En algún momento me preguntaron en un foro cual sacrificio era más importante para Dios, si el Sacrificio del Altar (Eucaristía) o el sacrificio de Cristo en la cruz.

Esta pregunta vino acompañada del siguiente versículo:

Heb 10,12 Él [Jesús], por el contrario, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio, se sentó a la diestra de Dios para siempre,

 

Por mi parte puedo decir que este versículo fue muy bien utilizado para intentar echar por tierra el sacramento de la Eucaristía. Obviamente que si sacamos este versículo así como muchos otros fuera del contexto, si no analizamos a quienes se estaba dirigiendo Pablo al momento de escribir, los acontecimientos del pueblo cristiano, fácilmente podemos caer en un error y desanimar al que está poco preparado.

Si leemos con atención el Capítulo anterior, es decir el 9 y el 10 completos vemos que Pablo hace una analogía entre la antigua alianza y el significado de la nueva alianza firmada por la sangre de Cristo vertida en la cruz.

Probablemente esta carta iba dirigida a sacerdotes del Templo ya que utiliza terminología muy específica y de conocimiento único de los sacerdotes.

Lo que Pablo intenta resaltar específicamente con esta analogía es que los sacrificios de animales ofrecidos por los sacerdotes en la antigua alianza eran de carácter transitorio. Al comparar ambas alianzas destaca que al realizarse los sacrificios únicamente por los sacerdotes sin que el pueblo pudiese acceder al lugar santo, esto solo se convertía en una barrera en la gente y Dios, pero Cristo al ser instituido Sumo Sacerdote de los bienes venideros, hace que la tienda o el Templo, el lugar de encuentro con Dios, sea el mismo cuerpo de Jesucristo muerto y resucitado.

De esta manera Jesús inaugura el único y definitivo sacerdocio, consumando y estableciendo la nueva alianza de la humanidad con Dios.

Pablo explica que en el mismo sacrificio que consagra a Cristo como sacerdote, nosotros también «quedamos consagrados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo, hecha de una vez para siempre». O lo que es lo mismo, el sacerdocio de Cristo nos hace a todos los creyentes sacerdotes como Él.

Pero volviendo al versículo en cuestión, surge probablemente la siguiente pregunta: ¿Está mal entonces realizar o participar del Sacrificio del Altar? La respuesta es un gran, contundente y rotundo NO.

Veamos que define el Catecismo de la Iglesia Católica como Eucaristía:

Se le llama Eucaristía porque es acción de gracias a Dios. Las palabras “eucharistein” (Lc 22,19; 1Co 11,24) y “eulogein” (Mt 26,26; Mc 14,22) recuerdan las bendiciones judías que proclaman -sobre todo durante la comida- las obras de Dios: la creación, la redención y la santificación.

Fracción del pan porque este rito, propio del banquete judío, fue utilizado por Jesús cuando bendecía y distribuía el pan como cabeza de familia (Mt 14,19; Mt 15,36; Mc 8,6-19), sobre todo en la última Cena (Mt 26,26; 1Co 11,24). En este gesto los discípulos lo reconocerán después de su resurrección (Lc 24,13-35), y con esta expresión los primeros cristianos designaron sus asambleas eucarísticas (Hch 2,42-46; 20,7-11). Con él se quiere significar que todos los que comen de este único pan, partido, que es Cristo, entran en comunión con él y forman un solo cuerpo en él (1Co 10,16-17).

Lo que muchos no pueden entender es que en la Eucaristía nosotros los católicos celebramos el memorial de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Es decir que nosotros no sacrificamos nuevamente a Cristo en cada misa, sino que hacemos presente su sacrificio, recordamos su sacrificio, ofreciendo a Dios pan y vino en nombre de Jesús y que por la gracia del Espíritu Santo, es el mismo Cristo quien se hace presente en los dones, convirtiéndolos en su cuerpo y su sangre.

Le llamamos Sacrificio de Comunión, porque por este sacramento nos unimos a Cristo que nos hace partícipes de su Cuerpo y de su Sangre para formar un solo cuerpo (1Co 10,16-17).

El Catecismo de la Iglesia nos recuerda:

La Eucaristía es, pues, un sacrificio porque representa (= hace presente) el sacrificio de la cruz, porque es su memorial y aplica su fruto:

Cristo, nuestro Dios y Señor, se ofreció a Dios Padre una vez por todas, muriendo como intercesor sobre el altar de la cruz, a fin de realizar para los hombres una redención eterna. Sin embargo, como su muerte no debía poner fin a su sacerdocio (Heb 7,24-27), en la última Cena, “la noche en que fue entregado” (1Co 11,23), quiso dejar a la Iglesia, su esposa amada, un sacrificio visible (como lo reclama la naturaleza humana), donde sería representado el sacrificio sangriento que iba a realizarse una única vez en la cruz cuya memoria se perpetuaría hasta el fin de los siglos (1Co 11,23) y cuya virtud saludable se aplicaría a la redención de los pecados que cometemos cada día.

La Misa no es, pues, un sacrificio independiente y autónomo, es un memorial; de ahí también su carácter de proclamación, al que se refiere S. Pablo: “Pues cuantas veces comáis este pan y bebáis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor hasta que venga” (1 Cor 11,26); no se trata de un anuncio meramente verbal, sino de un anuncio que contiene realmente lo que dice; el sacrificio que cada día se ofrece en la Iglesia no es distinto del que Cristo mismo ofreció, sino su conmemoración.

Pero volviendo a la pregunta de qué sacrificio agrada más a Dios, dejemos que la Biblia sea quien responda:

Flp 4,18  Por el momento tengo todo lo que necesito y más de lo que necesito. Tengo de sobra con lo que Epafrodito me entregó de parte de ustedes y que recibí como un sacrificio “agradable a Dios y cuyo olor sube hasta él”.

Rom 12,1  Les ruego, pues, hermanos, por la gran ternura de Dios, que le ofrezcan su propia persona como un sacrificio vivo y santo capaz de agradarle; este culto conviene a criaturas que tienen juicio.

Heb 13,15  Ofrezcamos a Dios en todo tiempo, por medio de Jesús, el sacrificio de alabanza, que consiste en celebrar su Nombre.

1Pe 2,5  También ustedes, como piedras vivas, edifíquense y pasen a ser un Templo espiritual, una comunidad santa de sacerdotes que ofrecen sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Cristo Jesús.

Da la casualidad que la Eucaristía (acción de gracias) es a la vez un sacrificio real, porque Cristo se hace presente en las especies de pan y vino; y a la vez espiritual porque es el poder del Espíritu Santo quien hace presente a Cristo.

Heb 13,16  No se olviden de compartir y de hacer el bien, pues tales sacrificios son los que agradan a Dios.

 

Pregunto a quienes se valen de un versículo para imponer una idea errónea. ¿Heb 10,12 anula el resto de la Biblia?

La Iglesia honra a la Eucaristía como uno de sus más elevados misterios, ya que por su majestad e incomprensibilidad acompaña a los misterios de la Trinidad y la Encarnación. Estos tres misterios constituyen una triada maravillosa, que hace lucir a la característica esencial del cristianismo como religión de misterios que trascienden con mucho las capacidades de la razón, con todo su esplendor, y eleva al catolicismo, el más fiel guardián y custodio de nuestra herencia cristiana, muy por encima de todas las religiones paganas y no cristianas.

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