Contra el riesgo de entender la Santa Cena (Eucaristía) como un mero símbolo y como sacramento meramente conmemorativo tal como lo entendían Zwinglio y Calvino, Lutero afirma que en la Santa Cena se realiza un proceso de “consustanciación”; no en el sentido de que el pan y el vino se transformen (transustanciación) en cuerpo y sangre de Cristo, sino en el de que Cristo establece su residencia en el pan y en el vino.

Según la doctrina luterana, en la Cena del Señor encontramos a Cristo y él está realmente presente en este sacramento. Este encuentro siempre nuevo, no es, sin embargo, obra del sacerdote o del pastor que administra el sacramento, sino solamente de Dios.

De la delimitación dialéctica frente a las doctrinas luteranas surgió el canon tridentino sobre la transustanciación.

La “consubstanciación”, o sea, la presencia real, corpórea, del Cuerpo y Sangre de Cristo en la celebración de la Cena del Señor, en, con y bajo las substancias de pan y vino, en una unión que no es hipostática, ni de mezcla, ni de inclusión local, sino enteramente trascendente y misteriosa.

Lutero consideraba la Eucaristía desde la perspectiva cristológica de la encarnación y, por tanto, de la íntima unión entre las dos naturalezas. Admitía así una consustanciación: cuerpo y sangre de Cristo presentes junto con las sustancias de pan y vino.

La lucha contra los espiritualistas (1525) y la Disputa de Marburgo (1529) le llevan a acentuar más la presencia real afirmando la manducatio oralis et impiorum.

Las iglesias que continúan las enseñanzas de Lutero aceptan dos sacramentos: bautismo y comunión. En relación con la presencia real de Cristo en este último sacramento, creen en la «consustanciación», es decir, Cristo está presente únicamente por la fe en el pan y el vino durante el momento de la ceremonia, pero no al terminar la misma.

A Lutero se le hacía duro admitir el “cambio” de sustancia (transubstanciación) y prefería hablar de coincidencia o doble existencia (consustanciación o impanación).

En pocas palabras Lutero enseñó que la Eucaristía o Cena del Señor es la presencia real de Cristo en las especies de pan y vino, y a diferencia de la Iglesia Católica, él decía que el pan y vino no cambian de sustancia, sino que, con las especies de pan y vino se coexisten el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Con esto podemos decir que aunque muchas sectas actuales derivadas de la reforma o protestantismo, aunque dicen seguir las enseñanzas de Lutero, en realidad no han hecho más que aprovecharse de su doctrina en beneficio del “pastor” de turno desvirtuando totalmente la enseñanza cristiana.

Dicen ser cristianos nacidos de nuevo, pero no son más que una secta con enseñanzas y costumbres de hombres.

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