Cuantas veces no hemos escuchado decir: –que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo (Rom 10,9), motivo por el cual muchos se confunden y creen que con esa confesión basta para seguir por la vida sin mirar a los costados y creerse ya en el Reino de los Cielos.

Es bien cierto que es necesario recibir al Señor con el corazón y hacerlo Dueño y Señor de nuestras vidas para que no seamos nosotros quienes vivamos, sino que podamos decir como San Pablo: “es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,20).

El católico recibe a Cristo en el bautismo y realiza su confesión de fe en el Sacramento de la Confirmación.

Pero de ahí en adelante es necesario confirmar día a día esa fe en Cristo con las obras que son el producto de la fe, son el fruto que tantas veces Jesús pidió a sus discípulos.

El fruto de la fe no son las riquezas o las posesiones materiales, en realidad es todo lo contrario, el fruto de la fe es el renunciamiento a uno mismo, es negarse a uno mismo en bien a los demás en Nombre de Aquél que lo dio todo, hasta la última gota de su sangre por nosotros.

El Señor muchas veces nos dijo que el discípulo bien formado no puede ser distinto del Maestro (Lc 6,40), y si Jesús se deshizo en buenas obras (Jn 14,11), nosotros como discípulos de Cristo, lo menos que podemos hacer es imitar al Maestro.

El Señor nos advirtió muchas veces que no bastará con decir ¡Señor, Señor! (Mt 7,21-23) para entrar al Reino de los Cielos y que es necesario obrar bien para poder gozar de esa dicha.

Pero esta idea de las buenas obras es solo un invento o tiene base Bíblica? La respuesta clara y concisa la encontramos en la misma Biblia, no solo en el Antiguo Testamento, sino que también lo encontramos en el Nuevo, en muchas partes en boca de los Apóstoles y otras en la “ipsissima verba Jesu”, es decir en la mismísima Palabra de Jesús.

Dejemos un poco la “teoría” y hagamos un recorrido por la Biblia y que sea ella quien nos responda.

 

Las buenas obras en el Antiguo Testamento

Sal 28,4 Págales tú de acuerdo a sus obras y según la malicia de sus crímenes, dales lo mismo que han hecho sus manos; págales como se lo merecen.

 Sal 62,12 y tuya es, oh Señor, también la gracia. Que eres tú quien retribuye a cada cual según sus obras.

 Job 34,11 Porque él retribuye la obra del hombre y trata a cada uno según su conducta.

Jer 17,10 Yo, Yavé, yo escudriño el corazón y sondeo las entrañas; yo doy a cada cual según su conducta y según el fruto de sus obras.

Jer 32,19 grande en tus proyectos y poderoso en tus realizaciones; tú tienes los ojos fijos en la conducta de los humanos para pagar a cada uno según su conducta y según el fruto de sus obras!”

Pro 24,12 Tú dirás después: “¡No lo sabíamos!” Pero el que pesa los corazones ve claro, el que te observa lo sabrá; y recompensará a cada uno según sus obras.

 

Las buenas obras en el Nuevo Testamento

 Mt 5,16 Hagan, pues, que brille su luz ante los hombres; que vean estas buenas obras, y por ello den gloria al Padre de ustedes que está en los Cielos.

 Mt 16,27 Sepan que el Hijo del Hombre vendrá con la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno según su conducta.

Mt 25,34-40 Entonces el Rey dirá a los que están a su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo. Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve sin ropas y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver. Entonces los justos dirán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber?” ¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos, o sin ropa y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? El Rey responderá: “En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí”. (Contundente)

Lc 14,13-14 Cuando des un banquete, invita más bien a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos. ¡Qué suerte para ti si ellos no pueden compensarte! Pues tu recompensa la recibirás en la resurrección de los justos.

 Jn 5,29 Los que obraron el bien resucitarán para la vida, pero los que obraron el mal irán a la condenación.

 Rom 2,6-7 El pagará a cada uno de acuerdo con sus obras. Dará vida eterna a quien haya seguido el camino de la gloria, del honor y la inmortalidad, siendo constante en hacer el bien;”

Gál 6,8-10 El que siembra en el espíritu, cosechará del espíritu la vida eterna. Así, pues, hagamos el bien sin desanimarnos, que a su debido tiempo cosecharemos si somos constantes.  Por consiguiente, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, y especialmente a los de casa, que son nuestros hermanos en la fe.

 1Cor 3,8 El que planta y el que riega están en la misma situación, y Dios pagará a cada uno según su trabajo.

 2Cor 5,10 Pues todos hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir cada uno lo que ha merecido en la vida presente por sus obras buenas o malas.

Efe 6,8 sabiendo que el Señor retribuirá a cada uno según el bien que haya hecho, sea siervo o sea libre.

 1Tim 6,18-19 Que practiquen el bien, que se hagan ricos en buenas obras, que den de buen corazón, que sepan compartir. De esta forma amontonarán un capital sólido para el porvenir y conseguirán la vida verdadera.

Heb 13,16 No se olviden de compartir y de hacer el bien, pues tales sacrificios son los que agradan a Dios.

1Pe 1,17 El Padre que invocan no hace diferencias entre personas, sino que juzga a cada uno según sus obras; tomen, pues, en serio estos años en que viven fuera de la patria.

1Pe 2,12 Lleven una vida ejemplar en medio de los que no conocen a Dios; de este modo, esos mismos que los calumnian y los tratan de malhechores notarán sus buenas obras y darán gloria a Dios el día en que los visite.

 Flm 1,6 Ojalá esa fe se vea en las obras y manifieste todo lo bueno que tenemos en Cristo.

Stg 2,14-26 Hermanos, si uno dice que tiene fe, pero no viene con obras, ¿de qué le sirve? ¿Acaso lo salvará esa fe? Si un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse ni qué comer, y ustedes les dicen: “Que les vaya bien, caliéntense y aliméntense”, sin darles lo necesario para el cuerpo, ¿de qué les sirve eso?” Lo mismo ocurre con la fe: si no produce obras, muere solita. Y sería fácil decirle a uno: “Tú tienes fe, pero yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin obras, y yo te mostraré mi fe a través de las obras. ¿Tú crees que hay un solo Dios? Pues muy bien, pero eso lo creen también los demonios y tiemblan”. ¿Será necesario demostrarte, si no lo sabes todavía, que la fe sin obras no tiene sentido? Abrahán, nuestro padre, ¿no fue reconocido justo por sus obras cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? Ya ves que la fe acompañaba a sus obras, y por las obras su fe llegó a la madurez. Esto es lo que recuerda la Escritura: Abrahán creyó en Dios, y por eso fue reconocido justo, y fue llamado amigo de Dios. Entiendan, pues, que uno llega a la verdadera rectitud a través de las obras y no sólo por la fe. Lo mismo pasó con Rajab, la prostituta: fue admitida entre los justos por sus obras, por haber dado hospedaje a los espías y porque los hizo partir por otro camino. Porque así como un cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe que no produce obras está muerta.

Apo 20,13 El mar devolvió los muertos que guardaba, y también la Muerte y el Lugar de los muertos devolvieron los muertos que guardaban, y cada uno fue juzgado según sus obras. (Vemos que el juicio se hace sobre las obras y no solo sobre la fe)

Apo 22,12 Voy a llegar pronto, y llevo conmigo el salario para dar a cada uno conforme a su trabajo.

 

Conclusión

A lo largo de este estudio, hemos comprobado que la fe sola o sola fides no basta, no alcanza para ser salvos. La fe solo nos abre la posibilidad de asistir a un juicio, pero serán nuestras obras la “prueba” que nos salve de la condenación.

Bien lo dice Santiago en su carta: “¿Tú crees que hay un solo Dios? Pues muy bien, pero eso lo creen también los demonios y tiemblan”. La mejor forma de mostrar nuestra fe y hacerla madurar son las buenas obras.

De que sirve ir a predicar el Evangelio si no mostramos con hechos lo que decimos. De que nos sirve decir: “Dios proveerá” a un necesitado, no importa su fe, creencia o condición, si nosotros no somos capaces de demostrarle el Amor de Cristo por medio de nuestra caridad, pero la caridad bien entendida.

Hay quienes creen que caridad es sinónimo de limosna, pero nada está más lejos de eso. La caridad es amor, misericordia. La caridad es mostrar que Cristo vive por medio de nuestras obras.

Hoy por hoy, hay muchas iglesias que enseñan a sus fieles a no ser caritativos, a no tener misericordia de los necesitados, a pensar en ellos mismos y no en el prójimo.

Y cuando digo esto, lo digo con conocimiento de causa, ya que durante un tiempo asistí a una iglesia, donde si alguien iba a pedir algo, primero te paseaban por toda la Biblia y luego lo mandaban a pedirle a Cristo. Pregunto, ¿y si era Cristo mismo quien iba a probar el amor de esos que se denominan cristianos?

Los Apóstoles no mandaron a nadie y digo a nadie a pedirle a Cristo (aunque lo podrían haber hecho), sino que ellos demostraron que Cristo vivía en ellos por medio de sus buenas obras. Eran ellos quienes recolectaban para darles a los pobres y necesitados. Primero actuaban, obraban; luego predicaban.

Este estudio, no tiene como fin criticar o juzgar las actitudes de los demás, solo tiene como fin mostrar que el amor a Cristo no es solo “comerse” la Biblia y asistir todos los domingos al Templo a que te prediquen la Palabra. El amor y la fe en Cristo se vive día a día; en la calle, en un hospital, en la asistencia a un hermano, porque, cada vez que nosotros atendemos a un necesitado y hacemos algo por él, también se lo hacemos a Cristo (Mt 25,40).

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