Los Libros Deuterocanónicos en la Iglesia Primitiva

Durante el siglo primero la Biblia Cristiana fue simplemente el Antiguo Testamento (leído en la versión de la Septuaginta). La autoridad residía en esta escritura y en las palabras del Señor, que circulaban ampliamente por tradición oral, como se evidencia en la Epístola de Clemente a los Corintios.” (“The Early Church” Henry Chadwick [Teólogo Protestante, Erudito y Clérigo de la Iglesia de Inglaterra] p 42)

La Septuaginta fue también utilizada por los autores del Nuevo Testamento. La mayoría de los eruditos fechan los libros del Nuevo Testamento entre el 55 d.C. y alrededor del 150 d.C. dependiendo del libro. Los autores de la escritura, al escribir en griego, citan a los libros del Antiguo Testamento en la versión de la Septuaginta, dado que esta estaba escrita en griego.

A medida que la Iglesia Cristiana crece y comienza a separarse del Judaísmo, los judíos también comienzan a codificar un conjunto de libros inspirados. (Ya sea como respuesta al cristianismo o a las divisiones entre las diferentes escuelas judías.) En la NJBC (The New Jerome Bible Commentary) se afirma que las discusiones con los primeros cristianos también contribuyó a decidir que libros del AT constituían las escrituras. En “The Early Church” Henry Chadwick señala que fue solo después que las apelaciones de los cristianos a la Septuaginta se volvieron embarazosas que algunas traducciones mas literales (al Hebreo) empezaron a verse favorecidas por la sinagoga griega (p 12). Algunos rabinos incluso denunciaron la confección de la Septuaginta como un pecado comparable a la adoración del becerro de oro.

Fue en estos primeros años de la formación de la Iglesia que se codificaron dos Antiguos Testamentos diferentes. Los judíos no tenían acceso a la totalidad de los textos de la LXX en hebreo original; tomando esto como base, rechazaron los Libros Deuterocanónicos como no inspirados.

Jerónimo Versus Agustín

Hasta el siglo 4to la mayor parte de los cristianos usaban la LXX como base para el AT. Desde luego había también una considerable cantidad de literatura flotando por ahí que también era considerada Escritura y los primeros concilios de la Iglesia se ocuparon en gran medida de este punto. ¿Que constituía exactamente las Escrituras?

Sorprendentemente San Jerónimo, cuya Vulgata latina se convirtió en la traducción oficial de la Iglesia Cristiana, no quería incluir los libros Deuterocanónicos en la traducción. Jerónimo vivía en Palestina y estaba al tanto del canon hebreo que se había desarrollado.
Su contemporáneo San Agustín argumentando a partir de la tradición, quería incluirlos en la nueva traducción de la Vulgata. Tras conferenciar con el Papa Dámaso y dándose cuenta de que la mayor parte de la gente estaba del lado de Agustín, Jerónimo incluyó los Libros Deuterocanónicos en su traducción.

La Vulgata de Jerónimo, aunque no fue la única traducción en la Iglesia, fue ampliamente considerada y utilizada en el mundo occidental. La Septuaginta junto a los textos griegos fue ampliamente utilizada en la Iglesia Oriental.

¿Qué Ocurrió Entonces?

Por muchos años en toda la Cristiandad la biblia, la Septuaginta, fue utilizada. La ruptura de Martin Lutero con el Catolicismo y el desarrollo de la idea de “sola fe” como base para la salvación dieron a los reformadores una ocasión para cuestionar libros de la biblia que no apoyaban estos puntos de vista.
Los reformadores atacaron particularmente a la Carta a los hebreos, el Apocalipsis y los Libros Deuterocanónicos. Dado que los libros del Nuevo Testamento habían sido acordados en el concilio de Cártago en el 395 d.C., la idea de eliminar a Hebreos y al Apocalipsis de la biblia no fue ampliamente apoyada.
A los Deuterocanónicos, sin embargo, no les fue tan bien. Algunas iglesias reformadas los incluyeron en las escrituras y otras no. Finalmente la Iglesia se vio forzada a reconocer formalmente que libros habían sido tradicionalmente utilizados. Esto se hizo en el concilio de Trento, y esta lista, basada en la enseñanza cristiana tradicional, es la lista de libros utilizada por los católicos hoy en día.

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