Descripción

Es una característica del rito romano que en cada Misa se recen (o se canten) tres oraciones menores: la oración colecta, la oración sobre las ofrendas y la oración después de la comunión.
Cada una de ellas, breve, concisa en su estilo orante, cierra un rito con una procesión incluida. La oración colecta concluye los ritos iniciales con la procesión de entrada; la oración sobre las ofrendas cierra el rito de preparación de los dones con la procesión de ofrendas y, por último, la oración final concluye el rito de comunión con la procesión de los comulgantes hasta el altar.

Las tres oraciones, aun en la concisión y brevedad, sin frases largas ni muy adjetivadas, ilustran el momento de la Misa en que se rezan, y son, como todo texto litúrgico, un manantial de piedad, de espiritualidad y también de teología. Cuando los fieles las oyen recitar con sentido y unción, sin apresuramiento, les parecen hermosas y comprensibles; más aún cuando se acostumbra a todos a meditar personalmente con los textos de la liturgia y no exclusivamente con “el Evangelio del día”.

Acudiendo a la Introducción General del Misal Romano hallamos la descripción y realce de estas tres oraciones: “Estas oraciones las dirige a Dios el sacerdote que preside la asamblea actuando en la persona de Cristo, en nombre de todo el pueblo santo y de todos los circunstantes. Con razón, pues, se denominan ‘oraciones presidenciales’” (IGMR 30).

Su carácter de verdadera oración, de plegaria auténtica, requiere que se pronuncien bien, dándole sentido, y que todos puedan oírlas bien, sin que la música ni ningún otro elemento apaguen la voz del sacerdote dificultando la oración de todos: “La naturaleza de las intervenciones ‘presidenciales’ exige que se pronuncien claramente y en voz alta, y que todos las escuchen atentamente. Por consiguiente, mientras interviene el sacerdote, no se cante ni se rece otra cosa, y estén igualmente en silencio el órgano y cualquier otro instrumento musical” (IGMR 32).

La oración sobre las ofrendas, normalmente muy breve, cierra todo el proceso de preparación de los dones eucarísticos:
·Procesión de ofrendas y canto
·Presentación de los dones por el sacerdote en el altar
·Oración secreta del sacerdote
·Incensación
·Lavabo de manos del sacerdote
·Invitación a la oración
·Oración sobre las ofrendas

Es decir, de nuevo la secuencia es procesión – ritos – oración, como suele ser la estructura clara, diáfana, del rito romano.

Sobre esta oración, la IGMR explica lo siguiente: “Terminada la colocación de las ofrendas y los ritos que la acompañan, se concluye la preparación de los dones con la invitación a orar juntamente con el sacerdote, y con la oración sobre las ofrendas, y así todo queda preparado para la Plegaria eucarística…

Uniéndose a la oración, el pueblo hace suya la plegaria mediante la aclamación Amén” (IGMR 77).

Por padre Javier Sánchez Martínez