eucaristiaMuchos dirán que la Iglesia Católica está mal porque dice que Cristo está presente en la Eucaristía y que eso no es cierto, que solamente es un símbolo. Nos asegurarán que si llevan una hostia consagrada y la examinan en un microscopio no van a ver a Jesucristo.  Además, dirán que la Biblia dice que hay un solo sacrificio y no muchos. Que no hacen falta misas, etc.

Pero hay algo que nuestros hermanos nunca podrán entender, y es que la Santa Eucaristía es presencia real de Cristo y que eso es un misterio de fe.

La Iglesia Católica cree en la presencia real, no porque a alguien se le ocurrió, sino que toda doctrina tiene su base en la Biblia y en la Tradición Apostólica. La Iglesia sostiene la doctrina de la transubstanciación, es decir que cree que al consagrar las especies de pan y vino, éstos conservan sus cualidades pero su substancia es la que cambia.

La teología luterana sostiene que todo queda igual con la añadidura de la presencia real de Cristo.
Vemos que son dos explicaciones un tanto diferentes, pero la doctrina es igual.

Lo que sabía Lutero, e ignoran la gran mayoría de los protestantes de hoy, es que la consagración la puede hacer alguien que haya recibido la sucesión apostólica por medio de la imposición de manos y que los seguidores de Lutero, al no poseer esa sucesión perdieron la posibilidad de consagrar el pan y el vino. Y es por ello que las denominaciones protestantes dejaron de practicar o de administrar este sacramento.

La creencia de la Iglesia Católica de la presencia real de Cristo en el pan y vino consagrados, es un hecho que la Palabra de Dios expresa claramente:

«Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.» Jn 6,48-51

Estas son las palabras que Jesús dice y que están en todas las Biblias del mundo: El pan que yo les daré ES MI CARNE. Nuestros hermanos separados dicen que no se debe entender estas palabras literalmente, sino que son un simbolismo.

Pero no hablemos nosotros, sino que dejemos que sea la misma Biblia quien hable y nos muestre la reacción de quienes escucharon estas palabras.

Comparemos los tres niveles de fe: judíos, protestantes y católicos.

El grupo de los judíos reaccionaron de la siguiente manera:

«Discutían entre sí los judíos y decían: « ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Jesús les dijo: «En verdad, en verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del hombre, y no beben su sangre, no viven de verdad. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él». Jn 6,52-56

Si los judíos reaccionaron así es porque entendieron sus palabras literalmente. No fue nada simbólico como dicen muchos actualmente. Y para reafirmar que las palabras de Jesús eran reales, les repitió cuatro veces la necesidad de comer su carne y beber su sangre.

El segundo grupo lo podemos encontrar entre sus discípulos:

Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: “¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo? Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: “¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes? El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida. Pero hay entre ustedes algunos que no creen”. En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y agregó: “Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede”. Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo. Jn 6:60-66

Sus mismos discípulos dicen que esas palabras de comer su carne y beber su sangre eran muy duras.  Si pensaron así es porque se trataba de algo muy real. Este segundo grupo era de creyentes. Personas que habían aceptado las palabras de Jesús, que habían compartido sus enseñanzas, que habían abrazado la fe, pero hasta cierto punto. Para estos creyentes todo iba bien, hasta que oyeron a Jesús hablar de comer su carne y beber su sangre y vemos que desde ese momento muchos de esos discípulos se alejaron y dejaron de acompañarlo.

Sin duda estos discípulos son muy análogos a los protestantes de hoy, que son muy amantes del Señor, pero al llegar al tema de la real presencia de Jesús en la Santa Eucaristía, deciden no seguirlo hasta ese nivel.

Veamos cual es la reacción del tercer nivel de fe:

«Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren marcharse?» Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Hijo de Dios.» Jn 6:67-69

Después de que muchos seguidores se fueran, Jesús les pregunta a los doce: También ustedes quieren marcharse? Pero vemos que la respuesta viene de aquel a quien Jesús dejaría como su pastor, el primer Papa: Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida.

Pedro toma las palabras de Jesús tal como son. Por eso los católicos con esa fe personal de Pedro, unidos a su sucesor, tenemos ese regalo de llegar al tercer nivel de fe. De ahí en adelante el católico acepta las palabras de Jesús tal como son: comer su Cuerpo y beber su Sangre.

Pero las palabras de Jesús no fueron solo para ese tiempo, sino que más tarde impondría un mandato a sus apóstoles para todos los tiempos, hasta que Él vuelva:

«Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se los dio diciendo: Este es mi cuerpo que es entregado por ustedes; hagan esto en memoria mía.» Lc 22:19

Con la celebración eucarística simplemente el católico está cumpliendo con un mandato de Jesús.

Por eso cuando celebramos la misa (memorial de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo), no estamos realizando nuevamente el irrepetible sacrificio de Jesús en la cruz como muchas sectas piensan. Lo que nosotros hacemos es hacer presente ese único sacrificio, tal como Él lo dijo: Hagan esto en memoria mía.

Años después, el apóstol Pablo dirá:

«Porque yo recibí del Señor lo que les he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: «Este es mi cuerpo que será entregado por ustedes; hagan esto en memoria mía.»

Asimismo tomó la copa diciendo: «Esta copa es la sangre de la Nueva Alianza. Cuantas veces la beban, hagan esto en memoria mía.» 1 Cor 11,23-25

Acaso deberíamos pensar que el apóstol Pablo estaba equivocado? Yo creo que no. Pablo entendió estas palabras en el sentido que el Señor las pronunció: Mi cuerpo es verdadera comida y mi sangre en verdadera bebida. El que no come mi cuerpo y no bebe mi sangre, no tiene vida eterna.

Más que un simple recuerdo, la Eucaristía es hacer presente la alianza que nuestro Señor selló con su sangre.

Si llegando a este punto, todavía hubiere alguien que duda de la presencia real de Jesús en las especies consagradas, debería leer con mucha atención el siguiente pasaje:

«Por tanto, quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa. Pues quien, sin examinar su conciencia come y bebe el Cuerpo, come y bebe su propia condenación». 1 Cor 11,28

Tan real es esa presencia que para el apóstol Pablo, beberla y comerla indignamente es para uno condenación. Si yo maltrato o rompo una foto de alguien, no pasa nada. Pero si le hago lo mismo a su presencia real, la cosa cambia.

Para finalizar, si llevamos la hostia consagrada al microscopio, obviamente no veremos a Jesús, más bien nos estaremos pareciendo a ese astronauta que al llegar a la luna dijo: Estuve en el cielo y no vi a Dios.

Pero para ver a Dios, no necesitamos de nuestros ojos físicos, sino que necesitamos de los ojos de la fe. Pablo nos lo recuerda de la siguiente manera:

«Nosotros andamos por Fe y no por vista» Rom 8,24-25

Y pienso que a muchos, es eso lo que les está faltando.

Pues como dijo el Señor Jesucristo: Que entienda el que pueda.

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