En una reunión de padres de un colegio, la directora preguntó en el APA sobre la violencia en la escuela y cómo resolver las situaciones conflictivas: “¿Qué hacer frente a la instalación de lo peor de nuestra sociedad dentro del aula?” Por último, tras el repaso de algunos hechos dolorosos, se interrogó a sí misma: “¿cómo Dios puede permitir una cosa así?”

Un padre interrumpió y dijo: “Al igual que nosotros, creo que Dios está profundamente triste por estos hechos, pero durante años hemos estado diciéndole a Dios que se vaya de nuestras escuelas, que se vaya de nuestro gobierno, de los medios de comunicación, de nuestras universidades, de la política, de los hospitales; que se vaya de todos lados: en definitiva lo echamos… de nuestras vidas. Y siendo tan respetuoso de nuestra libertad el Señor nos obedeció, creo que se ha retirado mansamente. ¿Cómo podemos esperar que Dios nos de Su bendición y Su protección cuando le hemos exigido que nos deje solos?”

Todo comenzó cuando una autoridad de la consejería se quejó porque no quería que se rezara en las escuelas… Y dijimos que estaba bien.

“Luego alguien dijo que mejor se suprimiese la clase de religión en las escuelas. La Biblia dice: no matarás, no robarás, amarás a tu prójimo como a ti mismo… Y dijimos que estaba bien.

Luego unos psicólogos dijeron que no debíamos poner límites a nuestros hijos cuando trasgreden las normas porque sus personalidades pueden frustarse y podríamos estropear su autoestima. Y dijimos que estaba bien.

Luego alguien dijo que no deberíamos reprender a nuestros hijos cuando trasgreden las normas de convivencia. Y dijimos que estaba bien.

Luego alguien dijo que dejemos a nuestras hijas que aborten si quieren. Y dijimos que estaba bien.

Luego algunos directores de colegios dijeron que ya que los muchachos siempre van a ser muchachos y de todos modos lo van a hacer, démosles todos los preservativos que quieran para que puedan divertirse, y así ahorramos en abortos y de paso “prevenimos” el sida y las enfermedades venéreas. Y dijimos que estaba bien.

Luego algunos de nuestros principales funcionarios públicos dijeron que no importa lo que hacemos en privado mientras cumplamos con nuestro trabajo. Estuvimos de acuerdo con ellos y dijimos que no importa lo que la gente hace con su vida privada, incluyendo los dirigentes del país, mientras yo tenga un trabajo y la economía esté bien.

Luego alguien dijo: dejemos libertad absoluta a la pornografía y neguemos que sea una afrenta a la dignidad humana, en especial la de la mujer. Otro afirmó que “Play Boy”, aparte de tener muy buenos artículos periodísticos tiene una óptica sana y realista sobre la belleza del cuerpo femenino… Y dijimos que estaba bien.

Y luego alguien publicó fotografías de sexo explícito. Y dijimos que estaba bien, que tienen derecho a la libertad de expresión.

Luego la industria del espectáculo dijo: Hagamos “reality shows” por televisión y películas que promuevan la pornografía, la infidelidad, el hedonismo sin límite, la violencia y el sexo como paradigmas de una sociedad sin valores, donde todo es cuestionable, desde la vida de un inocente hasta el derecho a la privacidad, donde la “cámara oculta” tiene el poder de dirimir sobre la fama y la honra de un indefenso ciudadano. Y dijimos que eso no era más que diversión, que no tiene efectos negativos, que de todos modos nadie lo toma en serio, así que adelante.

Ahora nos preguntamos porqué nuestros hijos no tienen parámetros para distinguir entre el bien y el mal. Si lo pensamos despacio, encontraremos la respuesta. Creo que tiene mucho que ver con que LO QUE SEMBRAMOS ES LO QUE RECOGEMOS. Es curioso cómo la gente simplemente manda a Dios fuera de la historia y luego se pregunta por qué el mundo está en proceso de destrucción.

Anuncios