Seguramente más de una vez se habrán encontrado con estas palabras: Sucesión Apostólica . Seguramente, como yo lo hice alguna vez, se habrán preguntado: “qué es eso?”.

Pues bien, en este tema trataremos de desarrollar y explicar que es la Sucesión Apostólica en base al testimonio de la Biblia.


Qué es la Sucesión Apostólica?

Cuando Cristo estubo en la tierra y comenzó a edificar su Iglesia, de entre todos sus discípulos, eligió a doce y los instituyó como Apóstoles, es decir, enviados.
A estos doce, Jesús les da el “ministerio” de «predicar a toda criatura el Evangelio» (Mc 16,15); y solo a uno de ellos le encomienda «confirmar en la fe a sus hermanos» (Lc 22,32) y «apacentar sus ovejas» (Jn 21,15-17).

Ahora bien, tanto Cristo como los Apóstoles eran concientes de que éstos no vivirían para siempre y que estaban destinados a tener sucesores, es decir, personas idóneas que continuaran su ministerio con la misma autoridad que Cristo les había conferido a los doce tal y como lo confirman las Escrituras.

“Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor” Lucas 6,13-16

“Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades” Lucas 9,1

“Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.» Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.» “ Juan 20,21-23

Ahora bien, hay alguna prueba Bíblica que muestre una sucesión?

Si. El primer testimonio que tenemos en la Biblia sobre la sucesión apostólica, lo tenemos relatado en el libro de los Hechos de los Apóstoles.

Uno de aquellos días Pedro se puso en pie en medio de los hermanos – el número de los reunidos era de unos ciento veinte – y les dijo:

«Hermanos, era preciso que se cumpliera la Escritura en la que el Espíritu Santo, por boca de David, había hablado ya acerca de Judas, el que fue guía de los que prendieron a Jesús. Porque él era uno de los nuestros y obtuvo un puesto en este ministerio. «Conviene, pues, que de entre los hombres que anduvieron con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús convivió con nosotros, a partir del bautismo de Juan hasta el día en que nos fue llevado, uno de ellos sea constituido testigo con nosotros de su resurrección.» Presentaron a dos: a José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías. Entonces oraron así: «Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de estos dos has elegido, para ocupar en el ministerio del apostolado el puesto del que Judas desertó para irse adonde le correspondía.» Echaron suertes y la suerte cayó sobre Matías, que fue agregado al número de los doce apóstoles. Hechos 1,16-17.21-26

Como vemos en estos versículos, los Apóstoles fueron concientes de que el mimisterio que Jesús les había encomendado no debía quedar vacante y que en ausencia de ellos debía haber sucesor con la misma autoridad conferida por Cristo, tanto para establecer comunidades eclesiásticas como para enseñar la sana doctrina y así mantener la unidad de la fe.

Los apóstoles establecen comunidades eclesiásticas y designan presbíteros.

A medida que la Buena Nueva se iba expandiendo, los apóstoles iban estableciendo nuevas comunidades y designaban a los presbíteros por medio de la oración y la imposición de manos como vemos en los siguientes versículos.

“Designaron presbíteros en cada Iglesia y después de hacer oración con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído.” Hechos 14,23

“No descuides el carisma que hay en ti, que se te comunicó por intervención profética mediante la imposición de las manos del colegio de presbíteros.” 1 Timoteo 4,14

A su vez, estos presbíteros nombrados o establecidos, tenían la autoridad conferida por el Espíritu Santo a través de los Apóstoles de nombrar nuevos presbíteros en cada una de sus comunidades.

“El motivo de haberte dejado en Creta, fue para que acabaras de organizar lo que faltaba y establecieras presbíteros en cada ciudad, como yo te ordené.” Tito 1,5

“Tú, pues, hijo mío, manténte fuerte en la gracia de Cristo Jesús; y cuanto me has oído en presencia de muchos testigos confíalo a hombres fieles, que sean capaces, a su vez, de instruir a otros.” 2 Timoteo 2,1-2

Todas estas comunidades, como bien lo muestran las Escrituras, contaban con su presbítero o colegio de presbíteros. Estas comunidades eran autárquicas en lo que se refiere a la parte administrativa, pero en cuanto a unidad doctrinal, todas, absolutamente todas estaban sujetas a la autoridad, decisiones  y a las ordenanzas de los apóstoles y presbíteros en Jerusalén.

“Conforme iban pasando por las ciudades, les iban entregando, para que las observasen, las decisiones tomadas por los apóstoles y presbíteros en Jerusalén.” Hechos 16,4

Es decir que todas las comunidades se regían, en lo que se refiere a doctrinas y costumbres, por las ordenanzas emanadas de la Iglesia central.

Como hemos visto hasta ahora, todas las comunidades establecidas por los Apóstoles contaban con presbíteros ordenados por ellos mismos u ordenados por otros presbíteros. La autoridad dada a estos presbíteros era conferida por los mismos Apóstoles o por presbíteros ya ordenados por medio de la imposición de manos.

Así y todo, hubieron casos en que personas se autoerigieron y se proclamaron con autoridad de enseñar y a los cuales la Biblia condena muy duramente.

“Esta es la recomendación, hijo mío Timoteo, que yo te hago, de acuerdo con las profecías pronunciadas sobre ti anteriormente. Combate, penetrado de ellas, el buen combate, conservando la fe y la conciencia recta; algunos, por haberla rechazado, naufragaron en la fe; entre éstos están Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendiesen a no blasfemar.” 1 Timoteo 1,18-20

“Evita las palabrerías profanas, pues los que a ellas se dan crecerán cada vez más en impiedad, y su palabra irá cundiendo como gangrena. Himeneo y Fileto son de éstos: se han desviado de la verdad al afirmar que la resurrección ya ha sucedido; y pervierten la fe de algunos.” 2 Timoteo 2,16-18

“Os ruego, hermanos, que os guardéis de los que suscitan divisiones y escándalos contra la doctrina que habéis aprendido; apartaos de ellos” Romanos 16,17

“Hijos míos, es la última hora. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora. Salieron de entre nosotros; pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros” 1 Juan 2,18-19

“En cambio vosotros, queridos, acordaos de las predicciones de los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo. Ellos os decían: «Al fin de los tiempos aparecerán hombres sarcásticos que vivirán según sus propias pasiones impías.» Estos son los que crean divisiones, viven una vida sólo natural sin tener el espíritu”. Judas 1,18-19

Por medio de Sucesión Apostólica, la Iglesia de Cristo se ha mantenido fiel a las enseñanzas y ha conservado la autoridad conferida por Cristo a los doce y transmitida a través de los años hasta la actualidad.

Paz y bien.