Sobre las “maldiciones generacionales”.

Éxo 20,5  No te postres ante esos dioses, ni les sirvas, porque yo, Yavé, tu Dios, soy un Dios celoso. Yo pido cuentas a hijos, nietos y biznietos por la maldad de sus padres que no me quisieron.

Éxo 34,7  El mantiene su benevolencia por mil generaciones y soporta la falta, la rebeldía y el pecado, pero nunca los deja sin castigo; pues por la falta de los padres pide cuentas a sus hijos y nietos hasta la tercera y la cuarta generación.

Núm 14,18  Yavé es paciente y rico en misericordia. Soportas la falta y el pecado, pero no dejas pasar la falta, porque el pecado de los padres lo castigas en los hijos, en los nietos y en los bisnietos.

Jer 32,18  Tú mantienes tu bondad por mil generaciones, pero castigas la falta de los padres en sus hijos. ¡Oh Dios grande y poderoso, que te llamas Yavé de los Ejércitos,

¿Estos versículos acaso nos dicen que tenemos un Dios vengativo y rencoroso que hace pagar a justos por pecadores?

Nada más lejos de la realidad. Antes de dar una posible interpretación, primero es necesario conocer en qué contexto se escribieron, que pretendieron decir o transmitir los hagiógrafos. Cuál fue el mensaje espiritual que pretendieron dar.

Antes que nada debemos tener en cuenta que el libro del Éxodo cuya autoría se le atribuye a Moisés, se terminó de redactar, sin embargo, durante el destierro de Israel en Babilonia. Así mismo muchos investigadores actuales coinciden en el hecho de que este libro sufrió adiciones durante el destierro, en las cuales se observan las diferentes corrientes o tradiciones que han dado a llamar: Yahvista, Elohísta y Sacerdotal.

¿Pero es que acaso la Biblia no se escribió bajo la inspiración del Espíritu Santo? Sí, pero ello no quiere decir que los autores humanos no utilizaran figuras y costumbres o tradiciones conocidas para dar una doctrina, teniendo en cuenta la mentalidad y la cultura de las personas, a quienes iba dirigida la misma.

¿Entonces de donde salió la ley de que Dios castiga el pecado de los padres hasta la cuarta generación?

La idea surgió de las costumbres e idiosincrasia de los pueblos mesopotámicos. La solidaridad familiar dio origen a esta ley, que pagaran los hijos por los padres. Esta ley es, en parte, natural en una organización de tribus en las que tiene que privar la ley de la defensa. La ley de la sangre es la defensa de las organizaciones primarias, y, en virtud de ella, los miembros de una familia tienen que pagar por los crímenes de uno de ellos.

Y conforme a este modo de obrar de la justicia humana (regida por el principio de la solidaridad) se concebía también la justicia divina. Pero los juicios de Dios van siempre dirigidos por su sabiduría y templados por su misericordia, aunque, al hablar a los hombres, la Escritura se amolda a su lenguaje y mentalidad.

Pero así como encontramos textos donde aparentemente Dios se muestra vengativo con la descendencia del pecador, también encontramos textos donde Dios solo pide que “pague” quien ha cometido el pecado.

Deu 24,16  No se matará a los padres por la culpa de sus hijos, ni a los hijos por la de sus padres. Cada cual pagará por su propio pecado.

2Re 14,6  pero no condenó a muerte a los hijos de los asesinos de acuerdo a lo que está escrito en el Libro de la Ley de Moisés. Yavé, en efecto, dio este mandato: “Los padres no serán condenados a muerte por los hijos, ni éstos por sus padres; sino que cada cual será condenado a muerte por su propio pecado”.

2Cr 25,4  Pero no hizo morir a los hijos de ellos, conforme a lo escrito en la Ley, en el libro de Moisés, donde Yavé tenía prescrito: “No morirán los padres por los hijos ni los hijos por los padres, sino que cada uno morirá por su propio pecado.

Eze 18,20  Quien debe morir es el que peca; el hijo no carga con el pecado del padre, y el padre no cargará con el pecado del hijo. El mérito del justo le corresponderá sólo a él, y la maldad del malo, sólo a él.

¿Acaso la Biblia se contradice? ¿Acaso Dios cambia de parecer?

Como bien dijimos más arriba, el hecho de que Dios sea el inspirador de la Escritura, ello no quiere decir que Dios le hablaba al oído a los autores sagrados como quien hace un dictado.

¿Entonces como es posible que los autores sagrados cambiaran de opinión? Simple. Toda cultura o civilización a medida que avanza y crece modifica parte de sus tradiciones y costumbres, adaptándolas y perfeccionándolas.

A partir del destierro del pueblo de Israel en Babilonia, la mentalidad del pueblo fue cambiando, fueron replegándose sobre sí mismos y se centraron más en las responsabilidades personales y no tanto en las comunales.

En la antigua organización patriarcal y tribal, la ley de la solidaridad tenía una importancia excepcional, fundada en las leyes de la consanguinidad y en las exigencias de una sociedad imperfectamente organizada. El individuo era más bien considerado como parte de un todo, miembro de una colectividad; por eso los pecados de uno redundaban en perjuicio de los otros, y viceversa, las buenas acciones de unos eran imputadas a los miembros de la comunidad. Sobre todo, los hijos se consideran como algo del padre, de forma que tienen que cargar con sus responsabilidades.

A partir del libro del Deuteronomio (Segunda Ley), se perfila mejor la responsabilidad, y, conforme a la predicación de los profetas, se proclama que cada uno responderá de su pecado y que los hijos no serán castigados por los pecados de los padres, y viceversa. Los contemporáneos de Jeremías y de Ezequiel (S. VII-VI a.C.) se quejan de que los “padres comieron las uvas verdes” y los hijos “sufren la acidez.” En el futuro no será así, sino que cada uno responderá de sus buenas o malas acciones.

Por las posibles contradicciones y los textos fuera de contexto, es que la Biblia se ha de leer con el mismo Espíritu con que fue escrita: por tanto, para descubrir el verdadero sentido del texto sagrado hay que tener muy en cuenta el contenido y la unidad de toda la Escritura, la Tradición viva de toda la Iglesia, la analogía de la fe. A los exegetas toca aplicar estas normas en su trabajo para ir penetrando y exponiendo el sentido de la Sagrada Escritura, de modo que con dicho estudio pueda madurar el juicio de la Iglesia. Todo lo dicho sobre la interpretación de la Escritura queda sometido al juicio definitivo de la Iglesia, que recibió de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la Palabra de Dios.

Por tanto, la interpretación de la Biblia no puede estar sometida a la arbitrariedad de los hombres, ni a un individualismo feroz. La Biblia pertenece a toda la Iglesia, a todos sus miembros y a toda su historia, y por lo tanto la interpretación de la misma es obra también de toda la Iglesia. En la Iglesia, como en el cuerpo hay miembros diferentes, hay diversos carismas; de entre ellos el Magisterio ha recibido el carisma de interpretar con autenticidad la Escritura y por tanto de juzgar sobre la ortodoxia de cualquier otra interpretación de los miembros de la comunidad eclesial.

Señor,
dame la humildad suficiente para creer en tu Palabra,
en la Tradición viva de la Iglesia
y en el Magisterio de la Iglesia,
a quien tú encomendaste la interpretación auténtica
de tu Palabra de salvación.
Amén

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