Antes de realizar una posible exégesis del relato del Diluvio Universal, es necesario detenernos unos momentos en los siguientes versículos.

Analizando el relato del diluvio, caemos en la cuenta que las repeticiones se suceden.

1) Dos veces comprueba Dios la malicia de los hombres (6,5.12);

Gén 6,5 Viendo Yahveh que la maldad del hombre cundía en la tierra, y que todos los pensamientos que ideaba su corazón eran puro mal de continuo,

Gén 6,12 Dios miró a la tierra, y he aquí que estaba viciada, porque toda carne tenía una conducta viciosa sobre la tierra.

2) Dos veces anuncia el diluvio (6,17; 7,4);

Gén 6,17 «Por mi parte, voy a traer el diluvio, las aguas sobre la tierra, para exterminar toda carne que tiene hálito de vida bajo el cielo: todo cuanto existe en la tierra perecerá.

Gén 7,4 Porque dentro de siete días haré llover sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches, y exterminaré de sobre la haz del suelo todos los seres que hice.»

3) Dios manda a Noé dos veces que construya un arca y entre en ella con su familia (6,18-20; 7,1-3);

Gén 6,18-20  Pero contigo estableceré mi alianza: Entrarás en el arca tú y tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos contigo. Y de todo ser viviente, de toda carne, meterás en el arca una pareja para que sobrevivan contigo. Serán macho y hembra.  De cada especie de aves, de cada especie de ganados, de cada especie de sierpes del suelo entrarán contigo sendas parejas para sobrevivir.

Gén 7,1-3  Yahveh dijo a Noé: «Entra en el arca tú y toda tu casa, porque tú eres el único justo que he visto en esta generación. De todos los animales puros tomarás para ti siete parejas, el macho con su hembra, y de todos los animales que no son puros, una pareja, el macho con su hembra.  (Asimismo de las aves del cielo, siete parejas, machos y hembras) para que sobreviva la casta sobre la haz de toda la tierra.

4) Noé obedece dos veces al mandato divino (6,22; 7,5);

Gén 6,22  Así lo hizo Noé y ejecutó todo lo que le había mandado Dios.

Gén 7,5  Y Noé ejecutó todo lo que le había mandado Yahveh.

5) Dos veces se dice que Noé entró en el arca (7,7-9.13);

Gén 7,7-9  Noé entró en el arca, y con él sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos, para salvarse de las aguas del diluvio. (De los animales puros, y de los animales que no son puros, y de las aves, y de todo lo que serpea por el suelo,  sendas parejas de cada especie entraron con Noé en el arca, machos y hembras, como había mandado Dios a Noé.)

Gén 7,13  En aquel mismo día entró Noé en el arca, como también los hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, y la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos;

6) El diluvio comienza dos veces (7,10. 11);

Gén 7,10-11  A la semana, las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra. El año seiscientos de la vida de Noé, el mes segundo, el día diecisiete del mes, en ese día saltaron todas las fuentes del gran abismo, y las compuertas del cielo se abrieron,

7) Dos veces se narra el fenómeno del crecimiento de las aguas y la elevación del arca (7,17.18);

Gén 7,17-18  El diluvio duró cuarenta días sobre la tierra. Crecieron las aguas y levantaron el arca que se alzó de encima de la tierra.  Subió el nivel de las aguas y crecieron mucho sobre la tierra, mientras el arca flotaba sobre la superficie de las aguas.

8) Dos veces se habla de que perecieron todos los seres vivientes (7,21.22);

Gén 7,21-22  Pereció toda carne: lo que repta por la tierra, junto con aves, ganados, animales y todo lo que pulula sobre la tierra, y toda la humanidad. Todo cuanto respira hálito vital, todo cuanto existe en tierra firme, murió.

 

9) Dos veces promete Dios que no mandará otro diluvio (8,20-22; 9,9.15).

Gén 8,20-22  Noé construyó un altar a Yahveh, y tomando de todos los animales puros y de todas las aves puras, ofreció holocaustos en el altar. Al aspirar Yahveh el calmante aroma, dijo en su corazón: «Nunca más volveré al maldecir el suelo por causa del hombre, porque las trazas del corazón humano son malas desde su niñez, ni volveré a herir a todo ser viviente como lo he hecho.  «Mientras dure la tierra, sementera y siega, frío y calor, verano e invierno, día y noche, no cesarán.»

Gén 9,9  «He aquí que yo establezco mi alianza con vosotros, y con vuestra futura descendencia,…

Gén 9,15 … y me acordaré de la alianza que media entre yo y vosotros y toda alma viviente, toda carne, y no habrá más aguas diluviales para exterminar toda carne.

 

Hay además algunas divergencias entre unos pasajes y otros.

Señalemos las principales:

1) En cuanto al número de animales que debían introducirse en el arca, a veces se habla de un par de cada especie (6,19-20; 7,15-16), otras, de siete pares de animales puros (7,2-3).

2) Según 7,4.12 y 8,2b, el diluvio sobrevino a causa de una lluvia torrencial, mientras que en 7,11 y 8,2a se atribuye a la irrupción de las aguas del abismo sobre la tierra y a que se abrieron las cataratas del cielo.

3) Noé supo que acabó el diluvio por el comportamiento de las aves que había mandado fuera del arca (8,6-12.13b); según 7,14-17 lo supo por revelación divina.

4) Según 7,4.12, la lluvia duró 40 días y 40 noches; pero 7,24 dice que “150 días estuvieron altas las aguas sobre la tierra”; al cabo de los cuales empezaron a bajar. Sumando los números indicados en 8,6-7 y 8,2.10.12, se saca la conclusión de que el diluvio duró 101 días.

Otro cómputo puede hacerse partiendo de otros datos: el diluvio empezó el año 600 de la vida de Noé, el 17 del segundo mes (7,11); las aguas estuvieron sobre la tierra 150 días (7,24); a partir de este momento empezaron a disminuir (8,3b), de manera que el 17 del mes séptimo el arca descansó sobre el monte Ararat (8,4), apareciendo las cimas de los montes el día primero del mes séptimo (8,5); “el año 601, en el primer mes, el primero del mes, comenzó a secarse la superficie de la tierra” (8,13), y estaba totalmente seca el 27 del segundo mes (8,14). Así, pues, el diluvio duró desde el 17 del segundo mes del año 600 de la vida de Noé hasta el 27 del segundo mes del año 601 de Noé, es decir, un año lunar de 354 días, que con la adición de los 11 días suplementarios, se llega al año solar de 365 días.

Pero a que se deben estas divergencias? Según algunos investigadores, estas discrepancias se deben a que se han entremezclado dos relatos precedentes y se las atribuye a la actuación de las corrientes yahvistas y sacerdotales que terminaron de componer el pentateuco durante el destierro de Babilonia.

Teniendo en cuenta estos precedentes, ¿podemos afirmar entonces que el diluvio universal fue un hecho verídico y que sucedió tal como lo describe el libro del Génesis? La Pontificia Comisión Bíblica de 1909 nos da una respuesta: “se trata de una narración que refiere hechos históricos, pero con el estilo propio de una narración popular, de modo que no debe buscarse siempre en el texto una estricta propiedad científica”.

Ahora bien, según la exégesis moderna, el relato del diluvio universal, no es del todo original del pueblo de Israel, sino que se pueden encontrar ciertas analogías en los relatos babilónicos y de los antiguos pueblos mesopotámicos.

Los antepasados de Israel eran originarios de la región meridional de Babilonia, de Ur Casdim (Gen 11,28), y eran frecuentes los viajes de los patriarcas a las tierras de los mayores, sobre todo Harrán. Nada tendría, pues, de extraño que las tradiciones judaicas antiguas sobre el diluvio dependieran de narraciones transmitidas en Babilonia, aunque interpretadas y valoradas a la luz de la Revelación que Abraham y sus descendientes recibieron.

Los relatos sobre el diluvio o diluvios son numerosos en la literatura asiro-babilónica. Algunas de estas inundaciones tuvieron efectos catastróficos en vidas y haciendas, y por lo mismo, pasaron a la posteridad con caracteres de verdadera hecatombe. A medida que transcurría el tiempo, se ampliaba de tal manera el recuerdo de aquel revés o reveses locales, y se les añadía tantos elementos legendarios, que transformaron las diversas inundaciones locales en cataclismos universales, tanto desde el punto de vista geográfico como etnográfico, atribuyéndolas al designio y cooperación común de los dioses del panteón babilónico.

El poema babilónico de Gilgamesh, señala como causas del diluvio la acción combinada de las tempestades, aguas, vientos y fuegos. Beroso dice que el diluvio duró poco; Abydene habla de tres días de duración. Según Gilgamesh la lluvia arreció seis días y seis noches, mientras que el texto sumerio le señala una duración de siete días y siete noches.

Las principales semejanzas entre estos textos y el relato bíblico son:

1) Los dioses decretaron castigar a la humanidad pecadora con un diluvio

2) Dan a Umnapistim la orden de construir un navío (elippu), y le señalan sus dimensiones.

3) Umnapistim entra en el arca con su familia y animales de toda clase.

4) Umnapistim soltó una paloma, que regresó al arca.

5) La nave se asentó sobre el monte Nisir.

6) Umnapistim ofreció después del diluvio un sacrificio que agradó a los dioses.

Pero existen diferencias radicales, la mayor de las cuales es el carácter eminentemente monoteísta del relato bíblico. Además de la omnipotencia y unidad divinas, en la Biblia se pone de relieve su santidad, su justicia, su misericordia.

Por todos los datos, y diferentes hallazgos arqueológicos, se llega al acuerdo sobre la manera de explicar la tradición sumerio-acádica y bíblica sobre el diluvio como una tradición popular que recoge el fenómeno natural de una inundación en el valle del Tigris y del Éufrates.

Entonces, ¿qué debemos entender del relato bíblico del diluvio?

Para el autor sagrado el diluvio reviste una significación teológica, y no tiene como fin primario enseñar en qué consistió el hecho físico e histórico del diluvio, ni cuándo tuvo lugar ni el tiempo de su duración aunque presupone su historicidad sustancial.

A la luz de la fe monoteísta, la tradición bíblica hizo una selección de los materiales de esta herencia popular y los cargó de enseñanza moral y religiosa. Lo que se atribuía al capricho de los dioses celosos, aparece ya como obra justa del Dios único; la idea de desastre cede el puesto a la de depuración con miras a una salvación, representada por el arca liberadora.

En el capítulo 3 del Génesis se describe la situación pecadora de la humanidad.

Se hace ver cómo el pecado, después de la caída en él de los progenitores Adán y Eva, acecha, como animal tendido a la puerta (Gen 4,7), e insta continuamente al hombre que, en vez de resistirle y dominarle (4,7), se dejó esclavizar por él y se alejó cada vez más de Dios, para entregarse enteramente a los placeres de la carne.

En este estado de degradación religiosa y moral no encontraba respuesta la llamada salvífica de Dios al hombre, invitándole a la conversión, por lo que decidió exterminar al hombre pecador, pues su santidad le movía a perseguir el pecado dondequiera se hallare, y su justicia le empujaba a aplicarle un justo castigo.

Como toda la humanidad había corrompido su camino (6,12), “y no era más que carne” (6,3), y “todos sus pensamientos y deseos tendían al mal” (6,5), era lógico que pereciera en su totalidad, saneando de este modo la tierra con las aguas destructoras y purificadoras a la vez del diluvio.

Pero si la justicia de Dios exigía que se castigara al hombre esclavizado por el pecado, su misericordia le movía a que se compadeciera del que, entre tantos pecadores, fuera hallado justo y perfecto.

Y había uno solo, Noé (6,9).

Como la Historia de la economía de la salvación está sujeta siempre a la justicia y a la misericordia de Dios, también en esta ocasión, su misericordia acabó por triunfar en Él.

Por su justicia quiso Dios exterminar a la humanidad con un diluvio, pero su misericordia hizo que el castigo no fuera universal, sino parcial; que lo que en principio debía ser un castigo exclusivamente punitivo, fuera también de orden medicinal, y se convirtiera en una purificación, una renovación espiritual de la humanidad y en un compromiso por parte de Dios de no volver a maldecir la tierra por culpa del hombre (9,21).

El libro del Eclesiástico (44,17-18) resume el contenido teológico del tema del diluvio, del que habla el autor del Génesis (6,5-9,17) con estas palabras: “Noé fue hallado enteramente justo, y en el tiempo de la cólera fue ministro de reconciliación. Por él se conservó un resto en la tierra cuando ocurrió el diluvio; y mediante una señal eterna, Dios hizo con él alianza de no borrar con diluvio la humanidad”.

Tenemos en este relato entonces la expresión de la verdad que Dios quiso se consignara para salvación nuestra.

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