Objeción I: La “Cena del Señor” es sólo un memorial, pues Cristo dijo: “Haced esto en memoria mía” (Lc 22,19).

Respuesta: La Iglesia ha reconocido siempre, que la Santa Misa es un memorial de la Pasión y Muerte de Cristo. Esto no significa que no haya presencia real de Cristo. La Eucaristía es un sacramento y un memorial. Y el hecho de que Cristo haya dicho “Haced esto en memoria mía“, ¿De qué modo explica que las palabras “Este es mi Cuerpo“, “Esta es mi Sangre” se deben entender en sentido “simbólico”?

Objeción II: No se puede decir que Jesús hablaba literalmente, porque en Jn 6,63, dice que sus palabras “son espíritu y vida

Respuesta: O.k. Es un buen punto. Notemos que antes de que Cristo dijera esto, el versículo de Juan 6:60 nos dice que algunos dijeron “Duro es este lenguaje, ¿Quién puede escucharlo”.
Naturalmente, si Jesús explicaba que sus palabras tenían un sentido de metáfora, era de esperarse que entonces sus oyentes se tranquilizaran. Y Jesús, al darse cuenta de que están murmurando, dice “Mis palabras son espíritu y vida“.

Pero, ¡Oh, sorpresa!, parece que sus palabras producen el efecto contrario al que quisieran nuestros amigos protestantes. El versículo 66 nos dice que “muchos se volvieron atrás y ya no andaban con Él“.
De tal forma que su “explicación”, en vez de tranquilizar a sus oyentes, los escandalizó MÁS AÚN. ¿Qué deducir de ello?
Bueno, podemos deducir que Cristo, al decir “mis palabras son espíritu y vida“, no tenía la más mínima intención de decir que sus palabras tenían sentido simbólico. O bien podemos deducir que Cristo no sabía darse a entender, y permitía tranquilamente que por un malentendido, lo abandonaran discípulos suyos.

Punto número dos: Los protestantes insisten mucho en “mis palabras son espíritu“, dando a entender que ESO, significa “mis palabras son simbólicas”.
La palabra “espíritu”, se remite a un significado espiritual, y por lo tanto, que las palabras de Cristo tenían un significado espiritual.
El problema para los protestantes, es que lo espiritual es REAL, no simbólico, y mal que les pese, no es lo mismo un “sentido espiritual”, que un “sentido simbólico”.
Un sentido espiritual tiene significado propio, y nos dice que las palabras deben aplicarse al espíritu. En el caso de la Eucaristía, que es alimento espiritual, para nuestras almas, es así.
Por el contrario, un sentido simbólico no tiene significado propio, sino que es simplemente FIGURA de otra cosa totalmente distinta. Así, el pan sería figura del Cuerpo de Cristo, y el vino figura de la Sangre de Cristo, como pretenden nuestros amigos protestantes. (Y también tendrían que explicarnos qué simboliza “comer la carne“, y “beber la sangre“).

Pero al decir Cristo que sus palabras “son espíritu”, descarta totalmente el sentido simbólico, porque el espíritu es REAL, tiene significado propio, y no es una “figura”.

Objeción III: En la Misa católica, no se observa ningún cambio en el pan y el vino, ¿Cómo saber si realmente se convirtieron en Cuerpo y Sangre de Cristo?

Respuesta: Vale la pena estudiar detenidamente esta objección, pues puede ser muy útil a los protestantes, o muy desastrosa, todo es cuestión de cómo se tome.
Los protestantes insisten mucho en esto, recalcando que “los milagros que Cristo hacía, eran visibles”, y un bautista, en su rabieta, decía que “en las bodas de Caná el agua transformada en vino sabía a vino, y por lo tanto, en la Misa debe haber algo parecido, de lo contrario todo es fraude”.
Para empezar, uno puede explicar todo lo que quiera sobre la presencia por transustanciación, según la cuál las especies de pan y vino permanecen inmutables, y lo que cambia son las sustancias, mismas que son imperceptibles para los sentidos.
Y aún cuando esta es la explicación del asunto, los protestantes no dudan en rechazarla, porque no les parece bien que esa sencilla respuesta desbarate su ataque. Exigen entonces pruebas bíblicas de que Cristo se hace presente de modo sustancial, y todas las explicaciones teológicas no los convencen.
Vamos a ver, la Teología explica que el cambio ocurre a nivel de sustancia porque las especies permanecen incólumes. No se puede rechazar el dogma eucarístico, limitándose a negar la explicación de las sustancias, precisamente por todo el respaldo bíblico a la interpretación literal.
Entonces sólo tenemos dos opciones: O aceptamos la explicación teológica, o negamos la presencia real (y con ella la transustanciación), a pesar de todo el apoyo bíblico (que supuestamente respetan mucho los protestantes), y que tiene la doctrina católica.

Unos días antes de redactar este artículo, tuve una discusión de esa índole con un protestante, donde, acorralado por la carga bíblica que pesaba en su contra, el protestante pasó a los argumentos científicos, diciendo que un análisis químico debía demostrar si había o no, SUSTANCIA del Cuerpo de Cristo y Sangre de Cristo.
Principalmente, me cuestionó sobre “qué era la sustancia”, y por qué escapaba incluso a los análisis científicos.
Yo respondí comparando la sustancia (concepto filosófico), con el alma humana, cuya existencia y presencia no pueden ser comprobadas ni por los sentidos físicos, ni por análisis científicos.
Sobra decir que en absoluto quedó convencido, y siguió insistiendo, incluso saliéndose del tema que tratábamos.

Pero el asunto se pone más interesante, estudiado con profundidad.
Entre los protestantes, es común la idea de que “creyendo en Cristo se es salvo”, y proclaman que “son salvos”, y su slogan es “cree en Cristo y sé salvo”, y de hecho, critican que los católicos “no sabemos a dónde nos vamos a ir cuando muramos”.
Bueno, bueno, el asunto aquí es el mismo: ¿Cómo sabemos nosotros que la persona en cuestión “es salva”? ¿Lo vemos, acaso? ¿Lo olemos, oímos su categoría de “salvo”? ¿Tocamos su “salvación”? ¿Vemos algún pliego con firma de Dios que lo declare “salvo”?
¡Es válido! Si nos dicen: “¿Sabes qué? Yo soy salvo”, la pregunta viene a ser la misma: “¿Y yo cómo lo sé? ¿Cómo sé que no es un fraude?”.
Los protestantes se apresurarán a responder: “Quien es salvo, lo siente en su corazón, como fruto de su encuentro personal con Cristo, y por la FE, sabe que es salvo”.

¡Wow!, entonces los protestantes ya nos dieron la respuesta: Igualmente, nosotros, como fruto de nuestro encuentro personal con Cristo en la Eucaristía, sentimos en nuestro corazón, por la FE, que realmente estamos comiendo Su Cuerpo y bebiendo Su Sangre.

Y esa explicación “por la fe”, suena muy mal a oídos de los protestantes cuando se trata de la Eucaristía, pero en cambio, ellos mismos la usan para explicar varias cosas.

Anuncios