Últimamente vengo viendo que muchas personas que se denominan cristianas, también se autoproclaman profetas.

Es increíble como en estos últimos tiempos, que según muchos, dicen que ya estamos viviendo, han aparecido cientos de miles de profetas. Cada uno con un mensaje distinto. Cada uno con una teología y doctrina distintas.

Me pregunto, es que acaso Dios utiliza a los hombres para confundir y engañar a su rebaño? Es que acaso el Espíritu Santo es un espíritu de división para crear tan variada doctrina y tan variado mensaje?

He notado que estos “profetas” de lo único que hablan es de prosperidad, riquezas, posesiones, etc.; pero ninguno habla de riqueza espiritual!!! Ninguno habla del Evangelio de Cristo! Todos, o la gran mayoría solo habla del “evangelio de la prosperidad”! Obviamente, que todo ello, a cambio del diezmo. Ninguno te habla de ser “buen samaritano” o se ser buen cristiano. No. Todos te dicen lo mismo: “Quieres prosperar? Pues primero tienes que diezmar! Dios ama al dador alegre!

En virtud de lo expresado, es que me he tomado el atrevimiento de escribir este pequeño artículo con una breve reseña de que son los profetas y cuál es su ministerio dentro de la Iglesia, no con el fin de desprestigiar ni atacar a nadie, solo con el fin de que el “pueblo” compare.

 

Profeta:

Los profetas según las Sagradas Escrituras, son los voceros de Dios. Los profetas dicen lo que Dios les ordena; muchas veces sin entenderlo y sin darle una interpretación personal, dado que es el Espíritu Santo quien habla en y por ellos.

Un profeta no es un mero anunciador de calamidades o de buena fortuna.

En el antiguo testamento, Dios, en la historia de la salvación; y luego de la división del reino de Israel y con la muerte de Salomón, hizo surgir profetas con el fin de, no solo amonestar a su pueblo, sino también con el fin de mantener la unidad, el temor de Dios y la conversión del pueblo.

Algunos de ellos son: Isaías, Jeremías, Ezequiel, Elías, etc.

Pero todos ellos, profetizaron de una manera u otra, al Profeta por excelencia, todos ellos concordaron en lo mismo. Todos ellos exhortaron al pueblo a la conversión de corazón y a esperar la venida del Mesías.

Y saben que fue lo más grandioso de sus profecías? Que todas ellas se cumplieron en la persona de Jesús!

Pero con la llegada del Mesías, la profecía toma otro cariz. Desde el momento del bautismo, cada cristiano es investido como profeta con un deber específico: Hablar a los hombres sobre Cristo.

Pero nadie puede hablar a los hombres sobre Cristo, si primero no ha hablado a Cristo sobre los hombres.

Cuando tú les enseñas la fe a tus hijos, cuando enseñas a los demás sobre cómo ser un buen cristiano, cuando con tu vida edificas a los demás; estás cumpliendo con tu deber de profeta de Cristo.

San Pablo nos dice que profetizar es hablarles a los hombres sobre Dios, para su edificación y consolación, es decir, animarlos:

1Co 14,3 El que profetiza, en cambio, da a los demás firmeza, aliento y consuelo.

El profeta de Cristo no es un vaticinador ni un lisonjero. El profeta de Cristo, edifica el espíritu de los hombres sobre el fundamento que es Cristo.

Han existido y existirán siempre, muchos simuladores que pretenden pasar por profetas. De hecho en la Biblia, encontramos varios casos en que los profetas verdaderos deben luchar contra los falsos, como le sucedió a Miqueas ben Yimlá con los profetas del rey Ajab, 1 Rey 22, 8-28; Jeremías debió enfrentarse a Ananías, Jer 28; Ezequiel debió enfrentar a varios profetas y profetisas falsos, Ez 13.

Por suerte, las mismas Escrituras nos enseñan a descubrir y a distinguir al verdadero profeta del falso. Y ello lo podemos saber por el cumplimiento de lo anunciado:

Deu 18,22 Si algún profeta habla en nombre de Yahvé y lo que dice no sucede, tú sabrás que esta palabra no viene de Yahvé. El profeta habrá hablado para jactarse y no le harás caso.

Jer 28,9 Por eso, un profeta que anuncia la paz no será reconocido como verdadero profeta, mandado por Yahvé, mientras no se realice lo que él anunció.

Así mismo, se lo reconocerá por la conformidad de lo dicho con lo prescrito por Dios:

Deu 13,2-6 Tal vez se presente en tu pueblo algún profeta o soñador profesional y pronostique alguna señal o prodigio. Si ocurre esta señal o este prodigio, y él te dice: Vamos, sigamos a otros dioses, dioses que no son de nosotros, y sirvámosles, no hagas caso a las palabras de aquel profeta o soñador; porque Yahvé, tu Dios, te prueba para saber si realmente lo amas con todo tu corazón y con toda tu alma. A Yahvé, tu Dios, seguirás y a él temerás, guardarás sus mandamientos y escucharás su voz, a él servirás y a él te abrazarás. Ese profeta o soñador debe morir porque habló de traicionar a Yahvé, tu Dios, que te sacó del país de Egipto y te rescató de la casa de la esclavitud. Debe morir porque quiso desviarte del camino que Yahvé te ha ordenado seguir. Así harás desaparecer el mal de en medio de ti.

Jer 23:13-16 No he encontrado más que estupidez en los profetas de Samaria: profetizaron en nombre de Baal y extraviaron a mi pueblo Israel. Luego vi cosas horrorosas en los profetas de Jerusalén: adulterio, apego a la mentira. Apoyan a los perversos de tal manera, que nadie se arrepiente de su maldad. Para mí son todos ellos como Sodoma, y los habitantes son como los de Gomorra. Esta es, por tanto, la sentencia de Yahvé de los Ejércitos sobre estos profetas: Les daré como comida ajenjo, y como bebida agua envenenada, porque a partir de los profetas de Jerusalén la corrupción ha cundido por todo el país. Esto dice Yahvé: No escuchen las palabras de estos profetas que profetizan para ustedes, porque los engañan contándoles las visiones de su propia imaginación y no lo que sale de la boca de Yahvé.

El ministerio profético de todos los tiempos ha hecho insistente hincapié en que hay que defender y proclamar la verdad revelada. La grandeza de los profetas, al margen de sus mensajes y de sus lenguajes, está en su intermediación en la tarea salvadora de los hombres.

Es por ello, que, como muchos dicen que hoy vivimos en los últimos tiempos, hay que tener mucho cuidado con quienes se autoproclaman profetas de Dios.

La misma Biblia nos advierte que se levantarán falsos profetas y falsos mesías que realizarán “prodigios” que incluso llegarán a confundir y a desviar a los mismos elegidos.

Hoy no todo el que dice ser profeta habla en nombre de Dios, más bien, hablan en nombre de su propio bolsillo.

Ya en el siglo XVI, Martín Lutero, el padre del protestantismo decía:

“Nunca un campesino es tan grosero como cuando tiene sueños y fantasías, él se considera inspirado por el Espíritu Santo y que debe ser un profeta.”

De Wette III, 51 citado en el libro de O’Hare “THE FACTS ABOUT LUTHER” [Los Hechos sobre Lutero], p. 208.

“Los nobles, los ciudadanos, los campesinos, todos entienden el Evangelio mejor que San Pablo y yo; ellos ahora son sabios y se consideran más conocedores que todos los ministros.”

Walch XIV, 1360 citado en el libro de O’Hare, ibid, p. 209.

La Paz sea con ustedes.

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