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POR QUE GUARDAR EL DOMINGO Y NO EL SABADO?

Una respuesta rápida al santo y justísimo motivo de que la Iglesia guarde el domingo y no el sábado judío, es que Jesucristo resucitó en Domingo, – entonces el primer día de la semana – inaugurando así la “Nueva Creación” libre del pecado, la nueva y eterna Alianza entre Dios y la humanidad.

Así, el Domingo, el Día del Señor, es la plenitud del Sábado de los judíos, igual que el Nuevo Testamento es la plenitud y el cumplimiento del Antiguo, y Cristo es la consumación de toda la historia de la salvación, desde Adán hasta el fin de los tiempos y el Juicio final.

Igual que el Antiguo Testamento es figura del Nuevo; el Sábado judaico es figura del Domingo cristiano. No lo niega, sino que es su verdad espiritual y anuncia el descanso eterno del hombre en Dios (CIC§2175). Domingo viene del latín Dominus dies, día del Señor.

El domingo cristiano empieza ya con la puesta del sol del sábado. Esa es la razón por la que es “válida” la misa de la tarde del sábado para el domingo. Para quienes rezan el Oficio Divino, es fácil comprobar que el rezo de las vísperas del sábado recibe el nombre de Primeras Vísperas del Domingo.

La celebración del domingo en lugar del sábado no se “inventó” en tiempos de Constantino, sino que es atestiguada desde el principio por la misma Biblia:

• En los Hechos de los Apóstoles (20,7): “En el primer día de la semana, estando reunidos para la fracción del Pan (esto es, la Eucaristía)…”.

• En Apocalipsis (1,10), San Juan dice: “En el día del Señor (domingo), fui movido por el Espíritu…”.

• En 1Cor 16,2, San Pablo Apóstol confirma que la colecta cultual se hacía “en el primer día de la semana” (domingo).

Se trata de una cuestión tan elemental, que también la iglesia ortodoxa y las protestantes históricas (más antiguas) guardan igualmente el Día del Señor, – o Domingo santificado, – y no el Sábado.

San Ignacio de Antioquía (107), mártir en el Coliseo de Roma y obispo de la Iglesia primitiva, lo dice claramente:

 “Los que vivían según el orden antiguo de las cosas se volvieron a una nueva esperanza, ya no observando el sábado, sino el Día del Señor, en el cual nuestra vida fue bendecida, por Él y por su muerte” (A los Magnesios 9,1)

S. Justino (165) mártir dice lo mismo:

“Nos reunimos el ‘día del Sol’, porque es el primer día después del Sábado de los judíos, pero también el primer día en que Dios, sacando la materia de las tinieblas, creó el mundo y, en este mismo día, Jesucristo, nuestro Salvador, resucitó de entre los muertos” (Apología 1,67)

También San Jerónimo (420), Confesor y doctor de la Iglesia, atestigua la praxis sempiterna de la Iglesia:

“El Día del Señor, el Día de la Resurrección, el Día de los Cristianos, es nuestro día. Por eso se llama Día del Señor: fue en ese día cuando el Señor subió victorioso junto al Padre. Si los paganos lo denominam Día del Sol, también nosotros lo confesamos de buen grado: pues hoy se levantó la Luz del Mundo, hoy apareció el Sol de Justicia cuyos rayos traen la salvación”. (CCL, 78,550,52)

Así que tanto las Sagradas Escrituras como el testimonio de toda la documentación histórica, juntamente con la sagrada Tradición apostólica nos muestran que, desde la Resurrección del Señor, la Iglesia siempre guardó y continua guardando no el Sábado judaico, sino el Domingo de la Resurrección y del establecimiento de la Nueva y Eterna Alianza como Día del Señor.

 

Fuente: aleteia

​SOBRE LA VENERACION DE LAS RELIQUIAS

¿Por qué guardan los católicos huesos, cabello, ropa o incluso sangre de santos en estuches de oro brillante? ¿No condenaba Dios la idolatría? Si bien muchas personas, tanto protestantes como católicas, se sienten a menudo confusas acerca de la práctica de venerar reliquias, se trata de una tradición muy arraigada a la Biblia.

 

¿Qué son las reliquias?
Las reliquias son objetos conectados a un santo y se pueden clasificar en tres clases. Una reliquia de primera clase es todo o parte de los restos físicos de un santo. Esto puede ser un trozo de hueso, un vial de sangre, un mechón de pelo o incluso el cráneo o el cuerpo incorrupto.

Una reliquia de segunda clase es cualquier objeto que el santo utilizase con frecuencia (ropa, por ejemplo). 

Una reliquia de tercera clase es cualquier objeto que haya tocado una reliquia de primera o segunda clase.

Los católicos conservan las reliquias de santos y se cree que la gracia de Dios fluye a través de dichos objetos hacia las almas devotas que los veneran.

 

¿En qué parte de la Biblia aparecen las reliquias?
El uso de objetos relacionados con una persona santa se remonta hasta el Antiguo Testamento. En él aparece un episodio del Libro Segundo de los Reyes, donde aparece el uso de reliquias.
“Eliseo murió y lo sepultaron. Ya entrado el año, vinieron bandas armadas de moabitas a la tierra. Aconteció que estaban unos sepultando a un hombre cuando súbitamente vieron una banda armada; entonces arrojaron el cadáver en el sepulcro de Eliseo. Pero tan pronto tocó el muerto los huesos de Eliseo, revivió y se puso en pie” (2 Reyes 13:20-21).

Incluso en el Nuevo Testamento aparece cómo Dios utiliza objetos para obrar curaciones. En el Evangelio de Marcos aparece cómo se cura una mujer al tocar el manto de Jesús.

[…] cuando oyó hablar de Jesús se acercó por detrás entre la multitud y tocó su manto, porque decía ‘Si toco tan sólo su manto, seré salva’. Inmediatamente la fuente de su sangre se secó, y sintió en el cuerpo que estaba sana de su azote” (Marcos 5:27-29).

Existen otros ejemplos en las vidas de los apóstoles donde se muestra claramente cómo Dios obra milagros a través de objetos conectados a un santo.
 

¿Las reliquias tienen poder?
Aunque la Iglesia anima a la veneración de reliquias, es importante recordar que no es el objeto en sí el que ejerce la curación. Un trozo de hueso no puede curar a una persona con cáncer terminal. Sin embargo, Dios puede utilizar una reliquia de un santo para curar, de la misma forma que utilizó su manto para curar a la mujer con hemorragia. La reliquia es un instrumento del poder milagroso de Dios.
Comprender la fuente del poder evita que las personas adoren el objeto y eleva sus almas hacia Dios.
 

¿La Iglesia ha apoyado esta práctica a través de los tiempos?
La Iglesia ha defendido la veneración de reliquias desde el principio. Una carta escrita tras el martirio de san Policarpo en el 156 a. C. explica cómo los fieles veneraban sus huesos y tenían un cuidado especial con ellos.

“Y así nosotros, después, recogimos sus huesos, que son mucho más valiosos que piedras preciosas y que oro refinado, y los pusimos en un lugar apropiado; donde el Señor nos permitirá congregarnos, según podamos, en gozo y alegría, y celebrar el aniversario de su martirio”.

En su carta a Riparius, san Jerónimo († 420 A. D.) escribió en defensa de las reliquias: “Nosotros no veneramos, no adoramos, por temor a que debemos inclinarnos a las criaturas antes que al Creador, pero veneramos las reliquias de los mártires a fin de adorarlo a través de sus mártires que están con ellas”.
La Iglesia se reafirma en esta práctica en el Directorio sobre la piedad popular más reciente.

“El Concilio Vaticano II recuerda que ‘de acuerdo con la tradición, la Iglesia rinde culto a los santos y venera sus imágenes y sus reliquias auténticas’. […] Las diversas formas de devoción popular a las reliquias de los Santos, como el beso de las reliquias, adorno con luces y flores, bendición impartida con las mismas, sacarlas en procesión, sin excluir la costumbre de llevarlas a los enfermos para confortarles y dar más valor a sus súplicas para obtener la curación, se deben realizar con gran dignidad y por un auténtico impulso de fe”.
En definitiva, las reliquias de los santos nos permiten acercarnos a aquellos hombres y mujeres santos del pasado y Dios utiliza estos objetos para bendecir de forma especial a las almas fieles. No se deben adorar, pues su propósito es guiarnos hacia la adoración definitiva de un único Dios.
 

fuente: Aleteia

DIOS CASTIGA?

La pregunta en sí misma no puede ser respondida de manera rotunda sin que cause por ello equívocos en la mente de muchos cristianos, sea porque se deduce que Dios es un sádico cruel, o sea porque nos “saltamos” el aspecto de la justicia divina, distorsionando la imagen de Dios como una especie de Padre bonachón, muy propio de una idea progresista en cuyo vocabulario la palabra “castigo” podría herir las susceptibilidades de muchos. ¿Y entonces? Lo primero sería definir qué cosa entendemos por la palabra castigo, pues sólo así tiene sentido que la pregunta sea respondida de manera clara y precisa. Más aún porque dicha palabra aparece 291 veces en las Sagradas Escrituras – veinticinco de las cuales son del Nuevo Testamento –. 


¿Qué debemos entender por “castigo”? 

La Real Academia Española RAE, lo define de la siguiente manera: 

Castigo. 
(De castigar). 
1. m. Pena que se impone a quien ha cometido un delito o falta. 
2. m. Enmienda, corrección de una obra o de un escrito. 
3. m. Chile. Acción y efecto de castigar (‖ aminorar gastos). 
4. m. ant. Reprensión, aviso, consejo, amonestación o corrección. 
5. m. ant. Ejemplo, advertencia, enseñanza. 
1. loc. verb. Ser penoso o arduo. 
  
Castigar. 
(Del lat. castigāre). 
1. tr. Ejecutar algún castigo en un culpado. 
2. tr. Mortificar y afligir. 
3. tr. Estimular con el látigo o con las espuelas a una cabalgadura para que acelere la marcha. 
4. tr. Escarmentar (‖ corregir con rigor a quien ha errado). 
5. tr. Corregir o enmendar una obra o un escrito. 
6. tr. Aminorar gastos. 
7. tr. Enamorar por puro pasatiempo o jactancia. 
8. tr. ant. Advertir, prevenir, enseñar. 
9. prnl. ant. Enmendarse, corregirse, abstenerse. 
  
Es importante que presente todas estas definiciones para que se entienda en primera instancia, que ninguna tiene relación con el odio en sí mismo, y de hecho en algunas de ellas se le relaciona íntimamente con la corrección. Es decir, con un carácter pedagógico, como el de aquél padre quecastiga a su hijo con el único fin de que aprenda a ser mejor. Ésta definición que se relaciona intrínsecamente con la corrección, es propiamente el campo en que habremos de movernos para referirnos a Dios, por una sencillísima razón: Jesucristo al revelarnos a Dios, nos presentó un atributo que perfeccionó nuestro entendimiento sobre Quién es Dios, y nos enseñó que Dios es Padre[1]. De esta manera evitamos cierta argumentación que contrapone el castigo divino al amor de Dios, siendo que uno es consecuencia del otro. 

“ Porque el Señor al que ama, le castiga ; y a cualquiera que recibe por hijo suyo, le azota y le prueba con adversidades.”[2] 

Por otro lado, cabe recalcar que existendistintos tipos de castigo, y así, tenemos elcastigo temporal, que tiene un carácter estrictamente medicinal y busca en el fondo la conversión del pecador para que así se salve, y el otro, el castigo eterno que es parte de la justicia divina como retribución al rechazo del amor de Dios. Que a fin de cuentas, no se desliga de su misericordia, pues si en la vida terrena la persona no quiso ser feliz junto a Dios, sería prácticamentecruel que se le obligara a estarlo en la eternidad. 


  


Sobre el castigo temporal[3] 

“Es tan grande la liberalidad de la divina beneficencia, que no sólo podemos satisfacer a Dios Padre, mediante la gracia de Jesucristo, con las penitencias que voluntariamente emprendemos para satisfacer por el pecado, o con las que nos impone a su arbitrio el sacerdote con proporción al delito; sino también, lo que es grandísima prueba de su amor, con los castigos temporales que Dios nos envía, y padecemos con resignación”[4] 

Es probable que esta enseñanza sea difícil de comprender – como decía anteriormente – en una sociedad dada a inclinarse a la bondad de Dios para justificar tibiezas personales y a“saltarse” el aspecto de la justicia divina y por supuesto de la palabra “castigo”. Sin embargo, me limitaré a señalar que es vasta la bibliografía y fundamentación que nos ofrecen las Escrituras y el Magisterio de la Iglesia al respecto. Dios efectivamente castiga, y aunque mi pretensión aquí no es la de presentar los cientos de citas al respecto, sí es la de aclarar ciertas desviaciones con respecto a este tema en sí. 

Dios es infinitivamente misericordioso, y sobre esto no hace falta hacer explicación alguna, pues es justamente en lo que más se ha profundizado en este Año de la Misericordia, sobre todo con aquella hermosa Bula que nos ha regalado el Papa Francisco, donde comienza manifestando que Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre[5]. Sin embargo, muchos católicos han entendido en este atributo divino una especie de “negación” del castigo de Dios. Y así, se han convencido de que Dios no puede – es más, no debe – castigar al hombre en este tiempo, y en esto muchos se han adjudicado la autoridad de querer encajar a Dios en criterios meramente humanos. Tanto aquellos que oponen la justicia a la misericordia, como aquellos que siguiendo un criterio protestante, desproveen a Dios de su misericordia y lo convierten en un Dios vengador y cruel que castiga caprichosamente por no haberle complacido en sus deseos. Ambas posturas son equivocadas y me atrevo a decir, heréticas. 

¿Por qué Dios castiga? 

A la pregunta se puede responder de dos modos: para satisfacer la justicia quebrantada deliberadamente por el hombre, que injustamente se rebela contra Aquél que le ha dado la existencia, como también – como lo he explicado antes – para un fin medicinal, buscando la conversión del pecador, y es que no podemos perder de vista en ningún momento, que Dios siempre habrá de actuar en función del bien del hombre. Por tanto, no es incompatible el castigo de Dios, con aquello que nos enseñan las Escrituras sobre que Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se arrepienta y viva[6]. Es probable que muchos sean reacios a aceptar esta doctrina, e incluso hay quienes se atreven a ver en ello una injusticia, sin embargo es el mismo profeta Ezequiel el que responde a ellos diciendo: Y vosotros decís: “No es justo el proceder del Señor. Escuchad, casa de Israel: ¿Que no es justo mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que no es justo?[7] 

¿Y sobre el castigo de los que no son injustos? 

Ciertamente, habiendo aceptado que Dios castiga de dos maneras, se entiende que inflige penas también en la vida temporal a aquellos que podríamos tratar de inocentes. Como prueba de esto nos bastaría con citar el Libro de Job entero, y es que al final aquella lógica divina de Dios sigue siendo la misma:Dios castiga, siempre buscando el bien del hombre. Sobre esto, Santo Tomás de Aquino explica lo siguiente: 

“Puede ser considerada la pena como medicina, que no sólo es sanativa del pecado pasado, sino que tiene asimismo virtud para preservar del pecado futuro y para empujarnos a hacer algo bueno. Según esto, uno es castigado a veces sin culpa, aunque nunca sin causa. (…) como los bienes espirituales son los de mayor valor y los temporales los de menor, es por lo que a veces se le castiga a uno en estos últimos sin culpa, por ejemplo, con muchas penalidades de esta vida presente, que Dios le inflige para que le sirvan de humillación o de prueba. En cambio, no se castiga a nadie en los bienes espirituales sin culpa propia, ni en ésta ni en la otra vida, ya que en la vida futura las penas no son medicina, sino consecuencia de la condenación espiritual.”[8] 

Es en este contexto en el que deben entenderse los sufrimientos que el hombre padece en esta tierra, pues aunque son consecuencia del pecado original, Dios en su infinita sabiduría se vale de las penas de este mundo para que el hombre se convierta, se santifique y posea la vida eterna. 

Conclusión 

Debe quedarnos claro que afirmar que Dios castiga requiere de una explicación de lo que se entiende por “castigo”, debido al riesgo que se corre de quedarse en criterios meramente humanos que ridiculicen la naturaleza de Dios, reduciéndolo a la sentencia en la queDios castiga si no nos tomamos la sopa

Muchos cristianos incurren también en aquél error de separar al Dios del Antiguo Testamento con el del Nuevo. Ciertamente, el Dios del Antiguo Testamento no era la revelación completa de Dios, sin embargo esto no implica que fuese errada o sombría. Sobre esto, ya en los primeros siglos tenemos a Marción [9], quien difundió la herejía de desconocer el Antiguo Testamento, por considerarlo un Dios distinto al que nos ha revelado Jesucristo, siendo que es el mismo Dios y Padre nuestro.

 


[1] Mt 6, 9

[2] Heb 12, 5

[3] Con respecto al castigo eterno, he dedicado ya un artículo titulado “¿Existe el infierno?” que puede encontrarse a continuación:https://stevenneirac.wordpress.com/2016/06/21/existe-el-infierno-lo-que-necesitas-saber/

[4] Concilio Dogmático de Trento, Cap. IX. De las obras satisfactorias.

[5] Papa Francisco. Bula de Convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia – Misericordiae Vultus

[6] Ez 33, 11

[7] Ez 18, 25

[8] Santo Tomás, Suma Teológica, L.2, Q.108, a.4

[9] Hereje del siglo II, fundador de la secta marcionista que rechazaba al Dios del Antiguo Testamento por considerarlo un Dios sangriento y vengativo, contraponiéndolo al del Nuevo Testamento. Fue condenado por San Ireneo y Tertuliano, que desarrollaron la respectiva antítesis.  

DIOS Y LAS IMAGENES

1. No diremos más “¡Dios nuestro!” a la obra de nuestras manos

Hay un texto de la Biblia, Oseas 14, 2-10, en que el profeta del amor de Dios nos sigue mostrando el corazón compasivo de nuestro Dios y nos enseña una oración breve para pedir perdón a Dios, expresándole nuestro arrepentimiento y propósito de enmienda.

El versículo 4 es muy importante para dilucidar el tema de la idolatría:

Asiria no nos salvará, ya no montaremos a caballo, ni diremos más “¡Dios nuestro!” a la obra de nuestras manos, porque sólo en ti el huérfano encuentra compasión (Os 14, 4).

La idolatría consiste en darle a la imagen un culto equivocado. Como se nota en este pasaje bíblico, la idolatría consiste en llamar “Dios” a lo que hemos hecho con nuestras manos.

En la Iglesia católica no adoramos a las imágenes ni pensamos que sean dioses, ni les damos ese nombre, que sólo corresponde al Altísimo.

2. Excavan unos mosaicos deslumbrantes en una antigua sinagoga de Israel

El 7 de julio de 2016, The National Geographicpublicó, en su sitio de Internet una importante noticia sobre el hallazgo de unos bellísimos mosaicos en una antigua sinagoga del norte de Israel. Este es el link de la noticia (
http://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/excavan-unos-mosaicos-deslumbrantes-antigua-sinagoga-israel_9537 ).

Los mosaicos, ubicados en la nave central de la sinagoga, representan dos relatos bíblicos: el Arca de Noé y la separación de las aguas del mar Rojo por Moisés.

En el panel del Arca de Noé aparece la legendaria embarcación rodeada de pares de animales como elefantes, leopardos, burros, serpientes, osos, leones, avestruces, camellos, ovejas y cabras.

En el panel del mar Rojo aparecen los soldados del faraón y unos peces grandes que se los intentan tragar, además de carros de guerra volcados con sus respectivos caballos y sus conductores.

Esto nos ayuda a recordar que Dios prohíbe los ídolos (Ex 20, 4; Salmo 115, Salmo 135, etc.), pero permite las imágenes ( Ex 25, 18; Nm 21, 8).

De hecho, hay, en hebreo, tres términos que nos ayudan a comprender mejor el tema.

  • Pesel
  • Tselem
  • Pittuach

Pesel (פֶסֶל) es el término bíblico para designar un ídolo. Es el término que aparece en Éxodo 20, 4 y en Deuteronomio 4, 15, entre otros. Pesel se refiere a un ídolo, a una imagen idolátrica, hecha con la finalidad específica de adorarla, como el becerro de oro (Ex 32).

Tselem (צֶ֫לֶם) es el término hebreo para imagen. Aparece, por ejemplo, en Génesis 1, 26, donde YHWH dice: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza.

Pittuach (פִּתּ֫וּחַ) es el término para grabado.

Tanto tselem como pittuach se refieren a imágenes representativas no idolátricas; es decir, no se las fabrica para adorarlas. Es lícito tener estas imágenes, como se ve en Éxodo 25, 18 a propósito de los querubines de oro, y en Números 21, 6-9, a propósito de la serpiente de bronce.

El hallazgo de la sinagoga que nos presentaThe National Geographic corresponde con lo que describe la Biblia a propósito del Templo de YHWH construido por el rey Salomón.

En el interior de la Casa, el cedro había sido esculpido en forma de calabazas y de guirnaldas de flores: todo estaba revestido de cedro y no se veían las piedras. El Santo de los Santos, en lo más interior de la Casa, había sido preparado para poner allí el Arca de la Alianza de Yavé. Delante del Santo de los Santos, que tenía diez metros de largo, diez de ancho y diez de alto, se levantó un altar de cedro recubierto de oro fino. Salomón revistió de oro fino el interior de la Casa y una cadena enchapada en oro cerraba el Santo de los Santos. Toda la Casa estaba pues recubierta de oro; también estaba recubierto de oro el altar ubicado delante del Santo de los Santos. En el Santo de los Santos puso dos Querubines de madera de olivo silvestre de cinco metros de alto. Cada una de las alas del querubín tenía dos metros y medio de largo, de manera que había cinco metros de una punta a la otra de las alas. El segundo querubín medía también cinco metros; ambos querubines tenían el mismo porte y la misma forma. La altura del primero y del segundo era de cinco metros. Salomón puso los querubines en el centro de la Casa, con las alas desplegadas; el ala del primero rozaba uno de los muros y el ala del segundo tocaba el otro muro, y sus alas se tocaban una con otra en el medio de la Casa. Salomón revistió de oro a los querubines. Hizo esculpir en relieve en todas las paredes de la Casa, por todo el derredor, tanto por fuera como por dentro, querubines, palmas y flores. Por dentro y por fuera, el piso de la Casa estaba recubierto de oro. Las puertas del Santo de los Santos eran de madera de olivo silvestre, el dintel y los postes ocupaban la quinta parte de la puerta, ambas puertas de madera de olivo silvestre estaban esculpidas con querubines, palmas y flores; todo estaba recubierto de oro, incluso los querubines y las palmas. De igual modo la entrada del Santuario estaba guarnecida de postes de madera de olivo silvestre, que ocupaban un cuarto de la puerta. Las dos puertas eran de madera de ciprés; cada una estaba constituida por dos paneles que se articulaban; allí habían esculpido querubines, palmas y flores, todo recubierto de oro. Se construyó el patio interior con tres hileras de piedra tallada y una hilera de postes de cedro. El año cuarto, en el mes de Ziv, se pusieron los cimientos de la Casa de Yavé, y en el undécimo año, en el mes de Bul, el mes octavo, se terminó el Templo con todos sus detalles, de acuerdo al plano que se había diseñado; Salomón construyó el Templo en siete años (1Reyes 6, 19-38).

Algo similar se lee en 1 Reyes 7, 25-51, donde se describen otros elementos de la Casa de Yavé, que manifiestan que el Pueblo de Israel tenía imágenes en el Templo. La arqueología nos presenta que en las sinagogas también había imágenes sagradas.

Un elocuente ejemplo lo tenemos en Dura-Europos, una población destruida hacia el 272 d.C. y descubierta en 1919, donde hay una capilla paleocristiana y una sinagoga. Pues bien, en ambas hay imágenes sagradas, como se puede ver en el siguiente enlace: https://es.wikipedia.org/wiki/Dura_Europos

Conclusión

Los católicos no tenemos Pesel (פֶסֶל). La Iglesia nunca nos ha enseñado que debemos adorar a las imágenes.

Los católicos tenemos Tselem (צֶ֫לֶם) y Pittuach (פִּתּ֫וּחַ), es decir, imágenes representativas, no idolátricas, a las que veneramos por las personas representadas por ellas.


Fuente: aleteia.org

EL APOCALIPSIS Y EL ANTICRISTO; UNA LECTURA MODERNA

¿La venida del Anticristo sobre la tierra? ¿La profecía sobre ese Ser que acabará con la humanidad? Parecerá paradójico… pero esto no es exactamente lo que cuenta el libro del Apocalipsis. La palabra “Anticristo” no aparece en este libro profético.

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LA BIBLIA Y LAS IMAGENES SAGRADAS

Es frecuente la acusación, en el ámbito de la religión, de que las imágenes significan “idolatría”. Sin embargo, en la propia Biblia encontramos ejemplos de imágenes que nada tienen que ver con los ídolos.

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POR QUE BAUTIZAMOS NIÑOS?

Esta es probablemente (en compañía de las riquezas del Vaticano) una de las preguntas más frecuentes con respecto a nuestra fe. Seguir leyendo “POR QUE BAUTIZAMOS NIÑOS?”

ES IDOLATRICO EL CULTO CATOLICO?

Una de las mejores formas de identificar a un católico o a un protestante, es observando su actitud con respecto al CULTO RELIGIOSO. La presencia de un cuadro, estampa o medallita con una Cruz, una imagen de la Virgen María o de algún santo, identifican a un católico. Seguir leyendo “ES IDOLATRICO EL CULTO CATOLICO?”

FUE PEDRO EL PRIMER PAPA?

Algunas de las consultas/objeciones que he recibido sobre este tema son las siguientes:

Jesucristo le dijo a Pedro: Sobre esta piedra edificaré mi iglesia, queriendo decir que sobre el fundamento de que Jesucristo era el Mesías, el salvador del mundo, se basaría la doctrina cristiana; y más adelante Jesús le dice a Pedro que nadie era mayor ni menor que los otros… entonces ¿por qué se le considera a Pedro el primer “Papa”?

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EL DIEZMO ES OBLIGATORIO?

El diezmo ha sido en el ámbito civil, incluso desde la época romana, un impuesto (del 10%) que se pagaba en razón a una contraprestación ya sea por una autorización a ejercer una labor económica ya sea por el derecho a usar un terreno, etc..
Seguir leyendo “EL DIEZMO ES OBLIGATORIO?”

PARE DE SUFRIR O MARKETING DE LA FE?

La Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD) conocida como “Pare de Sufrir”, no es reconocida como iglesia pentecostal por los cristianos pentecostales. Seguir leyendo “PARE DE SUFRIR O MARKETING DE LA FE?”

EL PURGATORIO ES REAL?

La verdad del purgatorio, aunque no esté mencionada explícitamente en la Biblia, se entrevé en la misma.

Seguir leyendo “EL PURGATORIO ES REAL?”

PUEDE UN HOMOSEXUAL SER SACERDORTE CATÓLICO?

Puede ser sacerdote católico un homosexual? La pregunta es planteada como curiosidad y con relativa frecuencia, por un lado, ante el avance de la así llamada «cultura gay» que reivindica para sí determinados «derechos» y, por otro, algún caso aislado que termina por hacerse público respecto a la existencia de sacerdotes católicos que se dicen homosexuales (el caso Charamsa es el más reciente de ellos). Seguir leyendo “PUEDE UN HOMOSEXUAL SER SACERDORTE CATÓLICO?”

LA TRADICIÓN EN LA BIBLIA

Desde la reforma Luterana, entre los diferentes temas que han dividido la Iglesia se encuentra el tema de la “Tradición“.

Mientras que la Iglesia Católica (tanto la rama Romana como la Ortodoxa) insiste en proclamar la Palabra Escrita (Biblia) y la Palabra transmitida oralmente (Tradición), las iglesias Protestantes claman que solo la Biblia tiene autoridad como única fuente de la Palabra de Dios o “Sola Escritura” como la llamó Lutero. ¿Quién tiene la razón?

Seguir leyendo “LA TRADICIÓN EN LA BIBLIA”

“TEOLOGÍA DE LA PROSPERIDAD” O MEJOR DICHO, “EVANGELIO DE LA AVARICIA”?

Dentro de algunas formas del neopentecostalismo en Estados Unidos y América Latina, ha crecido una corriente llamada “teología de la prosperidad“, que influye en no pocas iglesias pentecostales y se hace cada vez más presente en los ministerios evangélicos, con fuerte presencia en los medios de comunicación. Seguir leyendo ““TEOLOGÍA DE LA PROSPERIDAD” O MEJOR DICHO, “EVANGELIO DE LA AVARICIA”?”

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