Pocos años después de la muerte de Cristo surgieron ya intentos de escribir la vida y doctrina del Señor.
Diversos autores formulan la posibilidad de que lo primero que existieran fueran algunas colecciones de frases o dichos del Señor lo que se conoce como fuente Q.

La tradición sitúa también muy en los comienzos el evangelio arameo de Mateo traducido muy pronto al griego y completado. Lucas en el prólogo de su Evangelio (Lc 1,1) menciona que existen varios intentos de narrar los hechos del Señor. Hacia el aaño 51 d.C., San Pablo escribe las dos Epístolas a los Tesalonicenses, seguidas del resto de sus cartas, que acaban hacia el 67 d.C. con las llamadas Pastorales.

Entretanto, hacia el año 70 d.C., aparecen en forma definitiva los Evangelios llamados Sinópticos (Mt, Mc y Lc). Se completa la serie con los Hechos de los Apóstoles y las Epístolas llamadas Católicas (Santiago, 1a y 2a de Pedro, la, 2a y 3a de Juan, Judas).
En el ambiente de las primeras persecuciones se redacta el Apocalipsis de S. Juan. En este periodo de la primera generación cristiana surgen también otros escritos tales como las epístolas de San Clemente, la Didajé, la epístola de Bernabé, etc. San Juan compone hacia el año 100 d.C. su Evangelio.

Junto a esta literatura pronto empieza a pulular una abundante producción apócrifa y herética que obliga a la Iglesia Católica a señalar los límites de los escritos verdaderamente sagrados e inspirados de la generación apostólica, como veremos más adelante.

También aquí en el N.T., como en Israel para el A.T., encontramos, pues, una literatura amplia, más extensa que la canónica, y el hecho de que la Iglesia Católica distingue entre unos y otros; recibiendo algunos como inspirados y distinguiéndolos netamente de los demás.
Esto se manifiesta al principio por la distinta manera de citarlos o leerlos; luego, ante el difundirse de escritos apócrifos y heréticos o ante el ataque a algunos libros por parte de herejes, como Marción, por la publicación de listas.
La más antigua que poseemos es el famoso Canon de Muratori redactado en Roma a mediados o fines del siglo II. Este documento divide la literatura cristiana primitiva en cuatro series:

a) Libros tenidos por todos como sagrados, y corno tales leídos públicamente en las iglesias; en esta serie se mencionan los 4 Evangelios, 13 Epístolas de San Pablo (falta Hebreos), de las Epístolas Católicas sólo 1a y 2a de Juan, Judas, probablemente 1a y 2a Pedro, y el Apcalipsis de Juan.

b) Libros no tenidos par todos como sagrados y que, en consecuencia, no deben ser leídos públicamente en las Iglesias (Apocalipsis de San Pedro).

c) Libros de lectura privada, que no es lícito leer en las Iglesias (Pastor de Hermas).

d) Libros que la Iglesia Católica no puede recibir (literatura apócrifa y gnóstica).

Veamos un poco el texto del fragmento Muratori:

…en éstos, sin embargo, él estaba presente, y así los anotó.

El tercer libro del evangelio: según Lucas.
Después de la ascensión de Cristo, Lucas el médico, el cual Pablo había llevado consigo como experto jurídico, escribió en su propio nombre concordando con la opinión de [Pablo]. Sin embargo, él mismo nunca vio al Señor en la carne y, por lo tanto, según pudo seguir…, empezó a contarlo desde el nacimiento de Juan.

El cuarto evangelio es de Juan, uno de los discípulos.
Cuando sus co-discípulos y obispos le animaron, dijo Juan, “Ayunad junto conmigo durante tres días a partir de hoy, y, lo que nos fuera revelado, contémoslo el uno al otro”. Esta misma noche le fue revelado a Andrés, uno de los apóstoles, que Juan debería escribir todo en nombre propio, y que ellos deberían revisárselo. Por lo tanto, aunque se enseñan comienzos distintos para los varios libros del evangelio, no hace diferencia para la fe de los creyentes, ya que en cada uno de ellos todo ha sido declarado por un solo Espíritu, referente a su natividad, pasión, y resurrección, su asociación con sus discípulos, su doble advenimiento – su primero en humildad, cuando fue despreciado, el cual ya pasó; su segundo en poder real, su vuelta. No es de extrañar, por lo tanto, que Juan presentara de forma tan constante los detalles por separado en sus cartas también, diciendo de sí mismo: “Lo que hemos visto con nuestros ojos y oído con nuestros oídos y hemos tocado con nuestras manos, éstas cosas hemos escrito”. Porque de esta manera pretende ser no sólo un espectador sino uno que escuchó, y también uno que escribía de forma ordenada los hechos maravillosos acerca de nuestro Señor.

Los Hechos de todos los apóstoles han sido escritos en un libro. Dirigiéndose al excelentísimo Teófilo, Lucas incluye una por una las cosas que fueron hechas delante de su propios ojos, lo que él muestra claramente al omitir la pasión de Pedro, y también la salida de Pablo al partir de la Ciudad para España.

En cuanto a las cartas de Pablo, ellas mismas muestran a los que deseen entender desde qué lugar y con cuál fin fueron escritas. En primer lugar [escribió] a los Corintios prohibiendo divisiones y herejías; luego a los Gálatas [prohibiendo] la circuncisión; a los Romanos escribió extensamente acerca del orden de las escrituras y también insistiendo que Cristo fuese el tema central de éstas. Nos es necesario dar un informe bien argumentado de todos éstos ya que el bendito apóstol Pablo mismo, siguiendo el orden de su predecesor Juan, pero sin nombrarle, escribe a siete iglesias en el siguiente orden: primero a los Corintios, segundo a los Efesios, en tercer lugar a los Filipenses, en cuarto lugar a los Colosenses, en quinto lugar a los Gálatas, en sexto lugar a los Tesalonicenses, y en séptimo lugar a los Romanos. Sin embargo, aunque [el mensaje] se repita a los Corinitios y los Tesalonicenses para su reprobación, se reconoce a una iglesia como difundida a través del mundo entero. Porque también Juan, aunque escribe a siete iglesias en el Apocalipsis, sin embargo escribe a todas. Además, [Pablo escribe] una [carta] a Filemón, una a Tito, dos a Timoteo, en amor y afecto; pero han sido santificadas para el honor de la iglesia católica en la regulación de la disciplina eclesiástica.

Se dice que existe otra carta en nombre de Pablo a los Laodicenses, y otra a los Alejandrinos, [ambos] falsificadas según la herejía de Marción, y muchas otras cosas que no pueden ser recibidas en la iglesia católica, ya que no es apropiado que el veneno se mezcle con la miel.

Pero la carta de Judas y las dos superscritas con el nombre de Juan han sido aceptadas en la [iglesia] católica; la Sabiduría también, escrita por los amigos de Salomón en su honor. El Apocalipsis de Juan también recibimos, y el de Pedro, el cual algunos de los nuestros no permiten ser leído en la iglesia. Pero el Pastor fue escrito por Hermas en la ciudad de Roma bastante recientemente, en nuestros propios días, cuando su hermano Pío ocupaba la silla del obispo en la iglesia de la ciudad de Roma; por lo tanto sí puede ser leído, pero no puede ser dado a la gente en la iglesia, ni entre los profetas, ya que su número es completo, ni entre los apóstoles al final de los tiempos.

Pero no recibimos ninguno de los escritos de Arsino o Valentino o Miltiado en absoluto. También han compuesto un libro de salmos para Marción [éstos rechazamos] junto con Basildo [y] el fundador asiático de los Catafrigios.

A partir de esta fecha, la historia de las declaraciones sobre el canon se puede reconstruir de la siguiente manera:

En Occidente desde el año 200 se aceptan como inspirados: los 4 Evangelios, 13 Epístolas de S. Pablo (Heb no entra en el canon occidental hasta el año 380 d.C.), 1 Pedro, 1 Juan, se cita la 2 Pedro y la 2 de Juan, pero no la 3 de Juan, y el Apcocalipsis.
La Epístola de Santiago era muy utilizada ya en el siglo II. Todo el canon del N.T. con sus 27 libros se menciona en el Decreto Gelasiano año 382, (Denz.Sch. 179) el cual cito a continuación:

Asimismo se dijo: Ahora hay que tratar de las Escrituras divinas, qué es lo que ha de recibir la universal Iglesia Católica y qué debe evitar. Empieza la relación del Antiguo Testamento: un libro del Génesis, un libro del Éxodo, un libro del Levítico, un libro de los Números, un libro del Deuteronomio, un libro de Jesús Navé, un libro de los Jueces, un libro de Rut, cuatro libros de los Reyes, dos libros de los Paralipómenos, un libro de ciento cincuenta Salmos, tres libros de Salomón: un libro de Proverbios, un libro de Eclesiastés, un libro del Cantar de los Cantares; igualmente un libro de la Sabiduría, un libro del Eclesiástico. Sigue la relación de los profetas: un libro de Isaías, un libro de Jeremías, con Cinoth, es decir, sus lamentaciones, un libro de Ezequiel, un libro de Daniel, un libro de Oseas, un libro de Amós, un libro de Miqueas, un libro de Joel, un libro de Abdías, un libro de Jonás, un libro de Naún, un libro de Abacuc, un libro de Sofonías, un libro de Ageo, un libro de Zacarías, un libro de Malaquías. Sigue la relación de las historias: un libro de Job, un libro de Tobías, dos libros de Esdras, un libro de Ester, un libro de Judit, dos libros de los Macabeos.
Sigue la relación de las Escrituras del Nuevo Testamento que recibe la Santa Iglesia Católica: un libro de los Evangelios según Mateo, un libro según Marcos, un libro según Lucas, un libro según Juan. Epístolas de Pablo Apóstol, en número de catorce: una a los Romanos, dos a los Corintios, una a los Efesios, dos a los Tesalonicenses, una a los Gálatas, una a los Filipenses, una a los Colosenses, dos a Timoteo, una a Tito, una a Filemón, una a los Hebreos. Asimismo un libro del Apocalipsis de Juan y un libro de Hechos de los Apóstoles. Asimismo las Epístolas canónicas, en número de siete: dos Epístolas de Pedro Apóstol, una Epístola de Santiago Apóstol, una Epístola de Juan Apóstol, dos Epístolas de otro Juan, presbítero, y una Epístola de Judas Zelotes Apóstol. Acaba el canon del Nuevo Testamento.

Para el año 393 d.C., la Iglesia convoca al Concilio de Hipona, en cuyo canon número 36 se lee lo siguiente:

“Se ha decidido que fuera de las Escrituras canónicas, nada se lea en la Iglesia bajo el nombre de Escrituras divinas. Ahora bien, las Escrituras canónicas son: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, hijo de Nun, Jueces, Rut, cuatro libros de los Reyes (I Samuel, II Samuel, I Reyes, II Reyes), dos libros de los Paralipómenos (I Crónicas, II Crónicas), Job, Psalterio de David, cinco libros de Salomón (Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Sabiduría, Libro del Eclesiástico), doce libros de los profetas,1 Isaías, Jeremías,2 Daniel, Ezequiel, Libro de Tobías, Judit, Ester, dos libros de Esdras, dos libros de los Macabeos (I Macabeos, II Macabeos).”

Así mismo en la carta del papa Inocencio I del año 405 d.C.(Denz.Sch. 213) se vuelve a hacer mención de los libros canónicos establecidos por la Iglesia Católica y por el Papa Dámaso I quien le encargara a Jerónimo la edición de la primera Biblia conocida como Vulgata.

Ahora bien, sabiendo que el N.T. que se encuentra en todas las Biblias del mundo es una selección documental realizada por la Iglesia Católica, pregunto:

Como pueden aquellos no católicos fundamentar su fe en la selección realizada por la Iglesia “apóstata” que tanto odian?

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