San Antonio María Claret nos explica la Santa Misa no de forma “enciclopédica”, describiendo objetos, paramentos y ritos, sino de forma espiritual y esencial, comentando su profundo contenido: la Santa Misa es la Pasión de Cristo.
En las actuales celebraciones, hay diferencias en términos de rito y usos en comparación con la celebración descrita por el santo tal como se hacía en su tempo, pero la esencia de la Santa Misa es inmutable. Nos dice:

Breve explicación de los misterios que se representan en la Misa

El sacerdote, revestido con los sagrados paramentos, representa a Cristo, nuestro Redentor, en su sagrada Pasión.

El Amicto, con lo se cubre la cabeza cuando empieza a revestirse, simboliza la corona de espinas y el sudario que, cubriendo su Divino Rostro, escarnecieron los soldados que decían: “Adivina quién te ha pegado”.

El Alba simboliza el vestido blanco con que le trataron como un loco en la casa de Herodes, despreciándolo.

El Cíngulo o Cordón simboliza las cuerdas con que fue atado en el Huerto.

La Estola representa la cuerda que llevaba en el cuello, cuando le llevaron preso.

El Manípulo es el símbolo de la cuerda con que le sujetaron a la columna para azotarlo.

La Casulla simboliza el vestido de púrpura que le pusieron en la casa de Pilatos, estando ya coronado de espinas.

El Cáliz representa el sepulcro, y los Corporales el lienzo en que fue amortajado Su Cuerpo Santísimo.

El Introito, o entrada de la Misa, significa el gran deseo con que en el limbo esperaban los Santos Padres la venida de Cristo al mundo, para redimirles a ellos y a nosotros. Y, para significar sus clamores, dicen inmediatamente los Kyries, que, en nuestro idioma, significan: “Señor, ten misericordia de nosotros”.

El Glória in excelsis nos recuerda el regocijo de los ángeles y de los pastores en el Nacimiento de Cristo.

Las Oraciones que dice el sacerdote después del Dominus vobiscum son símbolo de las muchas veces que Cristo oró por nosotros durante su vida.

La Epístola significa la predicación de los Profetas, especialmente la del Bautista.

El Gradual, que es lo que se lee después de la Epístola, significa la solitud de Cristo en el desierto; y el Aleluya representa los servicios que le prestaron los ángeles después de las tentaciones del demonio, del que salió victorioso.

El Evangelio significa la predicación de Cristo. Para decir el Evangelio el misal pasa al otro lado del altar, para significar que Cristo pasaba de unos lugares a otros predicando el Evangelio. Cuando se lee el Evangelio estamos de pie, para significar la prontitud con que debemos obedecer la ley de Cristo, que se nos promulga en el Evangelio; al final del Evangelio se dice: Laus tibi, Christe, inclinando la cabeza en señal de sumisión.

El Credo es un compendio de lo que el cristiano debe creer; se arrodilla el sacerdote cuando dice “Et homo factus est”, para dar a entender la gran humildad del Señor en tomar nuestra naturaleza, y cuanto, por consiguiente, nos debemos humillar ante Dios, que es nuestro Señor.

El ofertorio que el sacerdote hace de la hostia y del cáliz nos recuerda la prontísima y entera voluntad con que Cristo se ofreció para padecer y morir por nosotros.

Al volverse el sacerdote al pueblo y decir Orate, frates, nos recuerda ese paso en que Cristo, después de haber orado en el huerto con sudor de sangre, se llegó a sus discípulos y les dijo: vigilad y orad, para no caer en tentación.

El Prefacio y el Sanctus simbolizan la entrada solemne y pública de Cristo en Jerusalén el día de Ramos, y el júbilo con que el pueblo le recibió.

En el Canon el sacerdote dice las oraciones en voz baja, recordándonos que Cristo se retiró de los judíos y fue, en secreto, con sus discípulos a Efrén; y también para inspirarnos gran respeto, porque es sabido que lo que se hace con demasiada publicidad se vulgariza, y con facilidad se desprecia.

Se eleva la hostia y el cáliz para recordarnos que Cristo fue levantado en la cruz.

El Pater Noster simboliza aquellas palabras que Cristo dirigió al Eterno Padre inmediatamente antes de expirar; así como ese poco tiempo que el sacerdote está en silencio después del Pater Noster significa el tempo que estuvo Cristo en el sepulcro, en que su alma descendió al seno de Abraham para dar libertad a las almas de los Santos Padres, que esperaban su venida.

El Pax Domini simboliza la aparición de Cristo a sus discípulos y a las Marías, después de la resurrección.

El Agnus Dei nos recuerda que Cristo, después de su Resurrección, subió a los cielos para ser allí nuestro abogado.

Las Oraciones finales que el sacerdote reza son símbolos de las que Cristo dirige en el cielo, en nuestro favor, al Eterno Padre.

El Ite Missa est significa que el sacerdote hace el oficio de embajador y de ministro enviado por Dios, para ofrecerle ese sacrificio por toda la Iglesia católica, por las almas del purgatorio y para alcanzar para todos la divina gracia.

La Bendición que el sacerdote da al final de la misa significa la que Cristo dará a los justos en el día del Juicio Final.

– San Antonio María Claret en “Caminho Reto e Seguro para Chegar ao Céu” (7ª Edición, Editora Ave Maria)

Fuente: ReL