Indudablemente no vamos a hacer aquí un tratado de mariología franciscana, pero si que nos puede servir de ayuda un pequeño esbozo sobre el modo de relacionarse Francisco con la Virgen. Para ello vamos a tomar un fragmento de la Antífona del Oficio de la Pasión -compuesto por Francisco para meditar el misterio pascual- en que nos dibuja, en tres imágenes, lo que significa para él Maria: Santa Virgen María, no ha nacido en el mundo entre las mujeres ninguna semejante a ti, hija y esclava del altísimo Rey sumo y Padre celestial, madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo, esposa del Espíritu Santo.

MARÍA, HIJA DEL PADRE

Francisco, como hombre del pueblo que no tenía estudios superiores, razonaba por imágenes en vez de conceptos. De ahí que a la hora de decirnos cómo ve a María en relación con la trinidad, lo haga con tres imágenes familiares: hija, madre y esposa. María es hija del Padre porque al escuchar el proyecto que tiene Dios sobre ella, lo acepta libremente como lo mejor que le puede suceder. Al percibir lo que Dios quiere de ella descubre su propia vocación. Si la verdadera dicha consiste en hacer la voluntad del Padre, María se convierte en una hija feliz cuando hace de su vida un si para Dios.

MARÍA, MADRE DEL HIJO

La consecuencia de esa decisión es convertirse en madre de Jesús, en madre de Dios. El mismo Francisco nos dice que Maria es “palacio”, “tabernáculo”, “casa” y “vestidura” de Dios, pues no en vana le of recia su seno para que recibiera “la carne verdadera de nuestra humanidad y fragilidad”. Gracias a Maria la Palabra se hizo carne como la nuestra, conocedora de nuestras debilidades y también de nuestras posibilidades. Gracias a Maria, el Hijo de Dios no sólo se convirtió en Hijo suyo, sino también en nuestro hermano.

MARÍA, ESPOSA DEL ESÍRITU SANTOimage

Después de mirar Francisco a María en su relación con el Padre y con el Hijo, la contempla en su relación con el espirita Santo por medio de otra imagen: la de esposa. Su lectura orada del Evangelio le decía que si la Virgen era madre de Jesús, Madre de Dios, era porque el Espíritu se le había hecho presente de un modo especial. Al dejarse llenar por la fuerza del Espíritu, Maria alcanzaba su plenitud y se of recia -solidaria-para que Jesús se hiciera carne en su seno y la salvación alcanzara nuestra carne convirtiéndonos en hijos de Dios.

LO QUE ES MARÍA, PODEMOS SERLO TAMBIÉN NOSOTROS

Francisco, en sus escritos, aplica esta imagen de “esposa” del Espíritu no sólo a Maria sino a todos cuantos viven espiritualmente; es decir, a cuantos caminan siguiendo el espirita de Jesús, a cuantos dan cabida en sus vidas al Espíritu Santo. Por eso Maria no es una persona aislada, sino que está relacionada con la Trinidad y, en ese sentido, es modelo para nosotros. Ella es la expresión y el más sublime ejemplo de la intima relación que Dios establece con el hombre. Incluso en su maternidad divina, María es para Francisco el modelo de lo que todo cristiano debe ser. Su entrega a Dios y su relación con Él son la expresión más profunda de la identificación con Dios que se realiza en todo cristiano. Por eso, Francisco aplica a todos los hombres y mujeres que tratan de vivir el Evangelio los mismos títulos honoríficos que le corresponden a Maria por ser la madre de Dios.

Por Julio Micó, Capuchino