Toda la información del Antiguo Testamento acerca de Adán y del comienzo de la especie humana esta contenida en los primeros capítulos del Génesis. Cuando un judío pronunciaba esta palabra, estaba lejos de pensar ante todo en el primer hombre.

Hasta qué punto estos capítulos deben ser considerados estrictamente históricos es tema de fuerte debate.

Sin embargo llama la atención, el hecho de que la historia de la Creación se cuenta dos veces, en el primer capítulo y en el segundo, y a pesar de que hay un acuerdo sustancial entre los dos relatos, no obstante hay, una divergencia considerable en el escenario de la narración y en los detalles.

Hay divergencia de opinión entre los expertos en semítico cuando intentan explicar el significado de la palabra hebrea Adán, qué con toda probabilidad se usó originalmente como nombre común y no como nombre propio.

La raíz de la palabra Adán, con significado de “hombre” o “humanidad” no es común en todas las lenguas semíticas, aunque por supuesto el nombre es utilizado en las traducciones del Antiguo Testamento.

En el Antiguo Testamento la palabra se usa tanto por nombre común, como por nombre propio, y en la primera acepción tiene significados diferentes.

Así en Gén 2,5, se emplea para señalar a un ser humano, hombre o mujer:

Gén 2,5  no había aún arbusto alguno en el campo, ni germinaba la tierra hierbas, por no haber todavía llovido Yahvé Elohim sobre la tierra ni haber todavía Adán [hombre] que la labrase,

Con menos frecuencia, como en Gén 2,22, significa hombre como contrario a mujer:

Gén 2,22 De la costilla que Yahvé Dios había tomado del hombre [Adán] formó una mujer y la llevó ante el hombre [Adán].

En la Sagrada Escritura el término Adán se usa a veces con sentido individual, para indicar un hombre concreto, y concretamente el primero de ellos, y otras con sentido colectivo o genérico para indicar el conjunto de los hombres, la humanidad o especie humana, con un cierto predominio estadístico de este último.

Es típico al respecto el siguiente pasaje de Gen 5,1-3:

Gén 5,1-3 Ésta es la lista de los descendientes de Adán [nombre propio]: El día en que Dios creó a Adán [al Hombre], lo hizo a imagen de Dios. Los creó varón y hembra, los bendijo y los llamó “Hombre” [Adán] en el día de su creación. Tenía Adán [nombre propio] ciento treinta años cuando engendró un hijo a su semejanza, según su imagen, a quien puso por nombre Set.

En este pasaje vemos que el término Adán es utilizado como nombre propio y sin embargo en 5,2 se utiliza para designar a la humanidad.

En Gén 1,26-28, atribuido a la tradición sacerdotal (S), la palabra Adán es utilizada para designar la humanidad toda.

Gén 1:26-28 Y dijo Dios: “Hagamos al ser humano [Adán] a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves del cielo, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todos los reptiles que reptan por la tierra.  Creó, pues, Dios al ser humano [Adán] a imagen suya,  a imagen de Dios lo creó,  macho y hembra los creó. Y los bendijo Dios con estas palabras: “Sed fecundos y multiplicaos, y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves del cielo y en todo animal que repta sobre la tierra.”

En estos pasajes se sienta el precedente de tanto a la pareja definitiva como a su descendencia se la designará con el nombre de Adán.

En Gén 2,7; 2,8 y 2,19, se llama ‘adam (término utilizado en el original hebreo) al individuo humano masculino.

Gén 2,7-8 Entonces Yahvé Dios formó al hombre [Adán] con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente.  Luego plantó Yahvé Dios un jardín en Edén, al oriente, donde colocó al hombre [Adán] que había formado.

 

Gén 2,19 Y Yahvé Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre [Adán] para ver cómo los llamaba, y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre le diera.

También tiene sentido colectivo en Job 14,1; Isa 6,12; Os 11,4.

Job 14,1 el hombre [‘adam] nacido de mujer, corto de días y harto de pesares.

 

Isa 6,12 y haya alejado Yahvé a las gentes [‘adam], y cunda el abandono dentro del país.

 

Ose 11,4 Con cuerdas humanas [‘adam] los atraía, con lazos de amor; yo era para ellos como los que alzan a un niño contra su mejilla, me inclinaba hacia él y le daba de comer.

Sentido exclusiva y claramente individual, como nombre propio, tiene en Lev 22,5; Lev 13,2; Núm. 19,14; Prov 27,19; Lc 3,38; 1 Tim 2,13-14; etc.

Lev 22,5 o el que haya tocado un bicho o a un hombre [‘adam] y contraído así alguna clase de impureza;

 

Lev 13,2 “Cuando uno [‘adam] tenga en la piel tumor, úlcera o mancha blancuzca reluciente, si se forma en su piel una llaga como de lepra, será llevado al sacerdote Aarón o a uno de sus hijos sacerdotes.

 

Núm 19,14 “Ésta es la ley para cuando uno [‘adam] muere en la tienda. Todo el que entre en la tienda, y todo el que esté en la tienda, será impuro siete días.

 

Pro 27,19 Como el agua es espejo del rostro,  el corazón es espejo del hombre [‘adam].

 

Luc 3,38 hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán [nombre propio], hijo de Dios.

 

1Ti 2,13 Porque Adán [nombre propio] fue formado primero y Eva en segundo lugar.

En suma, el hebreo emplea la misma palabra para designar a Adán [nombre propio] y a la humanidad, en cuanto forman la unidad y la totalidad del ser humano.

Quiero dejar en claro, que a pesar de que en la Biblia muchas veces se utiliza el término Adán para designar a la humanidad, no por ello los libros más antiguos de la Sagrada Escritura consideran el poligenismo si no que siempre expresan el origen de la humanidad, tal como lo enseña la Iglesia Católica, en un solo hombre (monogenismo).

En conclusión, la mayoría de las veces en el Antiguo Testamento se utiliza la palabra Adán para designar al hombre como especie, mientras que en el Nuevo Testamento se la utiliza como nombre propio de una persona.

Lo que se desprende del presente estudio etimológico del vocablo es que el primer hombre bien pudo haberse llamado Tito, Pedro, Yandel o Daddy Yankee.

Ante cualquier duda, te pido me consultes. Aclaro que esta es una opinión personal y no necesariamente representa el sentir o el Magisterio de la Iglesia Católica.

 

 

Fuentes:
J. M. GONZÁLEZ Ruiz, Contenido dogmático de la narración de Gén 2,7, sobre la formación del hombre, “Estudios Bíblicos” 9 (1950).
G. CAitps, Los datos bíblicos y el número de primeros progenitores
Enciclopedia RIALP
The Catholic Encyclopedia, Volume I, Copyright (c) 1907 by Robert Appleton Company.
LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teología Bíblica, Herder, Barcelona, 2001.

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