RESPUESTAS A LAS OBJECIONES DE UN FUNDAMENTALISTA

 

Sin duda, que el caballito de batalla del común de los evangélico-protestantes, y porque no, de los fundamentalistas, son las imágenes que el católico tiene en sus templos o en sus casas.

Cuantas veces no hemos escuchado a los cristianos no-católicos criticarnos este tema citando el pasaje de Ex. 20,4 y utilizándolo para atraer nuevos adeptos confundiendo al católico poco preparado. Pero veamos a que se refiere exactamente dicho pasaje:

Éxo 20,4  No te harás ídolo ni imagen alguna de lo del cielo arriba, y de lo de la tierra abajo, y de lo de las aguas debajo de la tierra.

Pero, ¿cuales son los alcances de esta prohibición? ¿Esta prohibición alcanza todo tipo de imágenes? ¿Quiere decir esto que las pinturas y esculturas de Miguel Angel, Donatello, Goya, y otros tantos también son idolatría? ¿Quiere decir esto que no puedo tener una pintura en mi casa o una foto de mis seres queridos? ¿En que contexto y en que circunstancias se escribió esta prohibición?

Hagamos un repaso por la historia del pueblo de Israel, su contexto, cultura y costumbres.

Desde los comienzos de la humanidad, los pueblos primitivos adoptaron símbolos grotescos para representar deidades, que con el paso del tiempo se fueron perfeccionando hasta convertirse en tallas antropomorfas, concibiendo a esos dioses con las virtudes y características con los que eran representados.

En el precepto consignado en Ex. 20,4 se destina a imponer a los israelitas una concepción inmaterial de Dios, camino para llegar a la sentencia del Salvador: “Dios es espíritu, y los que le adoren, en espíritu y verdad le tienen que adorar.”

Si vemos el Antiguo Testamento, las principales faltas cometidas por el pueblo de Israel, es la tendencia a adorar falsos dioses, los cuales, en su mayoría pertenecían a los pueblos que convivían con ellos en la tierra prometida y alrededores.

Pero, por el accionar y la predicación de los profetas, prevaleció en el pueblo el precepto de no utilizar imágenes para adorar a Yahvé.

No es extraño entonces encontrar en varios pasajes de la Biblia, citas que “ridiculizan” el uso pagano de las imágenes.

Entre alguno de ellos podemos mencionar:

Is 44,14-17 Córtanse cedros, se toma un roble o una encina, se deja crecer fuerte entre los árboles del bosque; se planta un pino, que la lluvia hace crecer,”  y sirven al hombre para el fuego; toma de ellos para calentarse, enciende para cocer el pan. Además hace con ellos dioses, ante los cuales se prosterna; hace estatuas, que adora.” Ha quemado el fuego la mitad, sobre sus brasas asa carne, y se sacia comiendo el asado. Caliéntase luego diciendo: ¡Ea! me caliento, veo la lumbre, Con el resto se hace un dios, un ídolo, que adora prosternándose ante él, y a quien suplica diciendo: Sálvame, porque tú eres mi dios.

 

La ironía es bastante fuerte. Jeremías hablará de una manera similar para prevenir a los hebreos de los peligros de la idolatría:

Jer 10,4-5  se decoran con plata y oro, y los sujetan a martillazos con clavos para que no se muevan. Son como espantajos de melonar, y no hablan; I hay que llevarlos, porque no andan; no les tengáis miedo, pues no pueden haceros mal, ni tampoco bien.”

 

En la historia de Israel, este precepto relativo a la prohibición de imágenes representativas de Yahvé fue muchas veces desobedecido. La propensión de los israelitas a copiar los cultos cananeos, fenicios y asirios fue la obsesión de la predicación profética.

Para ponderar la gravedad del precepto, Yahvé amenaza con castigar a los transgresores, porque es un Dios celoso, que castiga en los hijos las iniquidades de los padres hasta la tercera y cuarta generación.

En este precepto hay que considerar dos cosas: la materialidad del precepto y la finalidad del mismo. Lo primero tiene su razón de ser en la rudeza del pueblo. Cuando, mediante la revelación evangélica, haya desaparecido esa rudeza, la Iglesia hará uso de las imágenes, no sólo para representar al Verbo encarnado, sino al mismo Padre Eterno, mediante imágenes sensibles, inspiradas en las visiones de los profetas, y representará al Espíritu Santo y a los mismos ángeles, para elevar nuestra mente por medio de las cosas sensibles a las espirituales.

Los que utilizan Ex. 20,4 contra la práctica de la Iglesia, nos suponen, o se suponen a sí mismos, con la misma mentalidad de los antiguos hebreos o gentiles.

La Iglesia, conocedora de la naturaleza humana e inspirada en el Espíritu Santo, se sirve de las artes para elevar las almas a Dios, como lo hacía la Ley mediante la suntuosidad del tabernáculo y del templo, y la solemnidad de las funciones sagradas.

Llegados a este punto, es necesario hacer notar que en Ex. 20,4 hay dos prohibiciones y no sólo una: Prohíbe adorar una imagen y también construirla, por lo cual los evangélico-protestantes faltan también a este mandamiento cuando hacen ilustraciones de Dios el padre, Jesús, etc.; según su interpretación.

Pero, siguiendo el relato Bíblico, vemos que más tarde, Dios mismo manda a construir imágenes, no solo como adorno, sino como representación de la Divinidad y como identificación de lo sagrado.

 

Veamos algunos ejemplos:

– En la construcción del arca de la alianza también usaron imágenes:

Éxodo 25,18-22 Harás dos querubines de oro, de oro batido, a los dos extremos del propiciatorio, uno al uno, otro al otro lado de él. Los dos querubines estarán a los dos extremos. Estarán cubriendo cada uno con sus alas desde arriba el propiciatorio, de cara el uno al otro, mirando al propiciatorio. Pondrás el propiciatorio sobre el arca, encerrando en ella el testimonio que yo te daré. Allí me revelaré a ti, y de sobre el propiciatorio, de en medio de los querubines, te comunicaré yo todo cuanto para los hijos de Israel te mandare.”

 

– Dios ordenó a su pueblo construir imágenes con fines curativos y sagrados, como la serpiente de bronce

Números 21,8-9 … y Yahvé dijo a Moisés: “Hazte una serpiente de bronce y ponía sobre un asta, y cuantos mordidos la miren, sanarán.” Hizo, pues, Moisés una serpiente de bronce y la puso sobre un asta; y cuando alguno era mordido por una serpiente, miraba a la serpiente de bronce y se curaba.”

 

– Josué en compañía de los ancianos de Israel, se arrodilló delante del arca (y por ende también delante de las imágenes) para hacer oración al Señor

Josué 7,6 Josué rasgó sus vestiduras, y se postró rostro en tierra ante el arca de Yahvé, hasta por la tarde, él y los ancianos de Israel, y echaron polvo sobre sus cabezas.

 

– En el templo de Jerusalén fueron construidos dos Querubines

1Reyes 6,23-28 Hizo en el santuario dos querubines de madera de olivo. La altura de uno era de diez codos, e igualmente de diez codos la del otro. Cinco codos era el largo de una de las alas del querubín y cinco el de la otra, haciendo en todo diez codos, desde la punta de una ala hasta la punta de la otra. El segundo querubín tenía también diez codos. La medida y la forma eran las mismas para ambos querubines. Puso los querubines en medio de la casa, en el espacio interior. Tenían las alas desplegadas, y la punta del ala del primero tocaba al uno de los muros, y la punta del ala del segundo al otro muro, tocándose una a otra las otras dos alas en el medio de la casa. También cubrió de oro los querubines. Hizo esculpir todo en torno de la casa, en los muros, por dentro y por fuera, querubines, palmas y guirnaldas de flores.

 

Pregunto, ¿Cómo pudo Dios “habitar” en un templo que estaba plagado de imágenes si el consideraba idolatría el uso de las mismas? ¿Cómo pudo Dios poner Su Nombre en un lugar que contradecía abiertamente el mandato establecido en Ex. 20,4?

1Re 9,1-3  Cuando hubo acabado Salomón la casa de Yahvé, la casa real y todo cuanto se había propuesto hacer, se apareció Yahvé por segunda vez a Salomón, como se le había aparecido en Gabaón, y le dijo: “He oído tu oración, el ruego que has hecho ante mí. He santificado esa casa que has edificado, para poner en ella mi nombre para siempre, y en ella estarán siempre mis ojos y mi corazón.

La idolatría no pasa por el uso o mal uso que uno le de a una imagen u objeto, la idolatría también pasa por otros factores de nuestra vida y muchas veces pasa desapercibido, hasta por el evangélico más fundamentalista.

Las personas, el dinero, el desinterés por el prójimo, la soberbia son algunos de los ejemplos de la idolatría actual.

Dios condena la idolatría del corazón y así debieron haberlo entendido los primeros cristianos, pues no vacilaron en hacer retratos y esculturas de Jesús y los apóstoles.

Lo expresado en Ex. 20,4 ¿es lo único que se encuentra en la Biblia con respecto a las imágenes? La verdad es que no.

Sal 81,10  No haya en ti dios ajeno, no adores a ningún dios extranjero.

Lev 19,4 No os volváis hacia los ídolos, ni os hagáis dioses de metal fundido. Yo, Yahvé, vuestro Dios.

Lev 26,1 “No os hagáis ídolos, ni erijáis imágenes o estelas, ni coloquéis en vuestra tierra piedras grabadas para postraros ante ellas, porque yo soy Yahvé, vuestro Dios.

Deu 4,15-19 Tened mucho cuidado: puesto que no visteis figura alguna el día en que Yahvé os habló en el Horeb de en medio del fuego, no vayáis a pervertiros y os hagáis alguna escultura de cualquier representación que sea: figura masculina o femenina, figura de alguna de las bestias de la tierra, figura de alguna de las aves que vuelan por el cielo, figura de alguno de los reptiles que se arrastran por el suelo, figura de alguno de los peces que hay en las aguas debajo de la tierra. Cuando levantes tus ojos al cielo, cuando veas el sol, la luna, las estrellas y todo el ejército de los cielos, no vayas a dejarte seducir y te postres ante ellos para darles culto. Eso se lo ha repartido Yahvé tu Dios a todos los pueblos que hay debajo del cielo.

Deu 27,15  “¡Maldito quien haga escultura o imagen fundida, abominación a Yahvé, obra de artífice, y la ponga en lugar oculto!” Y todo el pueblo responderá: “¡Amén!”

 

Entonces, ¿qué tiene que decir el católico con respecto a esto?

Dios en su infinita sabiduría y misericordia, nos advierte acerca de tener otros dioses fuera de Él. Para quienes no lo saben o no lo quieren saber, el católico no convierte a las imágenes en dioses o semidioses. El católico no adora a las imágenes ni venera a las imágenes en sí, sino que presenta un respeto muy especial por las personas a quienes éstas representan.

Lo mismo es como cuando alguien, mirando una foto de alguien que no está, se emociona o recuerda lo bueno que hizo en la vida o lo bien que se portó con nosotros. No por eso convertimos esa foto en un ídolo o un dios.

La idolatría en el Nuevo Testamento, no solo está enfocada en la adoración de falsos dioses o la construcción de imágenes, también está asociada a otros ámbitos de la vida:

Efe 5,5  Pues habéis de saber que ningún fornicario, o impuro, o avaro, que es como adorador de ídolos, tendrá parte en la heredad del reino de Cristo y de Dios.

Col 3,5 Por tanto, mortificad cuanto en vosotros es terreno: fornicación, impureza, pasiones, malos deseos y la codicia, que es una idolatría,

 

La vida del católico se unifica en la adoración del Dios Único. El mandamiento de adorar al único Señor da unidad al católico y lo salva de una dispersión infinita. La idolatría es una perversión del sentido religioso innato en el hombre. El idólatra es el que “aplica a cualquier cosa, en lugar de a Dios, la indestructible noción de Dios.”

Existe una diferencia esencial entre la idolatría y la veneración de imágenes practicada en la Iglesia Católica, mientras que el idólatra atribuye divinidad o poderes divinos a la imagen que reverencia, el católico sabe que en las imágenes no hay divinidad ni poder sobrenatural.

Por lo tanto, sería interesante que se informaran más antes de criticar o juzgar al católico, más teniendo en cuenta los mandatos del Señor:

Mt 7,1-2  No juzguéis y no seréis juzgados, porque con el juicio con que juzgareis seréis juzgados y con la medida con que midiereis se os medirá.

 

 

Paz y bien.

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