San Ireneo fue el primero en usar la palabra Decálogo para referirse a las diez palabras (Ex 34,28; Dt 4,10; 19,4) que significan el texto de la alianza promulgado en el Sinaí y escritos en dos redacciones: Ex 20,2-17 y Dt 5,6-21). Las dos principales diferencias entre ambas son la distinta motivación para vivir el sábado (Ex 20,8-11 y Dt 5,12-15) así como el modo de dividir los mandamientos que prohíben los deseos ilícitos (Ex 20,17 y Dt 5,21). En efecto, si miramos la redacción Deuteronomista que diferencia el deseo de una mujeor al deseo de cosas y propiedades y siguiendo la lógica interna que hace a las dos prohibiciones de adulterio y robo corresponder la prohibición de los dos deseos correlativos, tan diferentes en sí mismos, los católicos siguiendo a san Agustín agrupamos en un solo mandamiento la prohibición de tener otros dioses y la prohibición de hacer imágenes (Ex 20,3s; Dt 5,7s). Por el contrario los reformados, recurriendo a la enumeración de los padres griegos y de la Iglesia oriental, distinguen las dos primeras prohibiciones en dos mandamientos (de ahí la acusación de los iconoclastas a la Iglesia católica como si hubiéramos anulado un mandamiento para fomentar el culto a las imágenes) y unen en un solo mandamiento los dos deseos ilícitos.

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El Decálogo (Ex 20,1-17).

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