El tema de los estigmas es un tema muy serio e inquietante. Y en este sentido la Iglesia es muy crítica y con justa razón muy severa antes de hablar de este tema; es por esto que sólo tras rigurosos estudios de médicos y teólogos, se ha pronunciado positivamente en limitados de casos.

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Los estigmas representan un signo de lo que sufrió Cristo durante la pasión, y por tanto constituyen un dato teológico; es decir, son la reproducción fiel en algunas personas de las llagas de Jesús en el momento de su crucifixión,sobre todo en cuanto al lugar se refiere (pies, manos, costado y cabeza).

En los casos aprobados por la Iglesia, los estigmas son una gracia de Dios otorgada a pocos santos, son unos de los fenómenos corporales de la mística cristiana.

Ahora bien, cuando la Iglesia reconoce el fenómeno como auténtico lo acepta pero en ningún caso lo propone para ser creído como dogma de fe.

La Iglesia no canoniza a nadie tan solo por ser estigmatizado. Lo que hace la Iglesia es reconocer en un santo su ejemplar vida cristiana, tenga o no estigmas.

El fenómeno de los estigmas es una muestra de la realeza de la pasión de Cristo en la Cruz,de la que han participado, por voluntad de Dios, ciertos santos que han meditado y amado el sacrificio de Cristo crucificado, y ofrecen esos sufrimientos con la espiritualidad de san Pablo quien dijo: “ Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, a favor de su cuerpo, que es la Iglesia”. (Col 1,24).

Es más, hay quien afirma que el mismo apóstol tuvo los estigmas y que cuando dice: “…Llevo sobre mi cuerpo las señales de Jesús” (Gal 6,17), no lo dice en forma metafórica sino real.

Para los estigmatizados, las llagas de Cristo en sus cuerpos son una gracia inmerecida; por tanto si es una gracia pues entonces es Dios quien la concede. Los estigmatizados no piden estas experiencias místicas.

Pero, ¿con qué fin Dios concede los estigmas? Con los estigmas Dios expresa su beneplácito por la santidad de vida relacionada con la aceptación consciente de la Cruz asumida de manera espiritual; es pues una experiencia de dolor con tinte de alegría por la gracia recibida.

El estigmatizado recibe la misión de ser profeta para recordar a los hombres las realidades importantes, como hacer ver hasta qué extremo Cristo nos ha redimido y para que los que sufren se conformen a Cristo ofreciendo los propios sufrimientos por la salvación de las almas.

¿Qué criterios utiliza la Iglesia para probar que unos estigmas son auténticos?

1.- Los estigmas estarán localizados en los lugares de las cinco llagas de Cristo.
2.- Los estigmas aparecen todos al mismo tiempo.
3.- Los estigmas parecen espontáneamente mientras la persona ora extasiada.
4.- No se pueden explicar por causantes naturales.
5.- No degeneran en necrosis.
6.- No emiten mal olor, al contrario se habla de olor a flores. 7.- Carecen de supuración o, que es lo mismo, de infecciones.
8.- Sangran diaria y profusamente. 9.- Se mantienen inalterados a pesar de los tratamientos. Es decir, no sufren procesos de descomposición.
10.- Provocan una importante modificación de los tejidos.
11.- Ausencia de una perfecta e instantánea cicatrización.
12.- Están acompañados de fuertes dolores tanto físicos como morales, así como departicipación en los sufrimientos de Cristo. (La falta de dolor es una mala señal que hace dudar).

Y por si fuera poco a lo anterior, se agrega el estudio de la vida entera de la persona implicada. Tiene que ser una persona que practica las virtudes cristianas heroicamente; particularmente debe resaltar su gran amor a la humildad y a la cruz.

A lo largo de la historia se han visto muchos casos; son tan numerosos que los estigmas se pueden clasificar de la siguiente manera:

1.- Estigmatizaciones de origen divino,
2.- Estigmatizaciones de origen diabólico,
3.- Estigmatizaciones de origen indefinido.
4.- Estigmatizaciones de origen neurótico y/o síquico, en personas víctimas de histeria que se provocan ellas mismas las heridas aunque sea de manera inconsciente, etc..

Como podremos apreciar, se han reportado estigmas de origen diabólico, por más extraño que parezca.

Los estigmas del Padre Pío

El demonio pues puede provocar estigmas pero no es el caso en absoluto de san Pío de Pietrelcina.

¿Cómo diferenciar los diabólicos de los auténticos?

Pues además de los estudios rigurosos desde el ámbito médico y teológico que se tienen que hacer, hay que mirar el contexto o estilo de vida de la persona; es decir, por sus frutos los conoceréis.

En el caso de san Pío de Pietrelcina, no sólo se cumplen las leyes anteriormente expuestas para conocer la autenticidad de unos estigmas, sino que además en san Pío de Pietrelcina vemos unos frutos que nos permiten saber quién era realmente.

¿Qué frutos vemos?

1.- Acatamiento a todas las indicaciones de la Iglesia.
2.- Nunca fue desmentida su solidez espiritual expresada en su humildad, obediencia y oración.
3.- La caridad concreta a través del hospital fundado por él.
4.- La manera de llevar la vida religiosa en comunidad.
5.- La fidelidad doctrinal en su ministerio sacerdotal.
6.- Los sufrimientos morales soportados con paciencia como consecuencia de las dudas que se tenían sobre él agregado al dolor de su alma por el aislamiento impuesto por la autoridad.
7.- La fuerza espiritual para poder llevar por cincuenta años los estigmas y las persecuciones que experimentó.

Pero a pesar de las persecuciones, en el Padre Pío siempre fueron manifiestas su fidelidad y amor intenso hacia la Santa Madre Iglesia que fueron firmes y constantes. En medio del dolor que este sufrimiento le causaba, solía decir: “ Dulce es la mano de la Iglesia también cuando golpea, porque es la mano de una madre”.

Si la Iglesia ha canonizado al Padre Pío es porque se comprobó, dentro de los procesos canónicos, la autenticidad de los estigmas. Si hubieran sido falsos, con toda seguridad la Iglesia no lo hubiera canonizado.

Es decir la Iglesia no canoniza a nadie por tener estigmas, pero si se tienen y con los estudios rigurosos se concluye que son falsos eso ya es un impedimento para una futura canonización de la persona; aunque lleve una vida santa.

Por p. Henry Vargas Holguín