En el NT y la literatura patrística más antigua encontramos expresiones que designan de forma muy general a la Eucaristía, tales como “reunirse” (l Cor 11, 17-18. 33-34), “reunirse en común” (Hch 2, 44; l Cor 11, 20; 13, 23), mientras que hallamos otras, como “Eucaristía” y “partir el pan” o “partición del pan”, que la designan por algún aspecto particular, o sea, el todo por la parte.

El nombre de Eucaristía se encuentra bien fundado en los cuatro relatos de la institución, en los que las palabras sacramentales de Jesús van precedidas de una plegaria de “acción de gracias” (“eujaristéin”, “dar gracias”) y de “bendición” (“eulogéin”, “bendecir”) (Mt 26, 26-27; Mc 14, 22-23; Lc 22, 17. 19; l Cor 11, 24; cf. 10, 16).

La “acción de gracias” y “bendición” es un aspecto importante de la Eucaristía en cuanto “sacrificio de alabanza”.

A partir de la primera mitad del siglo II tenderá a hacerse común la palabra “Eucaristía” (Didajé 9, 1; Ignacio 8, 1; Justino, Apología, 66, 1).

En cambio, las expresiones “partir el pan” o “partición del pan”, aunque bíblicas, no llegarán a imponerse (Mt 26, 26; Mc 14, 22; Lc 24, 30; He 2, 42. 46; 20, 7. 11; 27, 35; 1 Cor 10, 16; 11, 24).

Las locuciones “partir el pan” o “partición del pan” se derivan del gesto del padre de familia, que después de la bendición y acción de gracias comenzaba la comida judía rompiendo el pan único en pedazos, que distribuía entre los comensales. Es éste también el acto más significativo de la cena eucarística o celebración litúrgica de los cristianos, que recordaba el gesto de Jesús en la Ultima Cena y acompañaba las palabras con las que identificaba su cuerpo con el pan, y a la vez subrayaba la unión de todos los participantes (Hch 2, 46; 1 Cor 10, 16-17).

Otra expresión muy bíblica e importante para nombrar la celebración eucarística de la Iglesia, que en tiempo de San Pablo estaba aún unida a la comida en común o ágape fraterno, es la de “Cena del Señor” (1 Cor 11, 20).

“Cena del Señor” es traducción de la expresión griega “kyriakón deipnon”.

“Deipnon” era la comida principal del mundo grecorromano, pero también de los judíos en tiempo de Jesús, que comenzaba al caer la tarde y se prolongaba hasta bien entrada la noche (cf. Jn 13. 30; He 20, 7).

El adjetivo “kyriakón” (=”concerniente al Señor”, “dominical”) expresa dos connotaciones principales: por una parte, significa que la celebración eucarística se remonta a la Última Cena que el Señor Jesús celebró con sus discípulos antes de su pasión, por otra, que Cristo, el Señor exaltado a la derecha del Padre y glorificado, está presente en ella como el que convida, y no sólo en el recuerdo de los participantes (Lc 22, 19; 1 Cor 11, 24-25), sino, sobre todo, en los elementos sacramentales de la comida misma, pan y vino consagrados (1 Cor 10, 16-17; 11, 24b. 25b. 27-29). Este nombre ha perdurado en la liturgia romana, pero sólo aplicado a la misa vespertina del Jueves Santo, en el que se conmemora la institución de la Eucaristía.

Dado que hasta muy recientemente la Eucaristía sólo se celebraba por la mañana, es lógico que no se la designase con el nombre de “Cena”, salvo el día del Jueves Santo, en el que el recuerdo de su institución parecía reclamar de forma excepcional esta expresión, a la vez que la nueva reforma litúrgica la recomendaba.