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​LA SANTIDAD DEL SACERDOCIO


Desde la Antigua Ley, la persona del sacerdote es cercada de una dignidad que requiere vida ejemplar. Así, en el Libro del Levítico, encontramos un doble apelo a la santidad. De un lado, a las órdenes de Dios, Moisés exhorta al pueblo de Israel a buscar la perfección: “Habla a toda la comunidad de los israelíes y les dice: Sed santos, porque Yo, el Señor vuestro Dios, soy santo” (Lv 19, 1). Pero a los sacerdotes la santidad es exigida con más razón, porque son ellos quienes ofrecen los sacrificios, haciendo el papel de intermediarios entre Dios y el pueblo. Presentarse manchado por el pecado delante del Altísimo, para ejercer el ‘munus’ sacerdotal, sería una ofrensa al Creador. “Los sacerdotes […] serán santos para su Dios y no profanarán su nombre, porque ofrecen al Señor los sacrificios consumidos por el fuego, el pan de su Dios. Serán santos” (Lv 21, 5-6).

Y dado que el Antiguo Testamento es figura del Nuevo, se comprende la necesidad de que, en la Nueva Alianza, la santidad alcance un grado mucho mayor. Esto trasparece de la teología tomista, la cual nos presenta el ministro ordenado como habiendo sido elevado a una dignidad regia, en medio de los otros fieles de Cristo, pues lo representa y, en diversas ocasiones, actúa in persona Christi… imposible, por tanto, imaginarse título superior. Y como él es llamado a ser mediador entre Dios y los hombres, además de guía de estos para las cosas divinas, debe necesariamente serles superior en santidad, aunque todos los bautizados sean también llamados a la perfección.
San Alfonso de Ligorio, en su obra La Selva, fundamentándose en la autoridad de Santo Tomás, esboza la figura del sacerdote como aquel que, por su ministerio, supera en dignidad a los propios Ángeles, y por eso está obligado a una mayor santidad, dado su poder sobre el Cuerpo de Cristo. De donde, concluye el fundador de los Redentoristas, la necesidad de una dedicación integral del sacerdote a la gloria de Dios, de tal suerte que brille a los ojos del Señor en razón de su buena consciencia y a los ojos del pueblo por su buena reputación.[1]
Sobre eso además, recuerda la doctrina tomista la necesidad de los ministros del Señor tener una vida santa: “In omnibus ordinibus requiritur sanctitas vitæ”.[2] Deben, por tanto, sobre todo ellos, ser lo más posible semejantes al propio Dios: “Sed perfectos así como vuestro Padre Celestial es perfecto” (Mt 5, 48). Y prosigue:
Dice Dionisio: “Así como las más sutiles y más puras esencias, penetradas por el influjo de los esplendores solares, derraman sobre los otros cuerpos, a semejanza del Sol, su luz supereminente, así también, en todo ministerio divino, nadie pretenda ser guía de los otros sin ser, en toda su manera de comportarse, muy semejante a Dios”. […] Por eso, la santidad de vida es requerida en el Orden [sacerdotal] como necesidad de precepto. Pero no para la validez del sacramento. [3]
Son conocidas las invectivas de Nuestro Señor contra los escribas y fariseos. Lo que Jesús recriminaba a estos hombres, tan conocedores de la Ley, era justamente el hecho de no vivir aquello que enseñaban. Pretendiendo aparecer a los ojos de los otros como eximios cumplidores de los preceptos mosaicos, no tenían recta intención, ni verdadero amor a Dios. Sus ritos externos no eran acompañados por la compunción del corazón. Para que los sacerdotes de la Nueva Alianza no caigan en el mismo desvío, conviene recordar el comentario a las Sentencias de Pedro Lombardo, en que Santo Tomás afirma: “Aquellos que se entregan a los ministerios divinos obtienen una dignidad regia y deben ser perfectos en la virtud, conforme se lee en el Pontifical”. [4]
De ahí que en la homilía sugerida en el rito de ordenación presbiteral esté incluida esta tocante exhortación:
Tomad consciencia de lo que hacéis, y poned en práctica lo que celebráis, de modo que, al celebrar el misterio de la muerte y resurrección del Señor, os esforcéis por mortificar vuestro cuerpo, huyendo a los vicios, para vivir una vida nueva.[5]
La caridad de Cristo lo llevó a ofrecer la vida en holocausto en el patíbulo de la Cruz, por la redención de la humanidad. También aquellos que son llamados a ser mediadores entre Dios y los hombres, deben ejercer su ministerio por amor, como enseña el Aquinate:
Compete a los prelados de la Iglesia desear, en el gobierno de sus subalternos, servir solamente a Cristo, por cuyo amor apacientan sus ovejas, como dice San Juan (21, 15): “Si me amas, apacienta mis ovejas”. Les cabe también dispensar al pueblo las cosas divinas, conforme se lee en 1 Cor 9, 17: “Es una misión que me fue impuesta”; bajo este punto de vista, son mediadores entre Cristo y el pueblo. [6]
El sacerdote, por tanto, es llamado a un grado de santidad especial: “Por el Orden sagrado, el clérigo es consagrado a los ministerios más dignos que existen, en los cuales él sirve a Cristo en el Sacramento del altar, lo que exige una santidad interior mucho mayor que la exigida en el estado religioso”. [7]
También en el Concilio Vaticano II se advierte que los sacerdotes, “imitando las realidades con que lidian, lejos de ser impedidos por los cuidados, peligros y tribulaciones del apostolado, deben antes por ellos elevarse a una santidad más alta”. [8] El ejercicio de su ‘munus’ sacerdotal será, pues, el mejor instrumento de santificación: “Crezcan en el amor de Dios y del prójimo con el ejercicio de su deber cotidiano”. [9]
Para la santificación y eficacia del sacerdote, la gracia sacramental tiene un papel determinante, pues le da oportunidad de recibir auxilios sobrenaturales más intensos para cumplir su función de santificar las almas y, al mismo tiempo, unirse de forma más íntima a Cristo Sacerdote, no solo instrumentalmente, en consecuencia del carácter sacramental, sino configurándose a Cristo por la caridad, de modo a poder decir con San Pablo: “Ya no soy yo que vivo, es Cristo que vive en mi” (Gl 2, 20).
 

Por Monseñor João Clá Dias, EP
(in CLÁ DIAS, João. A Santidade do sacerdote à luz de São Tomás de Aquino. in: LUMEN VERITATIS. São Paulo: Associação Colégio Arautos do Evangelho. n. 8, jul-set 2009. p. 11-14.)
…………………………………………………..
[1] Cf. LIGÓRIO, Santo Afonso Maria de. A Selva. Porto: Fonseca, 1928, p. 6. O Autor remete aos seguintes pontos das obras de São Tomás:S Th III, q. 22, a. 1, ad 1; Super Heb. cap. 5, lec. 1; S Th II-II, q. 184, a. 8; S Th Supl. q. 36, a. 1.

[2] S Th Supl. q. 36, a. 1.

[3] Idem.

[4] IV Sent. d. 24, q. 2.

[5] Pontifical Romano. Rito de Ordenação de Diáconos, Presbíteros e Bispos, n. 123. São Paulo: Paulus, 2004.

[6] Super I Cor. cap. 4, lec. 1.

[7] S Th II-II, q. 184, a. 8., Resp.

[8] LG, n. 41.

[9] Idem.
 fuente: gaudiumpress

POR QUE GUARDAR EL DOMINGO Y NO EL SABADO?

Una respuesta rápida al santo y justísimo motivo de que la Iglesia guarde el domingo y no el sábado judío, es que Jesucristo resucitó en Domingo, – entonces el primer día de la semana – inaugurando así la “Nueva Creación” libre del pecado, la nueva y eterna Alianza entre Dios y la humanidad.

Así, el Domingo, el Día del Señor, es la plenitud del Sábado de los judíos, igual que el Nuevo Testamento es la plenitud y el cumplimiento del Antiguo, y Cristo es la consumación de toda la historia de la salvación, desde Adán hasta el fin de los tiempos y el Juicio final.

Igual que el Antiguo Testamento es figura del Nuevo; el Sábado judaico es figura del Domingo cristiano. No lo niega, sino que es su verdad espiritual y anuncia el descanso eterno del hombre en Dios (CIC§2175). Domingo viene del latín Dominus dies, día del Señor.

El domingo cristiano empieza ya con la puesta del sol del sábado. Esa es la razón por la que es “válida” la misa de la tarde del sábado para el domingo. Para quienes rezan el Oficio Divino, es fácil comprobar que el rezo de las vísperas del sábado recibe el nombre de Primeras Vísperas del Domingo.

La celebración del domingo en lugar del sábado no se “inventó” en tiempos de Constantino, sino que es atestiguada desde el principio por la misma Biblia:

• En los Hechos de los Apóstoles (20,7): “En el primer día de la semana, estando reunidos para la fracción del Pan (esto es, la Eucaristía)…”.

• En Apocalipsis (1,10), San Juan dice: “En el día del Señor (domingo), fui movido por el Espíritu…”.

• En 1Cor 16,2, San Pablo Apóstol confirma que la colecta cultual se hacía “en el primer día de la semana” (domingo).

Se trata de una cuestión tan elemental, que también la iglesia ortodoxa y las protestantes históricas (más antiguas) guardan igualmente el Día del Señor, – o Domingo santificado, – y no el Sábado.

San Ignacio de Antioquía (107), mártir en el Coliseo de Roma y obispo de la Iglesia primitiva, lo dice claramente:

 “Los que vivían según el orden antiguo de las cosas se volvieron a una nueva esperanza, ya no observando el sábado, sino el Día del Señor, en el cual nuestra vida fue bendecida, por Él y por su muerte” (A los Magnesios 9,1)

S. Justino (165) mártir dice lo mismo:

“Nos reunimos el ‘día del Sol’, porque es el primer día después del Sábado de los judíos, pero también el primer día en que Dios, sacando la materia de las tinieblas, creó el mundo y, en este mismo día, Jesucristo, nuestro Salvador, resucitó de entre los muertos” (Apología 1,67)

También San Jerónimo (420), Confesor y doctor de la Iglesia, atestigua la praxis sempiterna de la Iglesia:

“El Día del Señor, el Día de la Resurrección, el Día de los Cristianos, es nuestro día. Por eso se llama Día del Señor: fue en ese día cuando el Señor subió victorioso junto al Padre. Si los paganos lo denominam Día del Sol, también nosotros lo confesamos de buen grado: pues hoy se levantó la Luz del Mundo, hoy apareció el Sol de Justicia cuyos rayos traen la salvación”. (CCL, 78,550,52)

Así que tanto las Sagradas Escrituras como el testimonio de toda la documentación histórica, juntamente con la sagrada Tradición apostólica nos muestran que, desde la Resurrección del Señor, la Iglesia siempre guardó y continua guardando no el Sábado judaico, sino el Domingo de la Resurrección y del establecimiento de la Nueva y Eterna Alianza como Día del Señor.

 

Fuente: aleteia

EL ORIGEN DEL SANTO ROSARIO

​El rezo del Santo Rosario surge aproximadamente en el año 800 a la sombra de los monasterios, como Salterio de los laicos. Dado que los monjes rezaban los salmos (150), a los laicos, los cuales en su mayoría no sabían leer, se les enseñó a rezar 150 Padres nuestros. Al pasar el tiempo, se formaron otros tres salterios con 150 Aves Marías, 150 alabanzas en honor de Jesús y 150 alabanzas en honor de María.

En el año 1365 se hizo una combinación de los cuatro salterios, dividiendo las 150 Aves Marías en 15 decenas y poniendo un Padre nuestro al inicio de cada una de ellas. En 1500 se estableció, para cada decena, la meditación de un hecho de la vida de Jesús o María, y así surgió el actual Rosario de quince misterios.

La palabra Rosario significa ‘Corona de Rosas’. La Virgen María ha revelado a muchas personas que cada vez que rezan un Ave María le entregan una rosa y por cada Rosario completo le entregan una corona de rosas. La rosa es la reina de las flores, así que el Rosario es la rosa de todas las devociones y por lo tanto es la más importante.


El Santo Rosario es considerado como la oración perfecta porque junto con el esta aunada la majestuosa historia de nuestra salvación. Con el rosario de hecho, meditamos los misterios de gozo, de dolor y de gloria de Jesús y María. Es una oración simple, humilde como María. Es una oración que podemos hacer con ella, la Madre de Dios. Con el Ave María la invitamos a que rece por nosotros. La Virgen siempre nos otorga lo que pedimos. Ella une su oración a la nuestra. Por lo tanto, ésta es más poderosa, porque María recibe lo que ella pide, Jesús nunca dice no a lo que su madre le pide. En cada una de sus apariciones, nos invita a rezar el Rosario como una arma poderosa en contra del maligno, para traernos la verdadera paz.

El Rosario esta compuesto de dos elementos: oración mental y oración verbal.En el Santo Rosario la oración mental no es otra cosa que la meditación sobre los principales misterios o hechos de la vida, muerte y gloria de Jesucristo y de su Santísima Madre.

La oración verbal consiste en recitar quince decenas (Rosario completo) o cinco decenas del Ave María, cada decena encabezada por un Padre Nuestro, mientras meditamos sobre los misterios del Rosario.

La Santa Iglesia recibió el Rosario en su forma actual en elaño 1214 de una forma milagrosa: cuando la Virgen se apareciera a Santo Domingo y se lo entregara como un arma poderosa para la conversión de los herejes y otros pecadores de esos tiempos. Desde entonces su devoción se propagó rápidamente alrededor del mundo con increíbles y milagrosos resultados.

Fuente: ACI

LITURGIA

ARRODILLARSE EN MISA
En la liturgia, hay distintos momentos en que todos los fieles se ponen de rodillas. Es un modo de participación exterior, activa, en que el cuerpo nos ayuda a vivir las realidades interiores. Así, de rodillas, se pide perdón, se ruega, se hace penitencia y de rodillas también se adora.               
Por eso participar es también ponerse de rodillas en los momentos que la liturgia prescribe.                
Una súplica intensa y urgente queda reforzada con la actitud humilde de quien se arrodilla, humillándose, para lograr ser escuchado (cf. 2R 1,13). Es también el gesto de quien invoca a Dios, le suplica, eleva sus preces: Salomón reza una larga plegaria ante el altar del Señor “donde había estado arrodillado con las manos extendidas hacia el cielo” (1R 8,54); Daniel, “se ponía de rodillas tres veces al día, rezaba y daba gracias a Dios como solía hacerlo antes” (Dn 6,11); Ana se postra ante el Señor pidiendo un hijo (1S 1,19; 1,28).               
Ante Jesús mismo, el padre del paralítico implora la curación de su hijo “cayendo de rodillas” (Mt 17,14-15) y también del leproso que pide su sanación “suplicándole de rodillas” (Mc 1,40), así como un jefe de los judíos “se arrodilló ante él” pidiendo la curación de su hija a la que, finalmente, resucitó porque ya había fallecido (cf. Mt 9,18-26).               


El mismo Cristo, en su angustia ante la muerte, reza de rodillas al Padre en Getsemaní (cf. Lc 22,41) y el apóstol Pedro reza de rodillas antes de resucitar a Tabita (cf. Hch 9,40). En la playa de Tiro, antes de despedirse Pablo y embarcar, todos se arrodillan y rezan (cf. Hch 21,5).                
La petición de perdón, suplicando misericordia, se hace también de rodillas, como gesto penitencial elocuente y claro. Esdras invoca así el perdón de Dios: “con mi vestidura y el manto rasgados, me arrodillé, extendí las palmas de mis manos hacia el Señor, mi Dios, y exclamé: ‘Dios mío estoy avergonzado y confundido…’” (Esd 9,5-6; 10,1). Junto a las lamentaciones y el ayuno, postrarse de rodillas es uno de los gestos penitenciales ante Dios (2M 13,12). De rodillas tiene mayor fuerza la súplica del perdón, como aparece en la parábola en que el rey ajusta cuentas con dos de sus criados y uno de ellos, después, no tiene misericordia con el otro (cf. Mt 18,21-34).              
La adoración está vinculada espontáneamente al gesto de arrodillarse, de modo que uno se empequeñece ante la grandeza de Dios, a quien se reconoce como Único y Santo. La adoración busca un modo de expresarse ante Dios y la liturgia lo ha hallado, en el rito romano, y en la piedad personal, mediante la postura de rodillas.               
Cuando pasa el Señor y cubre con su mano a Moisés, éste “cayó de rodillas y se postró” (Ex 34,8) ante la majestad de Dios y el pueblo entero “se postró en señal de adoración” ante la promesa de liberación de Dios (Ex 4,31). El profeta Elías sube hasta el monte Carmelo buscando al Dios vivo e implorando la lluvia, “para encorvarse hacia tierra, con el rostro entre las rodillas” (1R 18,42). Doblar las rodillas ante Dios es reconocer su señorío, sin embargo doblarlas ante los ídolos es hacerse esclavo de ellos y recibir el rechazo de Dios (cf. 1R 19,18).               
En adoración, el pueblo está de rodillas mientras se ofrece el holocausto, y terminado éste, el rey y los sacerdotes también se postran: “toda la comunidad permaneció postrada hasta que se consumió el holocausto; se cantaban cánticos y sonaban las trompetas. Consumido el holocausto, el rey y su séquito se inclinaron y adoraron” (2Cron 29,28-29). Ante Dios “se doblará toda rodilla” (Is 45, 23), ante El “postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro” (Sal 94). A Dios le adora el pueblo de Israel postrándose ante Él (Jdt 6,18; 13,17).               
En la Iglesia, quienes participen en la asamblea litúrgica y oigan los cantos, vean las profecías, escuchen el don de lenguas, etc., caerá de rodillas adorando a Dios, postrado, reconociendo la presencia de Dios (cf. 1Co 14,24-25). San Pablo, “dobla sus rodillas” (Ef 3,14) ante el Padre por su designio de salvación y la revelación que nos ha entregado y al nombre de Jesús, exaltado a la derecha del Padre, “toda rodilla se doble” (Flp 2,10), como fue adorado por los Magos que “de rodillas” le entregaron sus dones: oro, incienso y mirra (Mt 2,11); después de la tempestad calmada, los discípulos en la barca “se postraron ante él diciendo: ‘Realmente eres Hijo de Dios’” (Mt 14,33) reconociendo su divinidad. En el cielo, la liturgia celestial del Apocalipsis, los veinticuatro ancianos de rodillas, se postran, adorando (cf. Ap 4,10; 5,8).               
Todos estos significados se entrecruzan y se realizan en la liturgia.
 

Fuente: ReL

​SOBRE LA VENERACION DE LAS RELIQUIAS

¿Por qué guardan los católicos huesos, cabello, ropa o incluso sangre de santos en estuches de oro brillante? ¿No condenaba Dios la idolatría? Si bien muchas personas, tanto protestantes como católicas, se sienten a menudo confusas acerca de la práctica de venerar reliquias, se trata de una tradición muy arraigada a la Biblia.

 

¿Qué son las reliquias?
Las reliquias son objetos conectados a un santo y se pueden clasificar en tres clases. Una reliquia de primera clase es todo o parte de los restos físicos de un santo. Esto puede ser un trozo de hueso, un vial de sangre, un mechón de pelo o incluso el cráneo o el cuerpo incorrupto.

Una reliquia de segunda clase es cualquier objeto que el santo utilizase con frecuencia (ropa, por ejemplo). 

Una reliquia de tercera clase es cualquier objeto que haya tocado una reliquia de primera o segunda clase.

Los católicos conservan las reliquias de santos y se cree que la gracia de Dios fluye a través de dichos objetos hacia las almas devotas que los veneran.

 

¿En qué parte de la Biblia aparecen las reliquias?
El uso de objetos relacionados con una persona santa se remonta hasta el Antiguo Testamento. En él aparece un episodio del Libro Segundo de los Reyes, donde aparece el uso de reliquias.
“Eliseo murió y lo sepultaron. Ya entrado el año, vinieron bandas armadas de moabitas a la tierra. Aconteció que estaban unos sepultando a un hombre cuando súbitamente vieron una banda armada; entonces arrojaron el cadáver en el sepulcro de Eliseo. Pero tan pronto tocó el muerto los huesos de Eliseo, revivió y se puso en pie” (2 Reyes 13:20-21).

Incluso en el Nuevo Testamento aparece cómo Dios utiliza objetos para obrar curaciones. En el Evangelio de Marcos aparece cómo se cura una mujer al tocar el manto de Jesús.

[…] cuando oyó hablar de Jesús se acercó por detrás entre la multitud y tocó su manto, porque decía ‘Si toco tan sólo su manto, seré salva’. Inmediatamente la fuente de su sangre se secó, y sintió en el cuerpo que estaba sana de su azote” (Marcos 5:27-29).

Existen otros ejemplos en las vidas de los apóstoles donde se muestra claramente cómo Dios obra milagros a través de objetos conectados a un santo.
 

¿Las reliquias tienen poder?
Aunque la Iglesia anima a la veneración de reliquias, es importante recordar que no es el objeto en sí el que ejerce la curación. Un trozo de hueso no puede curar a una persona con cáncer terminal. Sin embargo, Dios puede utilizar una reliquia de un santo para curar, de la misma forma que utilizó su manto para curar a la mujer con hemorragia. La reliquia es un instrumento del poder milagroso de Dios.
Comprender la fuente del poder evita que las personas adoren el objeto y eleva sus almas hacia Dios.
 

¿La Iglesia ha apoyado esta práctica a través de los tiempos?
La Iglesia ha defendido la veneración de reliquias desde el principio. Una carta escrita tras el martirio de san Policarpo en el 156 a. C. explica cómo los fieles veneraban sus huesos y tenían un cuidado especial con ellos.

“Y así nosotros, después, recogimos sus huesos, que son mucho más valiosos que piedras preciosas y que oro refinado, y los pusimos en un lugar apropiado; donde el Señor nos permitirá congregarnos, según podamos, en gozo y alegría, y celebrar el aniversario de su martirio”.

En su carta a Riparius, san Jerónimo († 420 A. D.) escribió en defensa de las reliquias: “Nosotros no veneramos, no adoramos, por temor a que debemos inclinarnos a las criaturas antes que al Creador, pero veneramos las reliquias de los mártires a fin de adorarlo a través de sus mártires que están con ellas”.
La Iglesia se reafirma en esta práctica en el Directorio sobre la piedad popular más reciente.

“El Concilio Vaticano II recuerda que ‘de acuerdo con la tradición, la Iglesia rinde culto a los santos y venera sus imágenes y sus reliquias auténticas’. […] Las diversas formas de devoción popular a las reliquias de los Santos, como el beso de las reliquias, adorno con luces y flores, bendición impartida con las mismas, sacarlas en procesión, sin excluir la costumbre de llevarlas a los enfermos para confortarles y dar más valor a sus súplicas para obtener la curación, se deben realizar con gran dignidad y por un auténtico impulso de fe”.
En definitiva, las reliquias de los santos nos permiten acercarnos a aquellos hombres y mujeres santos del pasado y Dios utiliza estos objetos para bendecir de forma especial a las almas fieles. No se deben adorar, pues su propósito es guiarnos hacia la adoración definitiva de un único Dios.
 

fuente: Aleteia

DIOS Y LAS IMAGENES

1. No diremos más “¡Dios nuestro!” a la obra de nuestras manos

Hay un texto de la Biblia, Oseas 14, 2-10, en que el profeta del amor de Dios nos sigue mostrando el corazón compasivo de nuestro Dios y nos enseña una oración breve para pedir perdón a Dios, expresándole nuestro arrepentimiento y propósito de enmienda.

El versículo 4 es muy importante para dilucidar el tema de la idolatría:

Asiria no nos salvará, ya no montaremos a caballo, ni diremos más “¡Dios nuestro!” a la obra de nuestras manos, porque sólo en ti el huérfano encuentra compasión (Os 14, 4).

La idolatría consiste en darle a la imagen un culto equivocado. Como se nota en este pasaje bíblico, la idolatría consiste en llamar “Dios” a lo que hemos hecho con nuestras manos.

En la Iglesia católica no adoramos a las imágenes ni pensamos que sean dioses, ni les damos ese nombre, que sólo corresponde al Altísimo.

2. Excavan unos mosaicos deslumbrantes en una antigua sinagoga de Israel

El 7 de julio de 2016, The National Geographicpublicó, en su sitio de Internet una importante noticia sobre el hallazgo de unos bellísimos mosaicos en una antigua sinagoga del norte de Israel. Este es el link de la noticia (
http://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/excavan-unos-mosaicos-deslumbrantes-antigua-sinagoga-israel_9537 ).

Los mosaicos, ubicados en la nave central de la sinagoga, representan dos relatos bíblicos: el Arca de Noé y la separación de las aguas del mar Rojo por Moisés.

En el panel del Arca de Noé aparece la legendaria embarcación rodeada de pares de animales como elefantes, leopardos, burros, serpientes, osos, leones, avestruces, camellos, ovejas y cabras.

En el panel del mar Rojo aparecen los soldados del faraón y unos peces grandes que se los intentan tragar, además de carros de guerra volcados con sus respectivos caballos y sus conductores.

Esto nos ayuda a recordar que Dios prohíbe los ídolos (Ex 20, 4; Salmo 115, Salmo 135, etc.), pero permite las imágenes ( Ex 25, 18; Nm 21, 8).

De hecho, hay, en hebreo, tres términos que nos ayudan a comprender mejor el tema.

  • Pesel
  • Tselem
  • Pittuach

Pesel (פֶסֶל) es el término bíblico para designar un ídolo. Es el término que aparece en Éxodo 20, 4 y en Deuteronomio 4, 15, entre otros. Pesel se refiere a un ídolo, a una imagen idolátrica, hecha con la finalidad específica de adorarla, como el becerro de oro (Ex 32).

Tselem (צֶ֫לֶם) es el término hebreo para imagen. Aparece, por ejemplo, en Génesis 1, 26, donde YHWH dice: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza.

Pittuach (פִּתּ֫וּחַ) es el término para grabado.

Tanto tselem como pittuach se refieren a imágenes representativas no idolátricas; es decir, no se las fabrica para adorarlas. Es lícito tener estas imágenes, como se ve en Éxodo 25, 18 a propósito de los querubines de oro, y en Números 21, 6-9, a propósito de la serpiente de bronce.

El hallazgo de la sinagoga que nos presentaThe National Geographic corresponde con lo que describe la Biblia a propósito del Templo de YHWH construido por el rey Salomón.

En el interior de la Casa, el cedro había sido esculpido en forma de calabazas y de guirnaldas de flores: todo estaba revestido de cedro y no se veían las piedras. El Santo de los Santos, en lo más interior de la Casa, había sido preparado para poner allí el Arca de la Alianza de Yavé. Delante del Santo de los Santos, que tenía diez metros de largo, diez de ancho y diez de alto, se levantó un altar de cedro recubierto de oro fino. Salomón revistió de oro fino el interior de la Casa y una cadena enchapada en oro cerraba el Santo de los Santos. Toda la Casa estaba pues recubierta de oro; también estaba recubierto de oro el altar ubicado delante del Santo de los Santos. En el Santo de los Santos puso dos Querubines de madera de olivo silvestre de cinco metros de alto. Cada una de las alas del querubín tenía dos metros y medio de largo, de manera que había cinco metros de una punta a la otra de las alas. El segundo querubín medía también cinco metros; ambos querubines tenían el mismo porte y la misma forma. La altura del primero y del segundo era de cinco metros. Salomón puso los querubines en el centro de la Casa, con las alas desplegadas; el ala del primero rozaba uno de los muros y el ala del segundo tocaba el otro muro, y sus alas se tocaban una con otra en el medio de la Casa. Salomón revistió de oro a los querubines. Hizo esculpir en relieve en todas las paredes de la Casa, por todo el derredor, tanto por fuera como por dentro, querubines, palmas y flores. Por dentro y por fuera, el piso de la Casa estaba recubierto de oro. Las puertas del Santo de los Santos eran de madera de olivo silvestre, el dintel y los postes ocupaban la quinta parte de la puerta, ambas puertas de madera de olivo silvestre estaban esculpidas con querubines, palmas y flores; todo estaba recubierto de oro, incluso los querubines y las palmas. De igual modo la entrada del Santuario estaba guarnecida de postes de madera de olivo silvestre, que ocupaban un cuarto de la puerta. Las dos puertas eran de madera de ciprés; cada una estaba constituida por dos paneles que se articulaban; allí habían esculpido querubines, palmas y flores, todo recubierto de oro. Se construyó el patio interior con tres hileras de piedra tallada y una hilera de postes de cedro. El año cuarto, en el mes de Ziv, se pusieron los cimientos de la Casa de Yavé, y en el undécimo año, en el mes de Bul, el mes octavo, se terminó el Templo con todos sus detalles, de acuerdo al plano que se había diseñado; Salomón construyó el Templo en siete años (1Reyes 6, 19-38).

Algo similar se lee en 1 Reyes 7, 25-51, donde se describen otros elementos de la Casa de Yavé, que manifiestan que el Pueblo de Israel tenía imágenes en el Templo. La arqueología nos presenta que en las sinagogas también había imágenes sagradas.

Un elocuente ejemplo lo tenemos en Dura-Europos, una población destruida hacia el 272 d.C. y descubierta en 1919, donde hay una capilla paleocristiana y una sinagoga. Pues bien, en ambas hay imágenes sagradas, como se puede ver en el siguiente enlace: https://es.wikipedia.org/wiki/Dura_Europos

Conclusión

Los católicos no tenemos Pesel (פֶסֶל). La Iglesia nunca nos ha enseñado que debemos adorar a las imágenes.

Los católicos tenemos Tselem (צֶ֫לֶם) y Pittuach (פִּתּ֫וּחַ), es decir, imágenes representativas, no idolátricas, a las que veneramos por las personas representadas por ellas.


Fuente: aleteia.org

EL APOCALIPSIS Y EL ANTICRISTO; UNA LECTURA MODERNA

¿La venida del Anticristo sobre la tierra? ¿La profecía sobre ese Ser que acabará con la humanidad? Parecerá paradójico… pero esto no es exactamente lo que cuenta el libro del Apocalipsis. La palabra “Anticristo” no aparece en este libro profético.

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DE LA DEVOCION A LA SUPERSTICION…

Si usted es de las personas que pone “de cabeza” cualquier imagen de san Antonio de Padua como una manera de obligarlo a conseguir novio o novia; si realiza ofrendas con 13 monedas el día de su fiesta; si escribe cartas detallando las cualidades que quiere para su futura pareja u otros rituales similares; debe saber que está cayendo en la superstición y posiblemente en idolatría.

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LA BIBLIA Y LAS IMAGENES SAGRADAS

Es frecuente la acusación, en el ámbito de la religión, de que las imágenes significan “idolatría”. Sin embargo, en la propia Biblia encontramos ejemplos de imágenes que nada tienen que ver con los ídolos.

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ADORACION A DIOS

Comencemos por decir que la adoración está reservada sólo a Dios. Sólo Él es digno y no cualquiera de sus siervos (Ap 19, 10). No debemos adorar a los santos, ángeles, creaturas, etc.
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SOBRE LA SANTISIMA TRINIDAD

1. La palabra Trinidad nace del latín

Proviene de la palabra latina “trinitas”, que significa “tres” y “triada”. El equivalente en griego es “triados”. Seguir leyendo “SOBRE LA SANTISIMA TRINIDAD”

SERA O NO SERA PECADO…?

Extensa es la lista de actos o situaciones por las cuales la gente se pregunta si tal cosa “es pecado o no”. Desde copiar en un examen hasta desperdiciar la comida, sin embargo, las situaciones se extienden a un número interminable, al punto de que muchas veces se puede caer en un serio fariseísmo [1] . Seguir leyendo “SERA O NO SERA PECADO…?”

PEDRO, ME AMAS?

Tras la Resurrección, Jesús confirmó a Pedro como el pastor universal de todo su rebaño, la Iglesia. Cuenta el evangelista san Juan que: “Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos.»”(Jn 21,15).

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CUANDO SE COMULGA BAJO AMBAS ESPECIES?

Normal y ordinariamente la comunión de los fieles se tiene que dar, sin importar que sea un día ferial o festivo, única y exclusivamente bajo la especie eucarística del pan.

Es decir el modo ordinario de administrar la comunión sigue siendo, bajo el pan consagrado (Canon, 925).

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EL CIRIO PASCUAL

La palabra “cirio” viene del latín “cereus”, de cera, el producto de la abejas. Al hablar de las “candelas”, aludíamos al uso humano y al sentido simbólico de la luz que produce los cirios, también en la liturgia cristiana. Seguir leyendo “EL CIRIO PASCUAL”

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