DE LA PRESENCIA REAL DE CRISTO Y SU VERIFICACIÓN

1.-En el Sacramento de la Eucaristía, se hallan verdadera, real y sustancialmente presentes el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo.

En contra de las herejías protestantes, el Concilio de Trento definió: “Si quis negaverit, in sanctissimae Eucharistiae sacramento contineri vere, realiter et substantialiter corpus et sanguinem una cum anima et divinitate Domini nostri Iesu Christi ac proinde totum Christum, sed dixerit, tantummodo esse in eo ut in signo vel figura aut virtute, a.s.”, Dz. 883.
Juan 6:22-71, Mateo 26:26-28, Marcos 14:22-24, Lucas 22:15-20, 1Corintios 11:23-25, San Ignacio de Antioquia (Smyrn. 7, 1; Philad. 4), San Justino Mártir (Apol. 65), San Ireneo de Lyon (Adv. haer. IV 18, 4), Orígenes (Contra Celsum VIII 33), Tertuliano (De carnis resurr. 8), San Cipriano (De dominica orat. 18), San Cirilo de Jerusalén (4ª. Y 5ª. Cat. myst.), San Juan Damasceno (De Fide Orth. IV 13), San Hilario de Poitiers (De Trin. VIII 14), San Ambrosio (De sacr. IV 4-7), San Agustín (Sermo 227).

2.-Cristo está presente en el sacramento del altar por transustanciarse toda la sustancia de pan en Su Cuerpo y toda la sustancia de vino en Su sangre.

SEMANA SANTA: JUEVES SANTOLutero proponía una forma diferente de verificación de la presencia real, llamada “consustanciación”, la mayoría de los protestantes actuales siguen la herejía de afirmar que las palabras de Cristo son “simbólicas” en su significado, pero el Concilio de Trento los refuta: “Si quis dixerit, in sacrosanto Eucharistiae sacramento remanere substantiam panis et vini una cum corpore et sanguine Domini nostri Iesu Christi, negaveritque mirabilem illam et singularem conversionem totius substantiae panis in corpus et totius substantiae vini in sanguinem, manentibus dumtaxat speciebus panis et vini, quam quidem conversionem catholica Ecclesia aptissime transsubstantiationem appellat, a.s.”, Dz. 884.
Cf. Palabras de la Institución, Tertuliano (Adv. Marc. IV 40), San Cirilo de Jerusalén (Cat. myst. 4, 2; 5, 7), San Gregorio de Nisa (Or. Cat. 37), San Juan Crisóstomo (De prodit. Iudae hom. 1, 6), San Ambrosio (De sacr. IV 4, 14s.).

3.-Las especies de pan y vino permanecen después de la transustanciación.

El Dz. 884 definido por el Tridentino, incluye sobre las especies: “manentibus dumtaxat speciebus panis et vini”.

4.- En la Eucaristía están verdaderamente presentes el cuerpo y la sangre de Cristo, juntamente con su alma y divinidad y, por tanto, se halla verdaderamente presente Cristo todo entero.

El Concilio de Trento definió la totalidad de la presencia real: “Si quis negaverit, in ss. Eucharistiae sacramento contineri vere, realiter et substantialiter corpus et sanguinem una cum anima et divinitate Domini nostri Iesu Christi ac proinde totum Christum, a.s.”, Dz. 883.
Romanos 6:9, Juan 6:54 y 56, cf. V. 57, 1Corintios 11:27, San Ambrosio (De myst. 9, 58).

5.-Bajo cada una de las especies está presente Cristo todo entero.

El Concilio de Constanza fue el primero en elevar a dogma esta proposición, en contra de los hussitas, quienes exigían la comunión bajo ambas especies, el Concilio de Trento lo confirma en contra de los reformadores: “Si quis negaverit, in venerabili sacramento Eucharistiae sub unaquaque specie… totum Christum contineri, a.s.”, Dz. 885.

6.-En todas y cada una de las partes de ambas especies, después de efectuada la separación, se halla presente Cristo todo entero.

El Concilio de Trento definió: “Si quis negaverit… sub singulis cuiusque speciei partibus separatione facta totum Christum contineri, a.s.”, Dz. 885.

7.-Después de efectuada la consagración, el cuerpo y la sangre de Cristo están presentes de manera permanente en la Eucaristía.

En contra de Lutero, quien sostenía que la presencia real se limitaba al tiempo que dure la celebración de la Cena, el Concilio de Trento definió: “Si quis dixerit, peracta consecratione in admirabili Eucharistiae sacramento non esse corpus et sanguinem Domini nostri Iesu Christi, sed tantum in usu, dum sumitur, non autem ante vel, post, et in hostiis seu particulis consecratis, quae post communionem reservantur vel supersunt, non remanere verum corpus Domini, a.s.”, Dz. 886.

8.-A Cristo, presente en la Eucaristía, se le debe culto de verdadera adoración (latría).

En contra de los reformadores, que llamaban “adoradores de pan” a los católicos, el Concilio de Trento declaró: “Si quis dixerit, in sancto Eucharistiae sacramento Christum unigenitum Dei Filium non esse culto latriae etiam externo adorandum, a.s.”, Dz. 888.
La prueba bíblica se basa en probar la presencia real de Cristo, y la verdadera adoración debida a Cristo., San Cirilo de Jerusalén (Cat. myst. 5, 22), San Ambrosio (De Spiritu Sancto III, 11, 79), San Agustín (Enarr. in Ps. 98, 9).

 

LA EUCARISTÍA COMO SACRAMENTO

eucaristia-_deus9.-La Eucaristía es verdadero sacramento instituido por Cristo.

Dz. 844.
Lucas 22:19, 1Corintios 11:24.

10.-La materia para la confección de la Eucaristía es el pan y el vino.

La definición en sí está en el Denzinger 877 y 884, el Decretum Pro Armenis enseña con Santo Tomás: “cuius materia est panis triticeus”; Dz. 698.
Mateo 26:17, Marcos 14:12, Mateo 26:29, Marcos 14:25.

11.-A los que no han llegado al uso de la razón no es necesaria para salvarse la recepción de la Eucaristía.

El Concilio de Trento declaró esto en contra de teólogos calvinistas y griego-ortodoxos: “Si quis dixerit, parvulis, antequam ad annos discretionis pervenerint, neccesariam esse Eucharistiae communionem, a.s.”, Dz. 937. Con esto se descarta la necesidad de medio y/o necesidad de precepto.
Marcos 16:16 sólo pide Fe y Bautismo, Romanos 8:1 no exige la recepción eucarística como necesaria para la salvación.
San Agustín (De peccat. meritis et remissione 1 20, 27; 24, 34).

12.-La comunión bajo ambas especies, para cada fiel en particular, no es necesaria ni por razón de un precepto divino ni como medio para conseguir la salvación.

El Concilio de Trento hizo frente a los reformadores, como había hecho frente el Concilio de Constanza a los hussitas: “Si quis dixerit, ex Dei praecepto vel ex necesítate salutis omnes et cíngulos Christi fideles utramque speciem sanctissimi Eucharistiae sacramenti sumere debere, a.s.”, Dz. 934, cf. Dz. 626.

13.-Únicamente el sacerdote ordenado válidamente posee el poder de consagrar.

El Concilio IV de Letrán trató este punto en contra de los valdenses, quienes de por sí rechazaban la jerarquía eclesiástica, y atribuían a todos los fieles los mismos poderes: “Este sacramento sólo puede realizarlo el sacerdote ordenado válidamente”, Dz. 430. El Concilio de Trento lo subrayó también al tratar la doctrina protestante del “sacerdocio universal”, Dz. 961, 949.
Lucas 22:19, 1Corintios 11:24, el mandato de Cristo se dirige únicamente a los apóstoles y por ende, a sus sucesores, San Justino (Apol. 1 65), San Cipriano (Ep. 63, 14), el Concilio de Nicea en su canon 18 negó expresamente a los diáconos el poder de efectuar la Eucaristía.

14.-El sacramento de la Eucaristía puede ser recibido válidamente por cualquier persona bautizada que se halle en estado de peregrinación (in statu vitae), aunque se trate de un párvulo.

Definición en Denzinger 933, San Cipriano (De lapsis 25; Const. Apost. VIII 13, 14).

15.-Para recibir dignamente la Eucaristía se requieren el estado de gracia e intención recta y piadosa.

El Concilio de Trento condenó la doctrina de que la “fides informis”, era preparación suficiente para recibir la Cena, Dz. 893. Define que la preparación (en pecado mortal), incluye confesión o en caso de necesidad, una contricción perfecta, Dz. 880, cf. Dz. 1985.
1Corintios 11:28, Juan 13:4 ss., Didahké 9, 5; 10, 6; 14, 1, San Justino (Apol. 1 66), San Agustín (In Ioh. tr. 26, 11).

 

LA EUCARISTÍA COMO SACRIFICIO

wpid-180.jpg16.- La Santa Misa es verdadero y propio sacrificio.

Los reformadores empezaron atribuyendo a su “Cena del Señor”, un sentido sacrificial impropio, y en contra de esta herejía, el Concilio de Trento declaró: “Si quis dixerit, in Missa non offerri Deo verum et proprium sacrificium, aut quod offerri non sit aliud quam nobis Christum ad manducandum dari, a.s.”, Dz. 948.
Figura paleotestamentaria en el Sacrificio de Melquisedec (Génesis 14:18), citado por San Agustín como figura del Sacrificio de la Misa (De Civ. Dei XVI 22), San Cipriano (Ep. 63, 4).
Dios anuncia el Sacrificio de la Misa (Malaquías 1:10 ss).
En las palabras de la institución, Lucas 22:20 utiliza la expresión en presente “touto to poterion… to yperymon ekjynomenon”, indicando que el “cáliz se está derramando”, el fragmento de Lucas 22:19 trata de la institución permanente del Sacrificio Eucarístico.
Hebreos 13:10, 1Corintios 10:16-21.
Didahké 14 cita a Malaquías 1, 11 y 14, San Clemente Romano (Cor. 44, 4), San Ignacio de Antioquia utiliza la expresión “thysiasterion” en Philad 4., la cual significa “altar de sacrificio”.
San Justino Mártir cita a Malaquías en su Dial. 41 como referencia indudable al Sacrificio de la Misa, San Ireneo de Lyon enseña el Sacrificio de la Misa como cumplimiento de la profecía de Malaquías (Adv. haer. IV 17, 5; IV 18, 2 y 4), Tertuliano (De orat. 19), San Cipriano (Ep. 63, 4), San Cirilo de Jerusalén en su Quinta Catequesis Mistagógica habla de la solemnidad eucarística como sacrificio espiritual, de oficio divino incruento y de reconciliación, San Juan Crisóstomo (In. Rom. hom. 8, 8), San Ambrosio (In. Ps. 38, 25), San Agustín (De Civ. Dei. X 20; cf. Ep. 98, 9), cita a Malaquías (Tract. adv. Iud. 9, 13).

17.- En el Sacrificio de la Misa se representa y conmemora el Sacrificio de la Cruz, y se aplica su virtud salvadora.

El Concilio de Trento enseña: “Cristo dejó a Su Iglesia un sacrificio visible en cual se representase aquel sacrificio cruento que había de realizar una vez en la cruz, se conservase su memoria hasta el fin de los siglos y se nos aplicase su virtud salvadora para remisión de los pecados que cometemos a diario”, Dz. 938.
1Corintios 11:26, San Justino (Dial. 117, 3), cf. San Cipriano (Ep. 63, 9 y 17).

18.-En el Sacrificio de la Misa y en el de la Cruz, son idénticos la hostia y el sacerdote primario, lo que difiere únicamente es el modo de hacer la oblación.

El Concilio de Trento declaró: “Una eademque est hostia, idem nunc offerens sacerdotum ministerio, qui se ipsum tunc in cruce obtulit, sola offerendi ratione diversa.”, Dz. 940, cf. la encíclica Mediator Dei, de Pío XII.

19.- El sacrificio de la Misa no sólo es sacrificio de alabanza y acción de gracias, sino también de propiciación e impetración.

El Concilio de Trento definió: “Si quis dixerit, Missae sacrificium tantum esse laudis et gratiarum actionis… non autem propitiatorium… neque pro vivis et defunctis, pro peccatis, poenis, satisfactionibus et aliis necessitatibus offerri debere, a.s.”, Dz. 950.
Propiciación: Mateo 26:28, Hebreos 5:1, Tertuliano da testimonio del ofrecimiento de la Misa por los difuntos (De cor. mil. 3), San Cirilo de Jerusalén designa a la Misa como “sacrificio de conciliación” (“thysia ilasmoy”), en Cat. Myst. 5, 10.

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