San Antonio Abad, mientras vivía en el desierto, fue tentado por el demonio, y oscureciéndose sus pensamientos se arrojó rostro en tierra y gritó a Dios: “Señor, quiero salvar mi alma, pero mis pensamientos no me dejan. ¿Qué he de hacer en mi aflicción? ¿Cómo me salvaré?”. Cuando se levantó, vio a un ángel sentado a su lado trenzando una cuerda con sus manos. A menudo se levantaba para orar, hacía la señal de la cruz y, sentándose de nuevo, continuaba trenzando la cuerda. Era un ángel del Señor, que fue enviado a Antonio para enseñarle el modo de hacer el Komboskini. Y el ángel le dijo: “Haz esto y serás salvo”.

El origen de la cuerda de oración se atribuye a los Padres del Desierto (s. IV), quienes renunciando al mundo, marcharon a lugares solitarios movidos por la exhortación de San Pablo a vivir “perseverantes en la oración” (Rom 12,12) y a “orar constantemente” (1 Tes 5,2).

Para permanecer en el espíritu de la “oración constante”, siguiendo la tradición de Israel, dedicaban toda la jornada a rezar el salterio, intercalando algunos trabajos artesanos para poder subsistir. Sin embargo, los monjes que no sabían leer o no aprendían de memoria los 150 salmos de la Biblia, rezaban pequeñas oraciones del Evangelio:

La oración de los dos ciegos: “¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!” (Mt  9,27).
El ruego de la mujer cananea: “¡Ten piedad de mí, Señor, Hijo de David!” (Mt  15,23).
La súplica del padre del epiléptico: “Señor, ten piedad de mi hijo…” (Mt 17, 15).
La oración de los diez leprosos: “¡Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros!” (Lc 17, 13).
También en la oración del ciego de Jericó: “¡Hijo de David, Jesús, ten piedad de mí!” (Mc 10, 47-48).
La oración del publicano de la parábola: “¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, pecador!” (Lc 18,13).
Etcétera.

Al principio, para contar sus oraciones se ayudaban con una pequeña bolsa de cuero que contenía 150 piedrecitas. En vez de recitar la salmodia, tomaban una piedra en la mano y, mientras la sujetaban, decían en silencio: Kyrie eleison (“Señor, ten piedad”). Inmediatamente la arrojaban a los pies y tomaban otra, hasta 150 veces. Y fue así, como esta forma de rezar con cuentas se convirtió en “el salterio de los pobres”, mientras el resto de la comunidad rezaba y cantaba los salmos.

Al poco tiempo, comprendieron que el saquito de piedras no era práctico, porque al final del rezo tenían que recogerlas, y, si alguna se perdía, se interrumpía la meditación. Para este fin, idearon una cuerda con nudos para contar y acompañar la oración.

Ten piedad de mí, que soy un pecador

891114_prayer_rope_komboskini_chotki_orthodox_rosary_100_knots_1_zps648828b7Se atribuye a San Antonio Abad (s. IV) el origen de la Cuerda de Oración. Dice un apotegma que, al principio, Antonio trenzaba una soga con un simple nudo cada vez que rezaba el Kyrie eleison; pero el Maligno, para hacerle la guerra y desanimarlo en la oración constante, le deshacía los nudos. Abatido en el combate de la fe, tuvo una visión de la Madre de Dios, y un ángel le enseñó la forma de trenzar el cordón con un nuevo nudo que el demonio ya no podría deshacer. El nudo se realizaba cruzando la cuerda entre sí, y el resultado era un lazo redondo atado con ocho cruces.

A esta cuerda de 150 nudos se la llamó Komboskini (cuerda de nudos) que en griego significa: nudo (kombo) y cuerda (kini). Era un cordón de cuero destinado exclusivamente a la oración. Pero más tarde empezó a trenzarse con lana pura para significar que Jesús es el Cordero de Dios.

Con el tiempo, esta forma de rezar, fue ganando popularidad entre todos los ascetas del desierto por su sencillez, por su compatibilidad con los trabajos manuales y, después, por los frutos de santidad que producía.

En la actualidad, cuando un novicio entra en un monasterio ortodoxo, antes de ser introducido en la oración del salterio, el abad del monasterio, primero le inicia en la Oración del Corazón y le hace entrega del Komboskini con las siguientes palabras:

Acepta, hermano N, la espada espiritual que es la palabra de Dios, ora constantemente al Señor en tu alma, en tus pensamientos, y en tu corazón, y di siempre: ‘Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, que soy pecador’”.

A partir de este momento, como todos los monjes rezaban con el Komboskini, este perdió la finalidad de contar el número de las oraciones y pasó a convertirse en una espada para luchar contra el adversario; en un apoyo para el arduo combate contra los pensamientos, la imaginación, los antiguos recuerdos y las pasiones que nos persiguen cada día.

Desde el siglo IX, lo que empezó siendo una práctica monacal, pasó a convertirse en una costumbre de todo el pueblo cristiano, tanto en Oriente por la influencia del Monasterio del Monte Athos, como en Occidente, promovida por los monjes benedictinos, descendientes de la tradición de los Padres del Desierto.

La Oración de Jesús revestida del Ave María

Después del cisma de Oriente (1054 d.C.), la Iglesia Ortodoxa conservó el Komboskini como un medio para iniciar a los fieles en la oración del corazón. Sin embargo en Occidente se abandonará el uso de la cuerda hasta el siglo XIII con la aparición del rosario. La Oración de Jesús fue evolucionando hacia las Jaculatorias, y, para contrarrestar la influencia de las herejías, estas se adaptaron a un carácter más Mariológico con la oración del Ave María, por lo que el Komboskini a partir del s. XIII. recibió el nombre de Rosario.

Debido a las herejías de aquel tiempo, cuando parecía que la Oración de Jesús iba desapareciendo del pueblo, en el año 1274, durante el Concilio de Lyon, el Papa Gregorio X escribió una bula para propagar la devoción al Dulce Nombre de Jesús, y así mantener viva la Tradición. Tanto es así, que siglos más tarde, San Francisco Javier, ante la agonía de su muerte (1552) repetía incesantemente: “¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí! ¡Oh Virgen, Madre de Dios, acuérdate de mí!”.

La estructura de la oración del Ave María, tal y como la conocemos hoy, tardó casi mil años en componerse —desde el siglo VI al siglo XVI—. Sin embargo, en su composición la Iglesia siempre veló para que se respetase la esencia de la Oración de Jesús. El Papa Urbano IV en 1483 mandó añadir la palabra Jesús a cada avemaría, para conservar el núcleo Cristológico de la Oración de Jesús.

El uso universal del Ave María, tal como se reza hoy, fue promovido por el papa Pío V cuando promulgó el Breviario Romano y mandó que se rezase al principio de cada hora del Oficio Divino, después del Padre nuestro.

El Rosario

novena_rosarySegún cuenta la tradición, en el año 1208, la Virgen se le apareció a Sto. Domingo de Guzmán en la capilla del monasterio de Prouille (Francia), mientras oraba. La Virgen María sostenía en su mano una Cuerda de Oración en forma de guirnalda de rosas (de ahí el nombre de Rosario). Se la entregó y le enseñó el modo de rezarla. Dijo que lo predicara por todo el mundo, que propagara esta devoción y la utilizara como arma poderosa en la lucha contra los pensamientos del Demonio, y contra de los enemigos de la fe; y le prometió que muchos pecadores se convertirían y obtendrían abundantes gracias.

Por ese motivo, la Oración de Jesús, enraizada en todo el pueblo cristiano, se revistió con una catequesis para instruir al pueblo; y así mientras los fieles rezaban el Ave María, al mismo tiempo recibían el antídoto frente a los errores de la fe.

El monje dominico Jacobo Sprenger distribuyó estos episodios evangélicos en tres clases y los llamó misterios: gozosos, dolorosos y gloriosos. Esta división fue confirmada, y su forma de oración fue detallada por el papa Pío V en su bula Consueverunt (17 de septiembre de 1569). Y desde entonces la comunidad cristiana ha seguido rezando el Rosario más o menos según su forma actual.

El último cambio trascendente sucedió en el año 2002. El beato papa Juan Pablo II, publicó la Carta Apostólica El Rosario de la Virgen María, y lo completó con los misterios luminosos.

En resumen, el Komboskini al principio fue un instrumento para contabilizar el número de veces que se repetía “Señor Jesús, ten piedad de mí”. Más tarde se convirtió en “una espada” inseparable en la mano del monje, que, llevándolo atado a su cintura, combatía contra los pensamientos del Maligno. Y después, a partir del siglo XIII, pasó a llamarse, en la Iglesia Católica, con el nombre de Rosario o Salterio de la Virgen.

Raúl Furió Plá
Presbítero