Antes de desarrollar el tema, creo que es necesario explicar el concepto de Purgatorio.

Con esta palabra se designa el lugar o estado de expiación y purificación ultraterrena de las almas de los justos muertos en gracia y amistad de Dios, pero con pecados veniales o sin haber satisfecho completamente la pena temporal debida por sus pecados.

La existencia del purgatorio es verdad particularmente consoladora y lógica dentro de la fe cristiana. “Se ha de tener en cuenta -escribe S. Tomás- que, por parte de los buenos, puede haber algún impedimento para que sus almas reciban, una vez salidas del cuerpo, el último premio consistente en la visión de Dios. Efectivamente, la criatura racional no puede ser elevada a dicha visión, si no está totalmente purificada… Pero a veces acontece que tal purificación no se realiza totalmente en esta vida, permaneciendo el hombre deudor de la pena, ya por alguna negligencia… o también porque es sorprendido por la muerte. Mas no por eso merece ser excluido totalmente del premio, porque pueden darse tales cosas sin pecado mortal, que es el único que quita la caridad, a la cual se debe el premio de la vida eterna… Luego es preciso que sean purgadas después de esta vida antes de alcanzar el premio final” (Summa contra gentes, lib. IV, cap. 91).

El Purgatorio en la Sagrada Escritura

Los textos concretos aducidos ordinariamente al respecto son los siguientes.

Sal 66:12 Dejaste que un cualquiera cabalgara sobre nuestras cabezas, por el fuego y por el agua hemos pasado pero, al fin, nos has hecho respirar.

2Ma 12,39-46 Al día siguiente, fueron en busca de Judas (cuando se hacía ya necesario), para recoger los cadáveres de los que habían caído y depositarlos con sus parientes en los sepulcros de sus padres. Entonces encontraron bajo las túnicas de cada uno de los muertos objetos consagrados a los ídolos de Yamnia, que la Ley prohíbe a los judíos. Fue entonces evidente para todos por qué motivo habían sucumbido aquellos hombres. Bendijeron, pues, todos las obras del Señor, juez justo, que manifiesta las cosas ocultas, y pasaron a la súplica, rogando que quedara completamente borrado el pecado cometido. El valeroso Judas recomendó a la multitud que se mantuvieran limpios de pecado, a la vista de lo sucedido por el pecado de los que habían sucumbido. Después de haber reunido entre sus hombres cerca de 2.000 dracmas, las mandó a Jerusalén para ofrecer un sacrificio por el pecado, obrando muy hermosa y noblemente, pensando en la resurrección. Pues de no esperar que los soldados caídos resucitarían, habría sido superfluo y necio rogar por los muertos; más si consideraba que una magnífica recompensa está reservada a los que duermen piadosamente, era un pensamiento santo y piadoso. Por eso mandó hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado.

 

Es de notar que en el texto se alaba a Judas Macabeo porque obra bien y piensa rectamente: se aprueba pues expresamente el pensar que aquellos que han muerto piadosamente tienen reservada una magnífica recompensa, y que se rece por los difuntos para que sean librados de sus pecados (cfr. C. Pozo, o. c. en bibl. 248).

Mat 12,32 Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro.

En este texto, Jesús da a entender que hay pecados que pueden ser perdonados.

1Co 3,11-15 Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo. Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego. Aquél, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa. Mas aquél, cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. Él, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego.

El punto principal estriba en la metáfora final: quien ha edificado sobre Jesucristo, pero pobremente -madera, paja, heno-, recibirá detrimento, pero se salvará como quien pasa por el fuego. Comenta S. Tomás: “Esto no puede entenderse del fuego del infierno, porque quienes lo padecen no se salvan. Es necesario, pues, entenderlo del fuego purgador” (Derationibus Fidei, 9 ed. Marietti, n° 1020).

Bien sabemos que para poder estar en presencia de Dios el alma debe estar totalmente limpia de pecado, según lo afirmado en Heb 12:14 (Procurad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor), pero San Pablo afirma acá que alguien puede estar en paz con Dios, pero sin embargo aún conserva algún pecado o lleva sobre sí la consecuencia del mismo, deberá primero “limpiarse” totalmente antes de entrar al Reino de los Cielos.

San Pablo da otros ejemplos, no tan claros como en Corintios, pero que afirman la necesidad de orar por las almas de los fallecidos.

2Ti 1,16-18 Que el Señor conceda misericordia a la familia de Onesíforo, pues me alivió muchas veces y no se avergonzó de mis cadenas,  sino que, en cuanto llegó a Roma, me buscó solícitamente y me encontró. Concédale el Señor encontrar misericordia ante el Señor aquel Día. Además, cuántos buenos servicios me prestó en Éfeso, tú lo sabes mejor.

En estos párrafos Pablo solicita misericordia por un tal Oniséforo ya fallecido.

Otro texto bastante esclarecedor es el que se encuentra en Lc 16:19-31, donde algunos teólogos sostienen que el rico se encuentra en el Purgatorio y no en el infierno, dado que si estuviere el rico en el infierno, no podría hablar con Abraham.

Mat 5:25-26 Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.

Cristo asegura que debemos ponernos en “regla” con Dios antes de ir a rendir cuentas, porque este nos mandará a la cárcel (purgatorio). Saldremos de ahí, pero no sin antes haber pagado hasta el último centavo. En algunas versiones en vez de centavo dice “cuadrante”; cuadrante es una moneda que vale dos minutas, lo cual equivale a decir: no saldrás de la cárcel mientras no hayas expiado hasta los pecados más pequeños.

El Purgatorio es el punto de confluencia de otras muchas verdades de fe, que son por él presupuestas y completadas. Eso explica los errores que sobre él se han dado, ya que, negada alguna de esas verdades, se deriva lógicamente la deformación de la realidad del Purgatorio.