La primera respuesta que se me viene a la cabeza es que el catolicismo fue la herencia más importante que me dejaron mis padres. Aunque durante un tiempo estuve indeciso, algo perdido o confundido, también porque no decirlo obnubilado por las prácticas de otras denominaciones cristianas, en ningún lugar me sentí más cómodo, más cerca de Dios que en la Iglesia Católica, específicamente en la Parroquia de San Francisco de Asís en mi pueblo natal San Juan, Argentina.

Pero una vez decidido a quedarme donde estaba, comencé a estudiar un poco más acerca de mi Iglesia, no porque no me hubiesen enseñado antes, sino porque muchas veces uno no presta demasiada atención en el culto o simplemente porque no se interesa demasiado en las cosas de Dios.

Así mismo, debieron pasar diversos sucesos en mi vida que me hicieron comenzar la búsqueda de Dios, retornar a su amor y aprender más de Él y de su misericordia.

Comencé detenidamente a estudiar la Biblia y la historia de mi Iglesia. Hasta hace poco yo era de esos que pensaban que todo lo que dice la Iglesia está mal, que era antibíblico, que eran costumbres de hombres, tradiciones, etc., etc.

El estudio detenido me llevó a entender muchas cosas que yo ignoraba su porque y su razón de ser.

Sin saberlo cuestioné el celibato, la eucaristía, la autoridad, el dogma, la doctrina y que se yo cuantas cosas más.

Pero profundicemos los motivos por los cuales tomé esta decisión tan importante.

Primero hagamos un repaso por la Biblia.

Mt 16,18-19  Y ahora yo te digo: Tú eres Pedro (o sea Piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; los poderes de la muerte jamás la podrán vencer.  Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo.

No voy a discutir si Jesús utilizó la palabra kefá, Cefas, Kephas, Petra, Peter o lo que fuere. Solo sé que primero el apóstol se llamaba Simón y en este versículo Jesús le cambia el nombre por el de Pedro. No se lo cambiaron los apóstoles, no fue una persona cualquiera quien le cambia el nombre, sino el mismo Jesús, es decir Dios, y no fue a ninguno de los otros doce a quienes les dio la llave del Reino de los Cielos, se las dio a Pedro, y sobre la fe de Pedro manifestada cuando le dice “Tú eres el mesías, el Hijo de Dios vivo” y que esa afirmación fuera revelada por Dios mismo, Jesús le dice: “Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Creo que no hace falta mayor explicación ni una interpretación elaborada para llegar a una conclusión. Jesús instituye a Pedro cabeza de la Iglesia.

Pero no nos quedemos solamente con eso.

Más adelante Jesús le dice a Pedro: “¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha pedido permiso para sacudirlos a ustedes como trigo que se limpia; pero yo he rogado por ti para que tu fe no se venga abajo. Y tú, cuando hayas vuelto, tendrás que fortalecer a tus hermanos”. (Lc 22,31-21). Jesús confirma su decisión de establecer a Pedro como cabeza visible de su Iglesia, a pesar de que sabía que Pedro lo iba a negar, no una, sino tres veces.

En otro pasaje de la Biblia, estando ya Jesús resucitado y en ocasión de estar Pedro con alguno de los apóstoles pescando, después de haberlos llamado a la orilla y haber comido, Jesús llama aparte a Pedro y le pregunta:

Jn 21,15-17  Cuando terminaron de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”. Le preguntó por segunda vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Pedro volvió a contestar: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Cuida de mis ovejas”. Insistió Jesús por tercera vez: “Simón Pedro, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se puso triste al ver que Jesús le preguntaba por tercera vez si lo quería y le contestó: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero”. Entonces Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas.

Jesús no solo le reprocha por las tres negaciones de Pedro, sino que Jesús; el Buen Pastor, reafirma la fe de Pedro y le da la misión de “apacentar sus ovejas”, es decir, cuidar de su Iglesia, guiar a su Iglesia.

En los comienzos de la iglesia primitiva, vemos que Pedro siempre toma la palabra para definir cuestiones de fe, para zanjar conflictos que se presentan entre los creyentes judíos y los paganos. El apóstol Pablo sube donde Pedro para consultarlo y se queda unos días con él.

Por todos los motivos enunciados creo firmemente en la primacía de Pedro, el primer Papa, el Vicario de Cristo y la sucesión apostólica.

Cristo quiso que hubiese una cabeza que mantuviese unida su Iglesia evitando divisiones y falsas doctrinas.

Soy católico porque en mi Iglesia se mantiene y respeta una jerarquía que ya en tiempo de los apóstoles era respetada y considerada necesaria. La Iglesia Católica mantiene una unidad que no se encuentra en otras denominaciones cristianas. Pero mejor recurramos a la Biblia y veamos que nos cuenta al respecto:

Jn 17,20-23 “No ruego sólo por éstos, sino también por todos aquellos que creerán en mí por su palabra. Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti. Que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la Gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Así alcanzarán la perfección en la unidad, y el mundo conocerá que tú me has enviado y que yo los he amado a ellos como tú me amas a mí”.

Rom 16,17 Hermanos, les ruego que tengan cuidado con esa gente que va provocando divisiones y dificultades, saliéndose de la doctrina que han aprendido. Aléjense de ellos.

1Co 1,10-12 “Les ruego, hermanos, en nombre de Cristo Jesús, nuestro Señor, que se pongan todos de acuerdo y terminen con las divisiones, que encuentren un mismo modo de pensar y los mismos criterios. Personas de la casa de Cloe me han hablado de que hay rivalidades entre ustedes. Puedo usar esta palabra, ya que uno dice: “Yo soy de Pablo”, y otro: “Yo soy de Apolo”, o “Yo soy de Cefas”, o “Yo soy de Cristo”.

La Iglesia católica tiene cargos jerárquicos que son totalmente bíblicos:

1Ti 3,1  Si alguien aspira al cargo de obispo, no hay duda de que ambiciona algo muy eminente.

1Ti 3,8-9  Los diáconos también han de ser respetables y de una sola palabra, moderados en el uso del vino; que no busquen dinero mal ganado, y  que guarden el misterio de la fe con una conciencia limpia.

Flp 1,1  Carta de Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús, a los filipenses, a todos ustedes, con sus obispos y sus diáconos, que en Cristo Jesús son santos.

Hch 20,17  Debido a eso, desde Mileto Pablo envió un mensaje a Éfeso para convocar a los presbíteros de la Iglesia.

Hch 20,28  Cuiden de sí mismos y de todo el rebaño en el que el Espíritu Santo les ha puesto como obispos (o sea, supervisores): pastoreen la Iglesia del Señor, que él adquirió con su propia sangre.

Esta jerarquía me garantiza a mí que nadie va a poder venir a enseñarme cosas que vayan contra la fe y que cuando cambie el sacerdote, el obispo o el Papa, el que venga cambie toda la doctrina y la forma de creer y actuar de la Iglesia.

Sólo en la Iglesia Católica puedo encontrarme a diario con Cristo por medio de la Eucaristía, algo sumamente importante para mi existir y para mi reconciliación con Dios. La Eucaristía es un sacramento que se viene administrando desde los comienzos de la Iglesia y que fuera instituido por el mismísimo Jesús como un mandato hasta que Él vuelva.

Mt 26,26-28 Mientras comían, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomen y coman; esto es mi cuerpo”. Después tomó una copa, dio gracias y se la pasó diciendo: “Beban todos de ella: esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que es derramada por una muchedumbre, para el perdón de sus pecados”.

Jn 6,51-56 “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo. Los judíos discutían entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer carne?”. Jesús les dijo: “En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna, y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él”.

1Co 10,16-17  La copa de bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? Así, siendo muchos formamos un solo cuerpo, porque el pan es uno y todos participamos del mismo pan.

1Co 11,23-29 “Yo he recibido del Señor lo que a mi vez les he transmitido. El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan y, después de dar gracias, lo partió diciendo: “Esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes; hagan esto en memoria mía. De igual manera, tomando la copa, después de haber cenado, dijo: “Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Todas las veces que la beban háganlo en memoria mía. Fíjense bien: cada vez que comen de este pan y beben de esta copa están proclamando la muerte del Señor hasta que venga. Por tanto, el que come el pan o bebe la copa del Señor indignamente peca contra el cuerpo y la sangre del Señor. Cada uno, pues, examine su conciencia y luego podrá comer el pan y beber de la copa. El que come y bebe indignamente, come y bebe su propia condenación por no reconocer el cuerpo”.

En otras denominaciones cristianas, este sacramento es considerado solo un simbolismo, y realizan la fracción del pan una vez al mes, una vez al año o directamente no lo realizan. Sin mencionar que además otras denominaciones niegan que el matrimonio sea un sacramento, desconocen la confirmación (Hch 8,16-18; Heb 6,1-2), la unción de los enfermos (Mc 6,13; Stgo 5,14), el bautismo de los niños y con respecto a esto último se encuentran tan divididos que algunos lo realizan y otros no y tienen cinco posiciones al respecto.

En algunas denominaciones cristianas, y sin caer en un machismo misógino, permiten predicadores femeninos cosa que es totalmente opuesta a la Biblia y la Tradición Apostólica.

Mat 10,1-4 “Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio poder sobre los malos espíritus para expulsarlos y para curar toda clase de enfermedades y dolencias. Estos son los nombres de los doce apóstoles: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el recaudador de impuestos; Santiago, el hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo y Judas Iscariote, el que lo traicionaría”.

1Ti 2,11-12  La mujer oiga la instrucción en silencio, con toda sumisión. No permito que la mujer enseñe ni que domine al hombre. Que se mantenga en silencio.

1Co 14,34-37 “Hagan como se hace en todas las Iglesias de los santos: que las mujeres estén calladas en las asambleas. No les corresponde tomar la palabra. Que estén sometidas, como lo dice también la Ley. Y si desean saber más, que se lo pregunten en casa a su marido. Es feo que la mujer hable en la asamblea. ¿Acaso la palabra de Dios partió de ustedes, o ha llegado tal vez sólo a ustedes? Los que entre ustedes son considerados profetas o personas espirituales reconocerán que lo que les escribo es mandato del Señor”.

La Iglesia Católica bien enseña que la Biblia no es la única forma de acceder a la enseñanza de Cristo, de los apóstolos o del cristianismo.

Mc 4,33-34  Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.

Jn 16,12  Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello.

Jn 20,30  Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro.

Jn 21,25  Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran.

Hch 1,2-3  hasta el día en que, después de haber dado instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido, fue llevado al cielo. A estos mismos, después de su pasión, se les presentó dándoles muchas pruebas de que vivía, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca de lo referente al Reino de Dios.

¿Por qué habría de cambiar mi fe por nuevas ideas que no tienen tradición, que no tienen historia, que no tienen una cabeza que dirija, que enseñe y que adoctrine? ¿Por qué habría de pasarme a una fe que cambia de acuerdo al pastor, ministro o lo que fuere de turno?

¿Por qué cambiar a otra religión que ha tomado todas sus bases y doctrinas de la Iglesia Católica y las ha acomodado a sus necesidades?

¿Por qué cambiar a otra iglesia que ha tomado prestada la Biblia condensada por la Iglesia Católica después de cientos de años de estudio, y en un periquete le ha quitado libros por considerarlos impropios?

¿Por qué cambiar a otra denominación donde idolatran al ministro o pastor hasta el punto de convertirlo en una especie de papa y en algunos casos lo convierten en “súper papa”?

No.

Prefiero quedarme en la Iglesia Católica, fiel guardiana de la Palabra de Dios, la Tradición Apostólica y la enseñanza de los Padres de la Iglesia. Quiero quedarme en una Iglesia que ha permanecido unida por 2000 años y que prevalece a pesar de los hombres. Quiero quedarme en una Iglesia que me ha enseñado a orar por mis hermanos, a ayudar a mis hermanos todo de acuerdo a lo que nos ha enseñado la Biblia y la Tradición Apostólica. Estas y muchas razones más son los motivos por los cuales yo soy Católico.

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