Una de las primeras Biblias traducidas al español es la mundialmente reconocida versión de Reina-Valera. La primera es la traducción de Casiodoro de Reina conocida con el nombre de “La Versión del Oso” por el dibujo que ostentaba en su portada y publicada en Basilea el año 1569. Esta versión no fue muy bien aceptada de digamos por los padres de la reforma, sobre todo por Juan Calvino, dado que su autor no sabía nada de Hebreo o Griego y porque había basado su traducción en la versión latina de Santes Pagnino, monje dominico y la “Ferrariense”, del monje dominico Francisco Silvestre, italiano, de la escuela de S. Tomás de Aquino y por contener todos los libros de la Vulgata Latina Católica, no siendo bien vista por la teocracia ginebrina.

Posteriormente Cipriano de Valera tomó esta versión, “haciendo las correcciones necesarias”, cotejando la versión de De Reina con las versiones latinas más afamadas de la Europa humanista, sobre todo teniendo en cuenta textos hebreos de origen judaizante. Esta versión fue publicada en Ámsterdam en el año 1602 con las “correcciones” necesarias para adaptarla a la ortodoxia ginebrina. Se realizó una reordenación de los libros, colocando en una especie de separata del Antiguo Testamento a los libros Deuterocanónicos. Así mismo se reemplazaron algunas notas de los originales con anotaciones de la biblia calvinista francesa.

Estas versiones han sufrido con el tiempo numerosas “revisiones” donde se les han quitado los libros Deuterocanónicos y agregado notas e índices.

Actualmente la versión Reina-Valera es publicada por las Sociedades Bíblicas Unidas.

Otra versión muy utilizada por las iglesias desprendidas del protestantismo es la conocida con el nombre de Dios Habla Hoy (DHH) que es una traducción dinámica “idea por idea” patrocinada por las Sociedades Bíblicas Unidas con la colaboración de eruditos católicos en la elaboración de notas históricas y lingüísticas.

En conclusión, aunque no lo quieran reconocer, hasta para elaborar sus propias versiones, que puede leerse como interpretaciones, de la Biblia siempre han necesitado de la versión Católica de la misma y de la colaboración de eruditos católicos para realizar sus notas de estudio.

Ya lo decía el tristemente célebre padre de la Discordia, digo de la Reforma, Martín Lutero:

“Nosotros aceptamos, tal y como debemos, que mucho de lo que ellos (la Iglesia Católica) dicen es verdad: que el papado tiene la palabra de Dios y la autoridad de los apóstoles, y que hemos recibido las Santas Escrituras, el Bautismo, los Sacramentos y el púlpito de ellos. ¿Qué sabríamos de esto si no fuera por ellos?”

El Sermón sobre el Evangelio de San Juan, Caps. 14 – 16 (1537), en el vol. 24 de el libro “LUTHER’S WORKS” [Los Trabajos de Lutero], San Luis, Misuri: Concordia, 1961, p. 304.

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