de fe que la Eucaristía fue verdaderamente instituida por Nuestro Señor. En el capítulo VI de San Juan vemos al Salvador prometiéndonos su propio Cuerpo y Sangre como alimento y bebida espiritual. En el Sacramento de la Eucaristía hay un auténtico sacrificio, que anuncia la muerte de Cristo y renueva, incruentamente, la inmolación del Calvario, cuyo valor expiatorio borra los crímenes de los hombres; se trata de un Sacramento que contiene realmente el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo.

Es curioso el hecho de que muchas personas que entienden los pasajes de las Escrituras en el sentido literal, “al pie de la letra”, no ven en las palabras de Nuestro Señor el sentido literal y obvio por Él proferido. Al contrario, las relegan a un estilo figurativo, simbólico o hasta alegórico.

Con todo, basta analizar un poco más a fondo este capítulo para percibir claramente las intenciones del Maestro, su referencia clara y directa a su propio Cuerpo y Sangre. Veamos, en el propio texto, el sentido evidente de las palabras:

“Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Este es el pan que descendió del cielo, para que aquel que de él coma no muera. Yo soy el pan vivo, que descendió del cielo. Quien coma de este pan, vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne para la salvación del mundo. Disputaban, pues, entre sí los judíos, diciendo: ¿Cómo puede este darnos de comer su carne? Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: Si no comieres la carne del Hijo del Hombre y no bebieres su sangre, no tendréis la vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene la vida eterna; y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdaderamente comida y mi sangre es verdaderamente bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en Mí y Yo en él.
(Jn 6, 48-56).

Es impresionante verificar cómo, por así decir, Él reitera varias veces la afirmación de que es realmente la carne y la sangre de Él. No es posible ver una mera metáfora en estas aseveraciones.
Metáfora, de hecho, no puede ser, pues Nuestro Señor no busca atenuar sus declaraciones, incluso sabiendo que está “escandalizando” a los otros. En el versículo 52 los judíos confirman que entendieron literalmente los sentidos de las palabras: “Disputaban, pues, entre sí los judíos, diciendo: ¿Cómo puede este darnos a comer su carne?” Con todo, el divino Maestro no los corrige por lo que entendieron, sino además afirma algo más osado: “En verdad, en verdad os digo: Si no comieres la carne del Hijo del Hombre y no bebieres su sangre, no tendréis la vida en vosotros” (53).

Las metáforas que encontramos en las Escrituras sobre carne y sangre no se prestan a comparar con este pasaje, no hay otra interpretación a ser dada, sino la que enseñó Jesucristo.

Otro punto a considerarse es el “escándalo” causado en los circunstantes. Incluso delante de la apostasía de estos, Nuestro Señor no se retrae, es más osado, y todavía prueba la fe de los que permanecen, mostrando que es realmente un punto crucial cuando se trata de la Eucaristía: “Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con Él. Por eso Jesús dijo a los doce: ¿Queréis vosotros también retiraros?(Jn 6, 67-68). Él no busca disculparse ni atenuar sus afirmaciones. Es patente que si no fuesen afirmaciones literales Él habría persuadido a los discípulos a quedarse, entretanto esto no se dio, el Divino Maestro viera a muchos de los que lo seguían en esta ocasión abandonarlo y ni así Él se retractó. A los que permanecen es exigida una fe profunda, como nos explica HUGON:

La última parte del capítulo acaba por confirmar la interpretación literal. La multitud murmura, numerosos discípulos se retiran, pues ellos creyeron muy duro este lenguaje. El Maestro, cuya bondad, entretanto, es inagotable, no intenta atajarlos, explicándoles que sus parábolas tienen solamente un sentido metafórico y no poseen nada que los pueda espantar; al contrario, Él insiste y concluye que la fe es necesaria a cualquiera que quiera comprenderlo.“[2]

De esta manera vimos, sucintamente, como realmente, en su sexto capítulo, San Juan quiso mostrar cómo la Eucaristía es realmente el Cuerpo y la Sangre del Divino Salvador, y que no es posible dar otra interpretación a las palabras de Cristo. Esto es un misterio de nuestra fe. Por más que no lo comprendamos enteramente debemos depositar plena confianza en las palabras del Divino Maestro.
 
Por el P. Michel Six, EP
 

Bibliografía
Bíblia Sagrada. 43ª ed. São Paulo : Edições Paulinas, 1987.
HUGON, Édouard. La Sainte Eucharistie. 4ªed. Paris : Pierre Téqui, 1922.
VV. AA., Initiation Théologique. Vol. IV. Paris: Éditions du Cerf, 1956.

____________________________________

[1] Il est un fait: Jean n’a pas rapporté l’intitution de l’eucharistie […]. Plus éloigné des nécessités de la catéchèse, le Ivème évangile est plus préocupé de synthèse doctrinale. (Cf. GRAIL, A.; ROGUET; A.-M., O.P., In Initiation Théologique. Vol. IV. Paris : Éditions du Cerf, 1956. P. 506-507).
[2] La dernière partie du chapitre achève de confirmer l’interpretation littérale. La foule murmure, de nombreux disciples se retirent, parce qu’ils ont trouvé trop dur ce langage. La Maître, dont la bonté cependant est inépuisable, n’essaie pas de les retenir en leur expliquant que ses paroles n’ont qu’une portée métaphorique et n’offrent rien qui doive les étonner ; au contraire, il insiste et il conclut que la foi est nécessaire à quiconque veut le comprendre. (Cf. HUGON, 1922, p. 54-55).

HABLAR DE MARIA, NUNCA ES SUFICIENTE

Debo confesar que éste es uno de los temas más complicados para mí, pues me uno al pensar de los santos con respecto a que de María nunca se dirá lo suficiente, y es así que la complejidad no es por falta de información sino por abundancia de ella. La figura de María es además la que une a los católicos con los ortodoxos y es por último el puentecon el Islam, que no duda en concederle un puesto altísimo. Basta con señalar que en el Corán, Máryam es la única mujer recordada con su nombre, que se repite unas cuarenta veces. Sin embargo, hay en todo esto la motivación de que sea alabado el nombre de María, por parte de quienes aún dudan en hacerlo por miedo o recelo, o de aquellos que están resueltos a no hacerlo por creer – equivocadamente – que es contrario a lo que Dios quiere, y todo esto, para que al final, y a través de María, Jesucristo sea adorado como el Único Dios y Señor, y su Nombre sea exaltado como el único que se nos ha dado para poder salvarnos [1]


¿Por qué María? – Objeciones 

Existen aún muchos cristianos que se han convencido a sí mismos de que la devoción a María es una especie de accesorio de la fe, que puede estar como no estar. Resulta necesario explicarles de nuevo cómo el papel de María en el sistema cristiano de la fe no es ni mucho menos marginal o facultativo. Al respecto se presentan distintas objeciones que con un criterio básico de formación cristiana es posible superar:

  1. María “versus” Jesús

Es un error gigantesco el pensar que aquello que se le ofrece a María se le hurta a Jesús. Ciertamente en este equívoco ha caído toda la teología protestante, sin embargo, Benedicto XVI explicó, siendo el cardenal Ratzinger, quereconocerle a la Virgen el papel que el dogma, la tradición, la liturgia y la devoción le confieren, significa estar firmemente enraizados en la auténtica cristología. Y es que el Hijo ha querido compartir todo con la Madre, y así, no hay oposición alguna entre uno y otro, y menos aún habrá de “restársele” a Jesucristo la gloria por el hecho de cumplir la profecía que María hace de sí misma al reconocer quetodas las generaciones la llamaránbienaventurada[2]. Por otro lado, ¿qué oposición podría existir al entregarnos totalmente a aquella que sin reserva alguna habrá de decirnos siempre: “Haced lo que Él os diga”[3]
 

  1. “¿Dónde dice en la Biblia?”

Se sabe que una característica muy propia de ciertas denominaciones protestantes es el fundamentalismo bíblico, desde los Testigos de Jehová que aseguran haber existido desde los tiempos de Cristo fundamentándose en que Cristo al ascender a los Cielos dijo: “seréis mis testigos”[4], hasta aquellos evangélicos que piden la cita bíblica en donde aparezca la palabra “católico”. Esta objeción nace del “no” al concepto de Tradición. Olvidando que también la Escritura es Tradición: no cae del Cielo, como el Corán, sino que es fruto de obras humanas, aunque bajo inspiración divina, y hemos de tener siempre en mente que los Apóstoles no iban por los poblados repartiendo biblias sino transmitiendooralmente y por tradición[5] lo que de Cristo habían recibido.El culto mariano de los primeros cristianos se remonta a los tres primeros siglos, desde el arte paleocristiano que nos muestra ya en tumbas cristianas la imagen de la Virgen y el Niño, hasta la famosa oración del Sub tuum praesidium[6]que no puede remontarse a más allá del siglo III, probablemente en torno al año 250. 
 

  1. Los “hermanos de Jesús”

Veintiún siglos después aún siguen habiendo personas que al encontrarse con esta expresión en las Escrituras, siguen interpretando que María tuvo más hijos, y sobre esto – me parece – hay ya bastante literatura que explica hasta el cansancio el hecho de que el hebreo ´ah, puede significar al mismo tiempo hermano de sangre, hermanastro, primo o sobrino pero, también discípulo, aliado, miembro de la misma tribu y hasta prójimo en general, o de la misma ciudad o nación, y así, Abraham – por poner un ejemplo – llama “hermano” a su nieto Lot[7]. Pasando al Nuevo Testamento, san Pablo usa el término “hermano” casi 120 veces para designar una comunión espiritual o un lazo distinto al uterino y, con frecuencia, ni siquiera familiar. El asunto es que nos cuesta entender que la Escritura viene de un universo que no es el Occidente moderno, sino semítico, oriental, mediterráneo, donde la fraternidad no es restringida como la de nuestras familias mononucleares. 
Por otro lado, si María hubiera tenido más hijos, sería una cosa bastante sui generis que Jesús moribundo hubiera confiado su madre al discípulo. Finalmente, los evangelistas se refieren a Jesús con un título bastante interesante: “el Hijo de María”[8]. Entiéndase bien, que no se dice “uno” de los hijos de María, sino “el”, es decir el Único. Sobre esto, vale la pena aclarar el detalle de que en el mundo hebreo, el hijo nunca es indicado con el nombre de la madre, a menos que el padre haya muerto y la viuda no tenga más hijos

María, Madre de Dios 

Es probable que quienes no son católicos encuentren muchas dificultades para acercarse a María, y más de uno – a partir de la Revolución Protestante del siglo XVI – ha tratado de esparcir como veneno cierto desprecio hacia Ella. 

Lastimosamente este veneno de a poco se ha ido introduciendo también en la Iglesia, de manera que hay muchos católicos que ante la imagen de María sienten cierto recelo. Y es que, ante la Theotokos[9] hay quienes ven sólo una “hermana en la fe”. Desde la perspectiva católica efectivamente María es también“hermana”, pero en primer lugar, es “Madre”. Tarde o temprano y católicos o no, hay que entender que Jesucristo, moribundo en la cruz, no le dio a Juan una “hermana”, le diouna madre. Y a Ella no le dio un “hermano”, sino un hijo

Ha sido grande el esfuerzo que el Protestantismo ha hecho para difundir esta idea – siempre herética sin importar que estemos en tiempos ecuménicos – de que María no es Madre de Dios sino sólo de Jesús,y es sorprendente cómo esta idea ha calado en lo profundo del Cristianismo, desfigurando a fin de cuentas no a la Madre sino al Hijo, pues uno de los pilares de la doctrina cristiana (y no sólo católica desde luego) es el hecho de que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, y así lo creen también quienes difunden esta idea, aunque no se hayan dado cuenta – o no hayan querido hacerlo – de que creer en las dos naturalezas de Cristo (Dios-hombre) y negarle el título deMadre de Dios a María, son dos posturas completamente contradictorias e insostenibles las dos al mismo tiempo. Así, de a poco también los cristianos nos hemos ido dando cuenta, de que entre Jesús y María existe una unión tan misteriosa y profunda, que se vuelve imposible atentar contra la Madre sin que redunde en el Hijo. 

María, Madre Nuestra 

“Si en ciertas teologías y eclesiologías de hoy María ya no encuentra sitio, la razón es simple y dramática: han reducido la fe a una abstracción. Y una abstracción no sabe qué hacer con una madre”[10] 

La historia ha sabido demostrar que los hombres han tenido siempre la necesidad de una Madre, con mayúscula, además de la que les da el registro civil, y cuando han dejado a un lado a la Madre celestial, inmediatamente han buscado otra. Y así, en el siglo XVIII que desemboca en la Revolución francesa – y que como toda revolución engendra el caos –, sobre todo con los que le siguen (XIX y XX) con el nacionalismo, terminan creando como “Madre” a la “Patria”, con mayúscula, como Gran Madre. A Ella, como en otros tiempos hicieron los religiosos, se dedicaron losnuevos monjes que son los militares. Es así como los perfiles de España o Francia fueron sustituyendo sus raíces cristianas en busca de otros dioses. Sin embargo, será imposible desarraigar el nombre de María sin trastocar lo más profundo de la sociedad, y así como ejemplo, tenemos la bandera de la Unión Europea (doce estrellas – como las de aquella Mujer del Apocalípsis [11] – en un fondo azul – de tono mariano por supuesto –) diseñada por Arséne Heitz, un devoto de la Virgen, de esos de rosario diario. Es singular además, el detalle de que la bandera azul con el círculo de las doce estrellas de adoptó oficialmente un 8 de diciembre de 1955, fiesta de la Inmaculada Concepción de María

No es suficiente citar aquél pasaje de Cristo agonizante en la Cruz donde se nos entrega a María como Madre y donde la Iglesia ve en Juan a toda la humanidad representada ¡no! Hace falta más bien comprender el papel de María en la Historia de la Salvación, cuestión que no pretendo abordar aquí dado que me he propuesto escribir un artículo y no un libro, sin embargo, habrá de ayudarnos un gran propagador de la devoción mariana – santo además –: 

“Digamos pues sin temor con San Bernardo, que nosotros tenemos necesidad de un mediador ante el Mediador mismo, y que María es la más capacitada para llenar este oficio caritativo; Jesucristo ha venido al mundo por medio de Ella, y es por medio de Ella como debemos llegar a Él. Si tememos ir directamente a Jesucristo nuestro Dios, por causa de su grandeza infinita, o a causa de nuestra bajeza, o por causa de nuestros pecados, imploremos osadamente la ayuda e intercesión de María nuestra Madre(…)”[12] 

Al igual que en las Bodas de Caná junto a Cristo y que en Pentecostés en medio de los discípulos recibiendo el Espíritu Santo, María ha permanecido y permanecerá siempre en compañía de la comunidad cristiana, desarrollando el papel de Madre y por tanto, la de no abandonar a sus hijos nunca

Conclusión, por así decirlo… 

Dado que el “tema de María” no puede concluirse propiamente, tan sólo quisiera decir que no es posible considerarse cristiano plenamente, si no es asumiendo a la Persona de Jesucristo en toda su plenitud, y esto incluye obligatoriamente aquél aspecto hermoso y polémico a la vez, de ser el Hijo de María. A pesar de que es inolvidable aquella dimensión violenta, del enigma de la historia que es el islamismo, si hay algo que podemos aprender es que, a diferencia de lo que ocurre en regiones cristianas, para un musulmán no sólo es impensable blasfemar, sino también ceder a una mínima falta de respeto, respecto a aquella que es la “madre de Jesús”. Como cristianos, es mucho lo que nos falta profundizar en torno a la figura de la Madre, y esto siempre debido a que es la forma más perfecta de interiorizar la figura del Hijo. 

Nuestra Señora habrá de ser llamadabienaventurada hasta el final de los tiempos. En María, todo nos lleva a Jesús, y quien llega a conocer a Jesucristo, habrá de encontrarse irremediablemente con la figura de María, la Madre del Señor, y tarde o temprano todo aquél que busca la Verdad con sincero corazón, terminará aceptando con san Lucas, que el Señor ha hecho en Ella grandes maravillas[13] . 
 

 


[1] Hch 4, 12

[2] Lc 1, 48

[3] Jn 2, 5

[4] Hch 1, 8

[5] 2Ts 2, 15

[6] “Bajo tu amparo nos acogemos Santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita”

[7] Gn 13, 8

[8] Mc 6,3

[9] Significando “Madre de Dios”. Título – en griego – reconocido oficialmente por la Iglesia a partir del Concilio de Éfeso en el 431, y respondiendo a la herejía de Nestorio que entendía en Jesús a una Persona distinta a la del Hijo de Dios.

[10] Card. Joseph Ratzinger. Informe sobre la fe, Cap. VII. Las Mujeres: Una Mujer

[11] Ap 12, 1

[12] San Luis María Grignion de Montfort. Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, 85

[13] Lc 1, 49

DIOS Y LAS IMAGENES

1. No diremos más “¡Dios nuestro!” a la obra de nuestras manos

Hay un texto de la Biblia, Oseas 14, 2-10, en que el profeta del amor de Dios nos sigue mostrando el corazón compasivo de nuestro Dios y nos enseña una oración breve para pedir perdón a Dios, expresándole nuestro arrepentimiento y propósito de enmienda.

El versículo 4 es muy importante para dilucidar el tema de la idolatría:

Asiria no nos salvará, ya no montaremos a caballo, ni diremos más “¡Dios nuestro!” a la obra de nuestras manos, porque sólo en ti el huérfano encuentra compasión (Os 14, 4).

La idolatría consiste en darle a la imagen un culto equivocado. Como se nota en este pasaje bíblico, la idolatría consiste en llamar “Dios” a lo que hemos hecho con nuestras manos.

En la Iglesia católica no adoramos a las imágenes ni pensamos que sean dioses, ni les damos ese nombre, que sólo corresponde al Altísimo.

2. Excavan unos mosaicos deslumbrantes en una antigua sinagoga de Israel

El 7 de julio de 2016, The National Geographicpublicó, en su sitio de Internet una importante noticia sobre el hallazgo de unos bellísimos mosaicos en una antigua sinagoga del norte de Israel. Este es el link de la noticia (
http://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/excavan-unos-mosaicos-deslumbrantes-antigua-sinagoga-israel_9537 ).

Los mosaicos, ubicados en la nave central de la sinagoga, representan dos relatos bíblicos: el Arca de Noé y la separación de las aguas del mar Rojo por Moisés.

En el panel del Arca de Noé aparece la legendaria embarcación rodeada de pares de animales como elefantes, leopardos, burros, serpientes, osos, leones, avestruces, camellos, ovejas y cabras.

En el panel del mar Rojo aparecen los soldados del faraón y unos peces grandes que se los intentan tragar, además de carros de guerra volcados con sus respectivos caballos y sus conductores.

Esto nos ayuda a recordar que Dios prohíbe los ídolos (Ex 20, 4; Salmo 115, Salmo 135, etc.), pero permite las imágenes ( Ex 25, 18; Nm 21, 8).

De hecho, hay, en hebreo, tres términos que nos ayudan a comprender mejor el tema.

  • Pesel
  • Tselem
  • Pittuach

Pesel (פֶסֶל) es el término bíblico para designar un ídolo. Es el término que aparece en Éxodo 20, 4 y en Deuteronomio 4, 15, entre otros. Pesel se refiere a un ídolo, a una imagen idolátrica, hecha con la finalidad específica de adorarla, como el becerro de oro (Ex 32).

Tselem (צֶ֫לֶם) es el término hebreo para imagen. Aparece, por ejemplo, en Génesis 1, 26, donde YHWH dice: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza.

Pittuach (פִּתּ֫וּחַ) es el término para grabado.

Tanto tselem como pittuach se refieren a imágenes representativas no idolátricas; es decir, no se las fabrica para adorarlas. Es lícito tener estas imágenes, como se ve en Éxodo 25, 18 a propósito de los querubines de oro, y en Números 21, 6-9, a propósito de la serpiente de bronce.

El hallazgo de la sinagoga que nos presentaThe National Geographic corresponde con lo que describe la Biblia a propósito del Templo de YHWH construido por el rey Salomón.

En el interior de la Casa, el cedro había sido esculpido en forma de calabazas y de guirnaldas de flores: todo estaba revestido de cedro y no se veían las piedras. El Santo de los Santos, en lo más interior de la Casa, había sido preparado para poner allí el Arca de la Alianza de Yavé. Delante del Santo de los Santos, que tenía diez metros de largo, diez de ancho y diez de alto, se levantó un altar de cedro recubierto de oro fino. Salomón revistió de oro fino el interior de la Casa y una cadena enchapada en oro cerraba el Santo de los Santos. Toda la Casa estaba pues recubierta de oro; también estaba recubierto de oro el altar ubicado delante del Santo de los Santos. En el Santo de los Santos puso dos Querubines de madera de olivo silvestre de cinco metros de alto. Cada una de las alas del querubín tenía dos metros y medio de largo, de manera que había cinco metros de una punta a la otra de las alas. El segundo querubín medía también cinco metros; ambos querubines tenían el mismo porte y la misma forma. La altura del primero y del segundo era de cinco metros. Salomón puso los querubines en el centro de la Casa, con las alas desplegadas; el ala del primero rozaba uno de los muros y el ala del segundo tocaba el otro muro, y sus alas se tocaban una con otra en el medio de la Casa. Salomón revistió de oro a los querubines. Hizo esculpir en relieve en todas las paredes de la Casa, por todo el derredor, tanto por fuera como por dentro, querubines, palmas y flores. Por dentro y por fuera, el piso de la Casa estaba recubierto de oro. Las puertas del Santo de los Santos eran de madera de olivo silvestre, el dintel y los postes ocupaban la quinta parte de la puerta, ambas puertas de madera de olivo silvestre estaban esculpidas con querubines, palmas y flores; todo estaba recubierto de oro, incluso los querubines y las palmas. De igual modo la entrada del Santuario estaba guarnecida de postes de madera de olivo silvestre, que ocupaban un cuarto de la puerta. Las dos puertas eran de madera de ciprés; cada una estaba constituida por dos paneles que se articulaban; allí habían esculpido querubines, palmas y flores, todo recubierto de oro. Se construyó el patio interior con tres hileras de piedra tallada y una hilera de postes de cedro. El año cuarto, en el mes de Ziv, se pusieron los cimientos de la Casa de Yavé, y en el undécimo año, en el mes de Bul, el mes octavo, se terminó el Templo con todos sus detalles, de acuerdo al plano que se había diseñado; Salomón construyó el Templo en siete años (1Reyes 6, 19-38).

Algo similar se lee en 1 Reyes 7, 25-51, donde se describen otros elementos de la Casa de Yavé, que manifiestan que el Pueblo de Israel tenía imágenes en el Templo. La arqueología nos presenta que en las sinagogas también había imágenes sagradas.

Un elocuente ejemplo lo tenemos en Dura-Europos, una población destruida hacia el 272 d.C. y descubierta en 1919, donde hay una capilla paleocristiana y una sinagoga. Pues bien, en ambas hay imágenes sagradas, como se puede ver en el siguiente enlace: https://es.wikipedia.org/wiki/Dura_Europos

Conclusión

Los católicos no tenemos Pesel (פֶסֶל). La Iglesia nunca nos ha enseñado que debemos adorar a las imágenes.

Los católicos tenemos Tselem (צֶ֫לֶם) y Pittuach (פִּתּ֫וּחַ), es decir, imágenes representativas, no idolátricas, a las que veneramos por las personas representadas por ellas.


Fuente: aleteia.org

DE LA CONSAGRACION AL INMACULADO CORAZON DE MARIA

​Durante el pasado siglo, varios papas no sólo recomendaron la práctica de la consagración al Inmaculado Corazón de María, sino que la practicaron ellos mismos. Pío XII y san Juan Pablo II incluso consagraron a los pueblos del mundo al corazón de María.
Más recientemente, el papa Francisco recomendó esta práctica e imitó el ejemplo de sus predecesores al consagrar al mundo entero al Inmaculado Corazón de María.

Ante la multitud reunida en San Pedro para la consagración, explicó que María “nos lleva de la mano, como una madre, al abrigo del Padre, el Padre de la misericordia”.

La consagración a la Santísima Madre nos recuerda la estrecha conexión que tiene María con Jesús y cómo ella atesoraba todo lo que veía “en su corazón” (cf. Lucas 2:19 y 51).

El papa Benedicto XVI reflexionó sobre este profundo misterio durante la fiesta del Sagrado Corazón de María, donde dijo: “El corazón que más se asemeja al de Cristo es, sin duda alguna, el corazón de María, su Madre inmaculada, y precisamente por eso la liturgia los propone juntos a nuestra veneración”.

La consagración mariana es una manifestación externa que expresa nuestro deseo interior de seguir la voluntad de Dios y unir nuestro corazón con el Suyo.

No obstante, pocos conocen en qué consiste esta consagración o por dónde empezar siquiera. Aquí podrás encontrar unos recursos muy útiles; escoge aquel con el que tu corazón se sienta más cómodo.

Preparación

33 Días Hacia Un Glorioso Amanecer – Uno de los métodos más populares de consagración mariana en la actualidad; este libro escrito por el sacerdote Michael Gaitley te guiará durante 33 días de lecturas de 5 minutos para preparar tu corazón para la consagración al Inmaculado Corazón de María. Este método está basado en los escritos de san Luis de Montfort y está simplificado para que todo el mundo pueda participar.

Verdadera Devoción a la Santísima Virgen y Preparación para la Consagración Total – San Luis María de Montfort es famoso por ser el principal promotor de lo que él denomina “Consagración Total a Jesús a través de María”.

Se trata del enfoque tradicional utilizado por muchos otros desde la muerte del santo.

Estas dos obras incluyen numerosas oraciones, letanías y lecturas necesarias para la preparación de la Consagración Total. San Juan Pablo II era un ávido defensor de san Luis de Montfort e incluso aplicaba las palabras de Montfort en sus consignas papales.

Consecration.com (en inglés) – Un sitio web elaborado por la Milicia de la Inmaculada, una asociación internacional de fieles erigida por la Santa Sede; es un gran recurso para la consagración total a la María Inmaculada, eje central de la espiritualidad de san Maximiliano Kolbe.

Oraciones de Consagración

Después de haberte preparado junto con tu familia para la consagración al Inmaculado Corazón de María, aquí dispones de algunas oraciones que podrías usar. A menudo estas oraciones se pronuncian delante de una estatua de María.

Un acto solemne de consagración al Inmaculado Corazón de María – Papa Pío XII

¡Oh Reina del Santísimo Rosario, auxilio de los cristianos, refugio del género humano, vencedora de todas las batallas de Dios! Ante vuestro Trono nos postramos suplicantes, seguros de impetrar misericordia y de alcanzar gracia y oportuno auxilio y defensa en las presentes calamidades, no por nuestros méritos, de los que no presumimos, sino únicamente por la inmensa bondad de vuestro maternal Corazón.

En esta hora trágica de la historia humana, a Vos, a vuestro Inmaculado Corazón, nos entregamos y nos consagramos, no sólo en unión con la santa Iglesia, cuerpo místico de vuestro Hijo Jesús, que sufre y sangra en tantas partes y de tantos modos atribulada, sino también con todo el Mundo dilacerado por atroces discordias, abrasado en un incendio de odio, víctima de sus propias iniquidades.

[…]

Finalmente, así como fueron consagrados al Corazón de vuestro Hijo Jesús la Iglesia y todo el género humano, para que, puestas en Él todas las esperanzas, fuese para ellos señal y prenda de victoria y de salvación; de igual manera, oh Madre nuestra y Reina del Mundo, también nos consagramos para siempre a Vos, a vuestro Inmaculado Corazón, para que vuestro amor y patrocinio aceleren el triunfo del Reino de Dios, y todas las gentes, pacificadas entre sí y con Dios, os proclamen bienaventurada y entonen con Vos, de un extremo a otro de la tierra, el eterno Magnificat de gloria, de amor, de reconocimiento al Corazón de Jesús, el único donde pueden hallar la Verdad, la Vida y la Paz.

Amén.

Consagración familiar a María siguiendo el espíritu de san Maximiliano Kolbe

Oh Inmaculada, Reina de los Cielos y de la tierra, vida, dulzura y esperanza nuestra, en este día nosotros, la familia (apellidos de la familia ), venimos ante ti para consagrarnos como posesión y propiedad tuyas. Alabamos a Dios por habernos reunido para entregarnos a ti, Madre nuestra, porque confiamos en las palabras de Jesús en la Cruz. “¡He ahí a tu Madre!”.

Te necesitamos, María, Madre de Dios, a ayudarnos a ser una verdadera familia católica. Sé parte de nuestra vida familiar. Repítenos las palabras que pronunciaste en Caná: “Haced lo que Él os diga”.

Ayúdanos a ignorar las faltas ajenas, a perdonar como Jesús nos perdonó y a amar al prójimo como Nuestro Señor nos pidió que amáramos.

Por favor, usa a nuestra familia para aplastar la cabeza de la serpiente. Pide a tu Esposo, san José, Protector de la Iglesia universal, que nos tenga en corazón y mente junto al Vicario de tu Hijo, el Papa __________. Hoy te conviertes en Reina de nuestros corazones y nuestro hogar. Que nuestro hogar se una “Ciudad de la Inmaculada”, donde reine el Sagrado Corazón de Jesús para siempre. Amén.

Consagración a María Inmaculada de san Maximiliano Kolbe
Oh Inmaculada, Reina del Cielo y de la tierra, refugio de los pecadores y Madre nuestra amorosísima, a quien Dios confió la economía de la misericordia. Yo……. pecador indigno, me postro ante ti, suplicando que aceptes todo mi ser como cosa y posesión tuya.

A ti, oh Madre, ofrezco todas las dificultades de mi alma y mi cuerpo, toda la vida, muerte y eternidad. Dispón también, si lo deseas, de todo mi ser, sin ninguna reserva, para cumplir lo que de ti ha sido dicho: “Ella te aplastará la cabeza” y “Tú has derrotado todas las herejías en el mundo”. Haz que en tus manos purísimas y misericordiosas me conviertan en instrumento útil para introducir y aumentar tu gloria en tantas almas tibias e indiferentes, y de este modo, aumente en cuanto sea posible el bienaventurado Reino del Sagrado Corazón de Jesús.

Donde tú entras, oh Inmaculada, obtienes la gracia de la conversión y la santificación, ya que toda gracia que fluye del Corazón de Jesús para nosotros, nos llega a través de tus manos.

Ayúdame a alabarte, oh, Virgen Santay dame fuerza contra tus enemigos.

Consagración al Inmaculado Corazón de María por san Luis de Montfort

Yo, _________, pecador sin fe, renuevo y ratifico hoy en tus manos los votos de mi Bautismo, renuncio por siempre a Satanás, sus pompas y sus obras; y me entrego por completo a Jesucristo, Sabiduría Encarnada, para cargar mi cruz en pos de Él todos los días de mi vida y para ser más fiel a Él de lo que jamás he sido anteriormente.

En presencia de toda la corte celestial, yo te elijo a ti en este día como mi Madre. Entrego y consagro a ti, como tu esclavo, mi cuerpo y mi alma, mis bienes, tanto interiores como exteriores, e incluso el valor de todas mis buenas acciones, pasadas, presentes y futuras; dejándote a ti el entero derecho de disponer de mí y de todo lo que me pertenezca, sin excepciones, de acuerdo a tu parecer, por la mayor gloria de Dios, en el tiempo y en la eternidad. Amén.

Fuente: aleteia.org

FUE LA VIRGEN CONCEBIDA EN GRACIA?

Que Cristo haya purificado a su Madre Santísima del Pecado Original, lo sabemos por los labios del Beato Pío IX, cuando proclamó el Dogma de la Inmaculada Concepción, por la Bula Ineffabilis Deus, el 8 de Diciembre de 1854. Seguir leyendo “FUE LA VIRGEN CONCEBIDA EN GRACIA?”

EL APOCALIPSIS Y EL ANTICRISTO; UNA LECTURA MODERNA

¿La venida del Anticristo sobre la tierra? ¿La profecía sobre ese Ser que acabará con la humanidad? Parecerá paradójico… pero esto no es exactamente lo que cuenta el libro del Apocalipsis. La palabra “Anticristo” no aparece en este libro profético.

Seguir leyendo “EL APOCALIPSIS Y EL ANTICRISTO; UNA LECTURA MODERNA”

DE LA DEVOCION A LA SUPERSTICION…

Si usted es de las personas que pone “de cabeza” cualquier imagen de san Antonio de Padua como una manera de obligarlo a conseguir novio o novia; si realiza ofrendas con 13 monedas el día de su fiesta; si escribe cartas detallando las cualidades que quiere para su futura pareja u otros rituales similares; debe saber que está cayendo en la superstición y posiblemente en idolatría.

Seguir leyendo “DE LA DEVOCION A LA SUPERSTICION…”

LA BIBLIA Y LAS IMAGENES SAGRADAS

Es frecuente la acusación, en el ámbito de la religión, de que las imágenes significan “idolatría”. Sin embargo, en la propia Biblia encontramos ejemplos de imágenes que nada tienen que ver con los ídolos.

Seguir leyendo “LA BIBLIA Y LAS IMAGENES SAGRADAS”

RAZONES PARA HONRAR A LA VIRGEN MARIA

Honrar la Virgen María en el mes de Mayo durante siglos ha sido una tradición católica en la que el pueblo de Dios ha permanecido fiel.

Seguir leyendo “RAZONES PARA HONRAR A LA VIRGEN MARIA”

ADORACION A DIOS

Comencemos por decir que la adoración está reservada sólo a Dios. Sólo Él es digno y no cualquiera de sus siervos (Ap 19, 10). No debemos adorar a los santos, ángeles, creaturas, etc.
Seguir leyendo “ADORACION A DIOS”

SOBRE LA SANTISIMA TRINIDAD

1. La palabra Trinidad nace del latín

Proviene de la palabra latina “trinitas”, que significa “tres” y “triada”. El equivalente en griego es “triados”. Seguir leyendo “SOBRE LA SANTISIMA TRINIDAD”

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: