Muchos hablan de la Tradición de la Iglesia sin comprender realmente lo que Tradición significa. Otros están confundidos sobre su verdadero significado y composición. Entonces: ¿Qué es la Tradición de la Iglesia? Comprender lo que la Tradición de la Iglesia es o no es constituye un asunto de vital importancia.

Como parte de la Revelación todos sabemos que la Tradición es todo aquello que por vía oral y no por las Sagradas Escrituras forma parte del Depósito de Fe. En este punto no existe complicación. Pero desde el punto de vista teológico definir “Tradición” resulta problemático y muy confuso para muchos.

La Tradición desde el punto de vista teológico

La Tradición de la Iglesia, desde el punto de vista teológico, es una combinación de elementos que se suman para crear un todo inseparable; esto es la esencia misma de la Iglesia fundada por Cristo. Estos elementos se pueden consideran en dos grupos: los inmutables que nunca cambian y siempre permanecen idénticos, y aquellos que si pueden cambiar o son modificables. Es importantísimo entender esta diferencia pues si no se entiende bien se puede caer en gravísimos errores: aquellos que quieren cambiar lo que no se puede cambiar de la Tradición caen en el gravísimo error del modernismo o progresismo, un error condenado por el magisterio en el Syllabus y en tantos otros documentos oficiales. Aquellos que no entienden que la Tradición igualmente se compone de elementos que pueden cambiar siguen una noción, errónea, limitada e incompleta de la Tradición.

Los elementos que no cambian y siempre permanecen idénticos en la Tradición son el dogma y la moral. El dogma y la moral de la Iglesia, lo que tenemos que creer y que hacer o no hacer para salvarnos son inmutables y permanecen idénticos por todos los siglos. Ese dogma y moral son un elemento de la Tradición pero no son la totalidad de la Tradición. En un gran error están los que confunden el dogma y la moral inmutable como sinónimos o totalidad de la Tradición. Esto no es así pues dogma y moral no son la totalidad de la Tradición sino solo elementos de esta. Así como Paris no es la totalidad de Francia sino solo parte de esta. Y si bien es cierto que Paris es parte esencial y principal de Francia, es también cierto que Francia es más grande que Paris. Hay otras áreas, ciudades y provincias en Francia además de Paris. Lo mismo pasa con la Tradición. Dogma y moral inmutables son parte esencial y principal de la Tradición pero no son la totalidad de la Tradición pues la Tradición abarca más que dogma y moral. La Tradición de la Iglesia contiene más elementos, es más grande que solo dogma y moral inmutables. Decir o creer que la Tradición se compone solo y únicamente de dogma y moral es un gran error y una visión limitada de esta.

Dogma, Moral, Liturgia, Disciplina y Acción Pastoral, elementos de la Tradición

La Tradición no solo se compone del dogma y moral que no pueden cambiar y permanecen idénticos por todos los siglos, pero también se compone de liturgia, disciplina, y la acción pastoral del magisterio. La suma de todos estos elementos, dogma y moral inmutables, liturgia, disciplina, y acción pastoral forman lo que se conoce como Tradición de la Iglesia.

-Catecismo de la Iglesia Católica (78): “Esta transmisión viva, llevada a cabo en el Espíritu Santo es llamada la Tradición en cuanto distinta de la Sagrada Escritura, aunque estrechamente ligada a ella. Por ella, “la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree” (DV 8). “Las palabras de los Santos Padres atestiguan la presencia viva de esta Tradición, cuyas riquezas van pasando a la práctica y a la vida de la Iglesia que cree y ora” (DV 8).

Así bien, si la Tradición Apostólica es la parte de la Revelación no contenida en la Biblia, en sentido teológico, la Tradición de la Iglesia como tal es una combinación de elementos: inmutables e incambiables algunos, cambiables otros. Los inmutables son el dogma y la moral, y los mutables que se adaptan a los tiempos y circunstancias son la liturgia, la disciplina, y la acción pastoral. Así define la Tradición desde la perspectiva teológica el Papa Benedicto XVI:

-Papa Benedicto XVI (26 de abril de 2006 ) “Esta permanente actualización de la presencia activa de nuestro Señor Jesucristo en su pueblo, obrada por el Espíritu Santo y expresada en la Iglesia a través del ministerio apostólico y la comunión fraterna, es lo que en sentido teológico se entiende con el término Tradición: no es la simple transmisión material de lo que fue donado al inicio a los Apóstoles, sino la presencia eficaz del Señor Jesús, crucificado y resucitado, que acompaña y guía mediante el Espíritu Santo a la comunidad reunida por él.

La Tradición es la comunión de los fieles en torno a los legítimos pastores a lo largo de la historia, una comunión que el Espíritu Santo alimenta asegurando el vínculo entre la experiencia de la fe apostólica, vivida en la comunidad originaria de los discípulos, y la experiencia actual de Cristo en su Iglesia… Así pues, concluyendo y resumiendo, podemos decir que la Tradición no es transmisión de cosas o de palabras, una colección de cosas muertas. La Tradición es el río vivo que se remonta a los orígenes, el río vivo en el que los orígenes están siempre presentes.

La Tradición es pues la suma total del dogma y moral inmutables, disciplina, liturgia y actividad pastoral. Y si bien es cierto que el dogma y la moral nunca jamás pueden cambiar y permanecen idénticos por siempre, los otros elementos que completan lo que es la Tradición si pueden cambiar. Así por ejemplo la liturgia puede cambiar de acuerdo con los tiempos y circunstancias como lo demuestra el Concilio de Trento. Este Concilio nos dice que es un derecho del Magisterio de la Iglesia el cambiar o modificar su liturgia cuando esta quiere por las razones que esta quiera.

Así nos lo confirma el Concilio de Trento:

-Concilio de Trento (Sesión 21): “En la Iglesia siempre ha existido este poder, que en la administración de los sacramentos…ella puede modificar o cambiar lo que ella considera mas apropiado para el beneficio de los que los reciben o con respecto hacia los mismos sacramentos, de acuerdo a circunstancias variables, tiempo o lugares”

Lo que el Concilio de Trento nos decreta respecto a la liturgia, la Enciclopedia Católica de 1907 (Nihil Obstat Imprimatur) nos lo vuelve a confirma.

– Enciclopedia Católica (Nihil Obstat Imprimatur 1907): “Estrechamente relacionados con los derechos papales respecto al oficio de enseñar están aquellos acerca del culto divino. Pues es la ley de la oración la que fija la ley de la fe. En este campo es mucho lo que está reservado exclusivamente para ser reglamentado por la Santa Sede. Sólo el papa puede determinar los ritos litúrgicos empleados en la Iglesia. De surgir alguna duda respecto al ceremonial de la liturgia, el obispo local no puede decidir con su sola autoridad; debe recurrir a Roma. De la misma manera, el Papa tiene total autoridad para interpretar, alterar y abrogar sus propias leyes y las que hayan sido establecidas por sus predecesores. Tiene la misma plenitud de poder que ellos, y tiene frente a las leyes que ellos establecieron la misma posición que tiene frente a las promulgadas por él mismo”.

De la misma manera en que el Concilio de Trento y la Enciclopedia Católica nos dicen que la liturgia cambia de acuerdo a “circunstancias variables, tiempo y lugares”, de esa misma forma la disciplina de la Iglesia cambia igualmente cuando la Iglesia quiere. El Catecismo de Baltimore de 1891 (Nihil Obstat, Imprimatur) nos recuerda el pleno poder la Iglesia para cambiar y modificar su disciplina lo mismo que la liturgia.

– Catecismo de Baltimore 126: Hay dos cosas que debemos entender claramente y en la que no cabe confusión, esto son los dos tipos de leyes en la Iglesia —esas que Cristo nos dio y esas que la Iglesia ha creado ella misma. Por ejemplo la Iglesia no puede abolir uno de los sacramentos dejando solo seis; tampoco puede añadir uno, haciendo ocho. Pero por ejemplo, cuando la Iglesia declara que en cierto día no se puede comer carne, esa es una ley que la Iglesia ha hecho y que puede cambiar cuando quiera. Nuestro Señor permitió que su Iglesia fuese libre de hacer ciertas leyes como fuesen necesarias. La Iglesia siempre ha ejercido este poder y ha hecho leyes que se ajusten a las circunstancias de lugar o época. Aun hoy día la Iglesia se deshace de algunas viejas leyes que ya no son necesarias y hace otras que son más necesarias. Pero las doctrinas, las verdades de Fe y Moral, las cosas que debemos creer y hacer para salvar nuestras almas, nunca podrán ser cambiadas: la Iglesia puede regular algunas cosas en la aplicación de las leyes divinas, pero las leyes en si mismas nunca podrán cambiarse en su substancia. (Catecismo de Baltimore, Rev. Padre Thomas L. Kinkead, Nihil Obstat: D. J. McMahon, Censor Librorum, Imprimatur: *Michael Augustine Arzobispo de Nueva York, septiembre, 1891)

Aquí pues claramente se ve que junto con los elementos que nunca jamás cambian en la Tradición, ósea el dogma y la moral, otros elementos de esa misma Tradición como la liturgia, disciplina y la acción pastoral si pueden cambiar y de hecho cambian de acuerdo a tiempo y circunstancias.

La Acción Pastoral y el Desarrollo del Dogma

Otro elemento clave en la Tradición desde el punto de vista teológico, es la acción pastoral, es decir la relación entre los pastores legítimos de la Iglesia y su rebaño. Esta acción pastoral es parte integra de la Tradición y se compone a la vez de varios elementos que suman esta relación pastor-rebaño, o lo que es lo mismo, magisterio de la Iglesia con sus fieles.

Un es un elemento importantísimo de la acción pastoral es la manera en que el pastor, ósea el magisterio, explica a los fieles la doctrina incambiable e inmutable. Esto es que el magisterio de la Iglesia decide o escoge la manera en que se explica un dogma; como se aplica una doctrina incambiable e inmutable a las circunstancias especificas de cada época y lugar. Porque una cosa es el dogma en si mismo, que es inmutable y permanece idéntico por siempre, y otra cosa diferente es la manera en que se explica este dogma. La manera en que un dogma incambiable o inmutable se explica o desarrolla es parte importante de esa acción Pastoral del Magisterio y esa manera particular de explicar el dogma inmutable es algo que igualmente se ajusta o adapta a circunstancias, tiempo y lugar.

Así nos explica San Gregorio Magno (Ezechielem lib. 2, horn. 4, 12):

«Con el correr del tiempo fue acrecentándose la ciencia de los patriarcas; pues Moisés recibió mayores ilustraciones que Abraham en la ciencia de Dios omnipotente, y los profetas las recibieron mayores que Moisés, y los apóstoles, a su vez, mayores que los profetas»

También el beato Papa Juan XXIII nos habla de la importantísima distinción entre el contenido o substancia del dogma y la manera de expresar este. La substancia y significado del dogma no cambia nunca jamás, pero la manera en que el magisterio explica o desarrolla ese dogma puede adaptarse a época y lugar. Una cosa es el dogma en si mismo y otra la manera de explicar o hacer entender ese dogma. Nos dice el beato que estas son dos cosas diferentes y que no deben confundirse entre si.

-Santo Padre beato Juan XXIII (11 octubre de 1962): “El supremo interés del Concilio Ecuménico es que el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado en forma cada vez más eficaz… ante todo es necesario que la Iglesia no se aparte del sacro patrimonio de la verdad, recibido de los padres; pero, al mismo tiempo, debe mirar a lo presente, a las nuevas condiciones y formas de vida introducidas en el mundo actual, que han abierto nuevos caminos para el apostolado católico…el Concilio Ecuménico XXI quiere transmitir pura e íntegra, sin atenuaciones ni deformaciones, la doctrina que durante veinte siglos, a pesar de dificultades y de luchas, se ha convertido en patrimonio común de los hombres… Sin embargo, de la adhesión renovada, serena y tranquila, a todas las enseñanzas de la Iglesia, en su integridad y precisión, tal como resplandecen principalmente en las actas conciliares de Trento y del Vaticano I… espera que se de un paso adelante hacia una penetración doctrinal y una formación de las conciencias que esté en correspondencia más perfecta con la fidelidad a la auténtica doctrina, estudiando ésta y exponiéndola a través de las formas de investigación y de las fórmulas literarias del pensamiento moderno. Una cosa es la substancia de la antigua doctrina, del “depositum fidei”, y otra la manera de formular su expresión…”

Lo que el beato Juan XXIII explica aquí, que una cosa es la substancia de la doctrina y otra cosa es la manera de formular o expresar esa doctrina. Esa manera de explicar la doctrina o desarrollarla es importantísimo elemento de la acción pastoral del Magisterio de la Iglesia. Según los tiempos y circunstancias la Iglesia adapta esa manera de expresar el inmutable dogma. Así el dogma permanece idéntico e incambiable por siempre, pero la manera de explicarlo cambia según la acción pastoral de la Iglesia que la explica esos dogmas de manera más eficaz según los tiempos y circunstancias.

Este desarrollo del dogma nunca jamás debe confundirse con la herejía del modernismo. La herejía del modernismo busca cambiar el significado y esencia del dogma y adaptar este a la corriente filosófica de moda. El desarrollo católico del dogma solo desenvuelve la manera de explicar el dogma dejando intacto el significado, esencia y substancia de este. Mientras la herejía del modernismo busca cambiar el sentido y esencia del dogma inmutable, el desarrollo católico del dogma solo hace explicitas verdades contenidas en el dogma de manera implícita.

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