Origen y Significado

Este post surge como necesidad de aclarar o disipar dudas acerca de la Misa y que fueron planteadas por un no-católico.

La palabra misa proviene del latín missa, missio que quiere decir despedida, dejar libre, interrupción o conclusión de una reunión. Con las palabras “Ite, missa est” (Marchad, es la despedida) el sacerdote culminaba la celebración o reunión del pueblo cristiano.

Desde la edad media el nombre misa se popularizó como la celebración de la Sagrada Eucaristía.

¿Pero de donde reconoce sus orígenes la Misa o Celebración de la Eucaristía?

No hace falta ser un erudito o historiador para encontrar los orígenes de la Misa. Simplemente nos basta con tomar la Biblia y leer un poco.

Mt 14,19  Y mandó a la gente que se sentara en el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los entregó a los discípulos. Y los discípulos los daban a la gente.

Este pasaje está comentado en los 4 evangelios y es la prefiguración de la Eucaristía. Pero sin duda uno de los textos más importantes acerca de la Eucaristía y su institución lo encontramos en el Evangelio de Juan capítulo 6,48-58:

“Yo soy el pan de vida. Sus antepasados comieron el maná en el desierto, pero murieron: aquí tienen el pan que baja del cielo, para que lo coman y ya no mueran. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo. Los judíos discutían entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer carne?”. Jesús les dijo: “En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna, y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que es vida, me envió y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo. Pero no como el de vuestros antepasados, que comieron y después murieron. El que coma este pan vivirá para siempre.”

 

Así mismo nos encontramos con los pasajes de Mateo 26,26-28:

Mientras comían, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomen y coman; esto es mi cuerpo”. Después tomó una copa, dio gracias y se la pasó diciendo: “Beban todos de ella:” esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que es derramada por una muchedumbre, para el perdón de sus pecados.

Luego vemos que los apóstoles, una vez ascendido Jesús al Cielo, después de su resurrección comenzaron a reunirse en las casas para celebrar la Fracción del Pan, inicio de nuestras actuales Misas.

Veamos que nos cuenta la Biblia al respecto:

Hch 2,42  Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la convivencia, a la fracción del pan y a las oraciones.

Hch 20,7-11  El primer día de la semana estábamos reunidos para la fracción del pan, y Pablo, que debía irse al día siguiente, comenzó a conversar con ellos. Pero su discurso se alargó hasta la medianoche. Había bastantes lámparas encendidas en la pieza del piso superior donde estábamos reunidos. Un joven, llamado Eutico, estaba sentado en el borde de la ventana, y como Pablo no terminaba de hablar, el sueño acabó por vencerle. Se durmió y se cayó desde el tercer piso al suelo. Lo recogieron muerto. Pablo, entonces, bajó, se inclinó sobre él, y después de tomarlo en sus brazos, dijo: “No se alarmen, pues su alma está en él”. Subió de nuevo, partió el pan y comió. Luego siguió conversando con ellos hasta el amanecer, y se fue.

El texto más significativo de la Fracción del Pan o Celebración de la Eucaristía lo encontramos en 1 Corintios 10,16-20 y 1 Corintios 11,23-30:

“La copa de bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? Así, siendo muchos formamos un solo cuerpo, porque el pan es uno y todos participamos del mismo pan. Fíjense en los israelitas: para ellos comer de las víctimas es entrar en comunión con su altar.”

 1Co 11,23-30  Yo he recibido del Señor lo que a mi vez les he transmitido. El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan y, después de dar gracias, lo partió diciendo: “Esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes; hagan esto en memoria mía. De igual manera, tomando la copa, después de haber cenado, dijo: “Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Todas las veces que la beban háganlo en memoria mía”. Fíjense bien: cada vez que comen de este pan y beben de esta copa están proclamando la muerte del Señor hasta que venga. Por tanto, el que come el pan o bebe la copa del Señor indignamente peca contra el cuerpo y la sangre del Señor. Cada uno, pues, examine su conciencia y luego podrá comer el pan y beber de la copa. El que come y bebe indignamente, come y bebe su propia condenación por no reconocer el cuerpo. Y por esta razón varios de ustedes están enfermos y débiles y algunos han muerto.

 

Jesucristo quiso dejar a su Iglesia un sacrificio visible por el que se representara el sacrificio cruento de la Cruz, permaneciese su recuerdo hasta el fin de los siglos y se aplicase su virtud salvadora para remisión de nuestros pecados cotidianos; así lo manifestó en su última Cena, en la que quedó instituida la Eucaristía.

En la celebración de la Eucaristía, es decir, en la Misa, por la transustanciación, se hace realmente presente en el altar Cristo mismo, sacerdote y víctima del sacrificio de la Cruz, con su perpetuo sacrificio interior, y a la vez se realiza la incruenta inmolación de Cristo que representa la que tuvo lugar cruentamente en el Calvario. Esta inmolación incruenta significa el sacrificio interno de Cristo que se hace presente en el altar, y nos hace recibir los frutos del único y perfecto sacrificio de la Cruz.

Recapitulando vemos que la misa es la reunión del Pueblo de Dios para celebrar la Eucaristía (1Co 11,25  De igual manera, tomando la copa, después de haber cenado, dijo: “Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Todas las veces que la beban háganlo en memoria mía.), leer las escrituras y predicar el Evangelio y orar. (Hch 2,42  Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la convivencia, a la fracción del pan y a las oraciones.)

Partes de la Misa actual:

La misa se divide en dos partes principales: la liturgia de la Palabra y la liturgia Eucarística.

La liturgia de la Palabra

Hch 2,42  Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la convivencia, a la fracción del pan y a las oraciones.

Es con la que inicia la Misa y consta de tres partes principales: las lecturas, la homilía y la oración de los fieles. En la primera parte de la misa, la liturgia de la palabra, conocemos los pensamientos y líneas de acción de Dios, escuchando su Palabra tomada de la Sagrada Escritura.

La primera lectura

Se toma generalmente del Antiguo Testamento o de los Hechos de los Apóstoles y nos sirve para entender muchas de las cosas que hizo Jesús.

La segunda lectura

Se toma del Nuevo Testamento, de las cartas que escribieron los primeros apóstoles. Esta segunda lectura nos sirve para conocer cómo vivían los primeros cristianos y cómo explicaban a los demás las enseñanzas de Jesús.

El Evangelio

Se toma de alguno de los cuatro Evangelios de acuerdo con el ciclo litúrgico y narra una pequeña parte de la vida o las enseñanzas de Jesús. Es aquí donde podemos conocer cómo era Jesús, qué sentía, qué hacía, cómo enseñaba, qué nos quiere transmitir. Esta lectura la hace el sacerdote o el diácono. El pueblo se pone de pie, demostrando una actitud interna de escucha atenta y respeto hacia Jesucristo, la Palabra viva de Dios.

La homilía

En este momento de la Misa, el sacerdote explica el significado de las tres lecturas y su aplicación en nuestras vidas.

La oración de los fieles

En este momento nos ponemos de pie, con la actitud interna de súplica al Padre y nos unimos a todas las personas que están en Misa para pedir juntos y en voz alta a Dios por cosas que nos interesan a todos.

La liturgia Eucarística

1Co 11,24  y, después de dar gracias, lo partió diciendo: “Esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes; hagan esto en memoria mía.”

1Co 11,25  De igual manera, tomando la copa, después de haber cenado, dijo: “Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Todas las veces que la beban háganlo en memoria mía.”

En la segunda parte de la misa, los miembros de la Iglesia revivimos la Pasión y Resurrección de Cristo, aunque sin derramamiento de sangre.

El ofertorio

En esta parte de la Misa, se llevan las ofrendas, el pan y el vino al altar y el sacerdote se las presenta a Dios ofreciéndoselas para que se conviertan en el Cuerpo y Sangre de Cristo.

La consagración

Es el momento más solemne de la Misa; en él ocurre el misterio de la transformación real del pan y el vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo. Dios se hace presente ante nosotros para que podamos estar muy cerca de Él.

La comunión

Jn 6,53  Jesús les dijo: “En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes.

Ante la grandeza de este sacramento, antes de comulgar, los fieles repetimos con humildad y con fe ardiente las palabras del centurión: “Señor, yo no soy digno de que entres a mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme” (Mt 8,8)

La comunión significa «común unión», pues al acercarnos a comulgar, además de recibir a Jesús dentro de nosotros, nos unimos a toda la Iglesia, a todos los cristianos en esa misma alegría y amor. Nunca hay que perder la oportunidad de comulgar, pues en la comunión recibimos el alimento que nos dará la vida eterna.

Silencio sagrado, bendición y despedida.

Después de la comunión, el sacerdote limpia los objetos sagrados y se guarda un momento de silencio en el que los fieles deben adorar y agradecer el don de la Eucaristía que acaban de recibir, reflexionando en la Palabra.

Al terminar el silencio, el sacerdote bendice al pueblo y lo despide con las palabras:

“Podéis ir en paz, la misa ha terminado. Id y anunciad al mundo las maravillas del Señor”

En este momento el pueblo se pone de pie en actitud de apertura a las gracias recibidas y de prontitud a cumplir con la misión.

Si has llegado a este punto y todavía tienes duda de si sirve para algo ir a misa o que la misa es sólo un invento del hombre, te recuerdo estas palabras de la Biblia, no como advertencia sino para que las tengas en cuenta:

Mt 4,4  Pero Jesús le respondió: “Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”

1Pe 2,2  Como niños recién nacidos, busquen la leche no adulterada de la Palabra; gracias a ella crecerán y alcanzarán la plenitud.

Rom 10,17  Por tanto, la fe viene de la predicación, y la predicación, por la Palabra de Cristo.

Jn 6,54  El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.

Pax et Bonum

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