Muchas veces se ha criticado el celibato dentro de la Iglesia Católica.

Pero para profundizar un poco dentro del tema del celibato dentro de la Iglesia, quizá sería interesante dar una mirada a la Biblia para tratar de comprender un poco más este don y esta decisión que toma el sacerdote por el reino de los cielos.

Por lo general para criticar, muchos utilizan lo expresado en Ti 1,6-7; 1Tim 3,2 y 1Tim 3,12, pero en estos versículos vemos que dicen que deben ser casados “una sola vez”, que sean hombres de “una sola mujer”, no pone como condición sine quanon que deben casarse para ser obispos, presbíteros o diáconos.

El motivo por el cual el apóstol da esta recomendación es porque en aquellos tiempos, muchos de los que se convertían al cristianismo y aceptaban al Señor, por lo general tenían varias esposas como era la costumbre de aquella época y al acoger al Evangelio, esta situación no podía continuar así.

Algo similar sucede en la actualidad cuando un pastor protestante se convierte al catolicismo, ya que en algunos casos se les permite ejercer el sacerdocio y continuar con su matrimonio (véase el diálogo interreligioso católico-anglicano), pues su matrimonio sucedió antes de la conversión y de su ordenación.

Un ejemplo, de que la Biblia no prohíbe el quedarse célibe por amor a Dios, nos lo da el Apóstol S. Pablo, que no se casó; y sin embargo no tuvo ningún problema de índole sexual, tal como pretenden algunas sectas dejar entrever de quienes eligen el celibato. Pero parece que muchas sectas no leen la Biblia o eligen lo que les conviene de ella.

S. Pablo nos decía:

1Co 7:7-9 Mi deseo sería que todos los hombres fueran como yo; mas cada cual tiene de Dios su gracia particular: unos de una manera, otros de otra. No obstante, digo a los célibes y a las viudas: Bien les está quedarse como yo. Pero si no pueden contenerse, que se casen; mejor es casarse que abrasarse.

Los sacerdotes, obispos, religiosos, religiosas y algunos consagrados siguen precisamente el ejemplo de San Pablo que por amor a Jesucristo y por el servicio que prestan permanecen sin casarse por el Reino de los Cielos.

Cierto día un pastor protestante se acercó a un sacerdote y le dijo que él estaba obrando mal al no casarse y que estaba siguiendo una doctrina diabólica. Este sacerdote lo miró y le dijo que leyera el capítulo 7 de la primera carta de S. Pablo a los Corintios y que luego conversaran. Hasta el día de hoy el sacerdote está esperando al pastor para conversar.

Hagamos un recorrido por los versículos que seguramente el pastor leyó y que probablemente todavía está masticando:

1Co 7, 25-27 Acerca de la virginidad no tengo mandato del Señor. Doy, no obstante, un consejo, como quien, por la misericordia de Dios, es digno de crédito. Por tanto, pienso que es cosa buena, a causa de la necesidad presente, quedarse el hombre así. ¿Estás unido a una mujer? No busques la separación. ¿No estás unido a mujer? No la busques.

1 Co 7, 32-33  El que no está casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor. En cambio, el casado se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer.

1Co 7,38 Por tanto, el que se casa con su novia, obra bien. Y el que no se casa, obra mejor.

 

Si las sectas consideran que el celibato dentro de la Iglesia Católica es una doctrina diabólica, entonces debería considerar sacar de sus Biblias todas las cartas del Apóstol Pablo o al menos quitar aquellas partes donde él recomienda el celibato como cosa agradable a Dios y como obra de bien.

Hay quienes que alegan que la Iglesia Católica prohíbe el matrimonio y para sustentar estos dichos mal utilizan lo expresado en 1Ti 4,1-3:

El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe entregándose a espíritus engañadores y a doctrinas diabólicas, por la hipocresía de embaucadores que tienen marcada a fuego su propia conciencia; éstos prohíben el matrimonio y el uso de alimentos que Dios creó para que fueran comidos con acción de gracias por los creyentes y por los que han conocido la verdad.

 

Sin embargo, y me consta por experiencia propia, no hay denominación cristiana que insista más en el matrimonio como institución establecida por Cristo que la Iglesia Católica.

Algunas sectas también argumentan que la Iglesia Católica obliga a permanecer célibes. Pero esta aseveración está muy lejos de la verdad, ya que para ser sacerdote uno debe seguir varios años de seminario, donde se cuenta con el tiempo necesario para tomar la decisión definitiva de permanecer célibe.

Si algunos siendo sacerdotes se salieron, se casaron y dicen que eso es lo bueno son unos sinvergüenzas que no fueron capaces de sostener su propia palabra. Algo similar sucede con las personas casadas que se separan, que al principio hacen una promesa “para toda la vida” y después no son capaces de mantener su palabra.

Nadie te obliga a permanecer casado, solo el compromiso que adquiriste ante Dios, lo mismo que el celibato.

El celibato no es un compromiso que se asume ante los hombres o ante la Iglesia, sino que es un pacto que estableces con Dios.

También el laico puede abrazar por motus propio esta condición, respondiendo así a una llamada de Dios, sin que ello afecte su condición dentro de la Iglesia. Es más dentro del matrimonio pueden darse períodos de celibato por mutuo consentimiento, en un todo de acuerdo a lo aconsejado por el Apóstol en 1Co 7,5:

No os neguéis el uno al otro sino de mutuo acuerdo, por cierto tiempo, para daros a la oración; luego, volved a estar juntos, para que Satanás no os tiente por vuestra incontinencia.

El «celibato sacerdotal» no es una «ley» de carácter obligatorio para toda la Iglesia, sino más bien es una «disciplina eclesiástica» que surge de cumplir el consejo del Apóstol Pablo y sobretodo de Nuestro Señor Jesucristo, el cual, estando con los discípulos les dijo:

Mt 19,11-12 Pero él les dijo: «No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda.»

Tal parece que hasta el día de hoy, hay quienes que todavía no pueden entender.

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