Qué significa esta frase? Mucho se ha discutido acerca de este versículo de la Biblia. Hay quienes sostienen que por el hecho de ser cristianos todos tenemos las llaves para poder ingresar al cielo.
Otros sostienen que a Pedro en ese momento se le dio la misión de predicar a los gentiles, y una larga lista de etcéteras.
Pero, ¿Qué entendía el pueblo hebreo con el hecho de tener “las llaves”?

En la antigüedad “las llaves” eran el símbolo de la autoridad y del poder.
Darle a uno las llaves de la ciudad es entregarle la autoridad suprema de gobierno sobre ella.
Dios tiene las llaves del cielo, de donde baja la lluvia cuando él abre (Lc 4,25), y las llaves del abismo o reino de la muerte, sobre el que ejerce omnímodo poder (Ap 20,1-3). Jesucristo tiene “la llave de David, que abre y nadie cierra, cierra y nadie abre (Ap 3,7), cumpliendo de este modo la profecía de Isaías (Is 22,22), que hacía de las llaves de David título mesiánico y símbolo de su poder.
Cuando Jesús pronuncia esta frase, le está hablando directamente a Pedro, no está hablando a un público en general. Jesús “dice a ti”, en singular, a una persona directa. No dice el texto “a ustedes” o a los “creyentes”. Dice específicamente que las llaves se las otorga a Pedro.
Como vimos al principio del presente tema, las llaves representan el “poder”, la “autoridad”. Las llaves del Reino de los cielos confieren a Pedro la autoridad máxima para gobernar la Iglesia (Mt 16,19).
Pero, ¿Cómo podemos asegurar que a Pedro se le da la autoridad para gobernar la Iglesia, para decidir sobre la Iglesia? ¿En qué momento Jesús pone a Pedro a la cabeza de la Iglesia?
En un pasaje donde Jesús, ya resucitado, llama a Pedro aparte, está la respuesta:

Jn 21,15-17
Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos.» Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.» Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.

Con la frase “apacienta a mis corderos”, Jesús confirma a Pedro como cabeza de la Iglesia. Y así lo entendieron los primeros cristianos dado que cada vez que se cita a los Apóstoles, siempre se lo nombra a Pedro en primer lugar. Así mismo en Hechos de los Apóstoles vemos que siempre es Pedro el que toma la palabra y quien toma decisiones para el bien de la Iglesia.
¿Pero estos son los únicos versículos donde podemos encontrar referencias acerca de la Primacía de Pedro?
No.
Hay un pasaje muy particular donde Jesús confirma la Primacía de Pedro y le confiere la misión de confirmar en la fe a sus hermanos.

Luc 22:31-32
«¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos.»

Así mismo, dentro de la Biblia, encontramos que cada vez que Dios da una misión especial a algún ser humano, le cambia el nombre. Uno de los ejemplos más grande es Abraham, Jacob. Es así como Jesús, al otorgarle la misión a Pedro de “apacentar a sus corderos” y de “confirmar” a sus hermanos, le cambia el nombre de Simón (diminutivo de Simeón = caña) por el de Kefas o Pedro (piedra).

Resumiendo: Jesús le confiere una misión a Pedro, motivo por el cual le cambia el nombre. Para poder llevar adelante esta misión, Jesús le da el poder a Pedro para autoridad para decidir en materia de enseñanza y de establecer normas dentro de la Iglesia, lo que se ve reflejado en la entrega de las llaves del Reino, como así también en el poder “atar y desatar”.
La promesa es que ese “atar” (δήσης) y “desatar” (λυσβς) sobre la tierra tendrá su automática ratificación en el cielo. Estas expresiones “atar” y “desatar,” que ya se usan en el A.T., aparecen como términos técnicos en la literatura rabínica, ambiente neo testamentario. Significan declarar lícita o ilícita una cosa, tal como lo hacían los sacerdotes del Templo cuando declaraban impura o pura alguna cosa o persona o lo que estaba permitido o prohibido.
Estas palabras de “atar” y “desatar” expresan los plenos poderes judiciales de absolver o condenar.

Veamos algunas opiniones de los Padres de la Iglesia sobre estos pasajes de la Biblia:

Cirilo (315-386), thesaurus de sancta et consubstantiali Trinitate
Según la promesa de Cristo, la Iglesia apostólica de Pedro permanece pura de toda seducción y a cubierto de todo ataque herético, por encima de todos los gobernadores, obispos y sobre todo los primados de las iglesias, en sus pontífices, en su completísima fe y en la autoridad de Pedro. Y cuando algunas iglesias han sido tildadas por los errores de alguno de sus individuos, sólo ella reina sostenida de un modo inquebrantable, impone silencio y cierra la boca a los herejes. Y nosotros, a no ser que estemos engañados por una falsa presunción de nuestra salvación, o tomados del vino de la soberbia, confesamos y predicamos juntamente con ella la verdad y la santa tradición apostólica en su verdadera forma.

San Juan Crisóstomo (34-407), homiliae in Matthaeum, hom. 54,2
Ved también cómo Cristo conduce a Pedro hasta las ideas más elevadas sobre su persona. Porque le promete dar lo que a sólo Dios compete, es decir, el perdonar los pecados y hacer inmutable a la Iglesia en medio de tantas tempestades, de persecuciones y de tentaciones.

Rábano (784-856)
Aunque parece que sólo a Pedro fue dado este poder de atar y desatar, sin embargo, también es concedido a los demás apóstoles y ahora en los Obispos y en los presbíteros a toda la Iglesia. Y si Pedro recibió con especialidad las llaves del Reino de los Cielos y el principado de la potestad judiciaria, fue para que todos los fieles del mundo comprendan, que todos los que se separan, bajo cualquier concepto, de la unidad de fe o dejan de estar unidos a él, no pueden ser desatados de las cadenas de los pecados, ni entrar por las puertas del Reino de los Cielos.

Rábano
Con razón se dio las llaves del Reino de los Cielos a aquel, que confesó con más devoción que los demás, al Rey de los cielos. De esta manera se hizo saber a todos, que sin esta fe y sin esta confesión, no entraría nadie en el Reino de los Cielos. Se entiende por llaves el poder y el derecho de discernir. El poder para que ate y desate y el derecho de discernir, para que distinga a los dignos de aquellos que no lo son.

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